17 de March de 2015 15:54

Valencia arde en Fallas, riéndose de la crisis

Las falleras de una comisión entran en la plaza de la Virgen de los Desamparados durante las dos jornadas de la ofrenda de las Fallas de Valencia. Foto: EFE

Las falleras de una comisión entran en la plaza de la Virgen de los Desamparados durante las dos jornadas de la ofrenda de las Fallas de Valencia. Foto: EFE

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Agencia AFP

Barack Obama con tutú blanco da una patada en la entrepierna de Putin, mientras el líder del partido antiliberal Podemos, Pablo Iglesias, sostiene papel higiénico con la imagen del jefe del gobierno español, Mariano Rajoy, en unas sátiras que pronto acabarán convertidas en humo en Valencia.

Estos “ninots”, unos coloridos muñecos satíricos, arderán en una gigantesca hoguera el 19 de marzo, día grande de las Fallas, una de las fiestas tradicionales más conocidas de España, que atrae a más de un millón de turistas cada año.

Fruto de un año de trabajo, los “ninots”, un gran personaje rodeado de otros más pequeños, se ensamblan para formar unos 760 “monumentos” de cartón y polietileno, que alcanzan hasta 30 metros de altura y se instalan en las calles de Valencia, cuatro días antes de ser quemados.

“Todos salvo dos, un ninot y un adulto serán indultados por el voto de los visitantes ” y acabarán en el Museo Fallero, explica Vicente Rodríguez, un joven fallero de 26 años.

Riéndose de la crisis y la corrupción, estas pequeñas escenas muestran a veces un lado más serio, como la bautizada “Soy Charlie” en homenaje a las víctimas de los atentados de París.

Muestra un lápiz amarillo que grita, con los brazos levantados y los puños cerrados, ante un bote de tinta roja tirada, junto a otros lápices que lloran o muestran su rabia.

Las corridas de toros, cuya temporada acaba de empezar, quedan en segundo plano, ante el espectáculo de estos gigantes de cartón que adornan las calles, en las que flota el olor a churros y paellas, en medio de los estallidos de petardos.

Siglo XVIII

Las primeras huellas de las Fallas se remontan al siglo XVIII. Esta fiesta, de origen pagana, está vinculada “a la primavera, cuando los carpinteros podían trabajar fuera y aprovechaban para limpiar el taller y hacer una hoguera” , relata Ximo Palomárez, responsable del Museo Fallero.

Fabricaban unos muñecos con las antorchas que los iluminaban en invierno y viejas ropas como una forma “de hacer una crítica y de ridiculizar con humor a los poderosos”, dice.

Las Fallas “son críticas y también eróticas porque desde el principio tuvieron mucho choque con las autoridades y con la Iglesia Católica que intentó prohibirlas” , añade Palomárez.

La tradición ha ido tomando una forma determinada con el tiempo. Ahora, todo empieza el último domingo de febrero con 'la despertá', en que la ciudad amanece con el sonido de los petardos, a las 7H30.

Cada día a las 14:00 y hasta el 19 de marzo, tiembla la ciudad al ritmo de las 'mascletàs', cinco minutos en los que explotan más de 100 kg de pólvora y la plaza del ayuntamiento se llena con miles de espectadores que sienten cómo estas explosiones hacen vibrar el suelo y llenan el centro con una nube blanca.

Para el neófito, es difícil entender que familias, amigos y vecinos se organicen en asociaciones, las Comisiones Falleras, para invertir, a menudo decenas de miles de euros, en la construcción de estos monumentos efímeros, las Fallas.

Este año, el presupuesto de las fiestas se eleva a 6,9 millones de euros, según los organizadores.

“Yo me lo tomo un poco como una religión, es muy devocional”, dice Vicente Rodríguez, profesor, y fallero como su padre y su abuelo.

“Es como un equipo de fútbol que trabaja todo el año para ganar la Copa de Europa”, dice, antes de añadir que “me gusta trabajar todo el año para poder quemar una falla. Luego lloro y vuelvo a empezar”.

Su asociación, al igual que otras 380, organiza o participa en concursos, desfiles, conciertos y loterías con el fin de recaudar fondos todo el año, ya que el ayuntamiento subvenciona sólo una parte de los 'monumentos'.

“Es una manera de enseñar a los niños pequeños a compartir con los demás”, añade Carmen Sancho, procedente de una de las más antiguas familias de la ciudad y elegida a los 22 años “Fallera Mayor” 2014.

Vestida, como las otras falleras, con un lujoso traje de miriñaque bordado a mano como en el Siglo XIX, desfilará el martes con otros 100.000 valencianos para depositar miles de ramos a los pies de la Virgen de los Desamparados, la patrona de la ciudad.

El jueves, tras quemar sus fallas, muchos de ellos acudirán a la plaza del ayuntamiento para ver la principal creación, un león de 22 metros de alto que simboliza la fuerza, convertirse en humo.

Por nada del mundo, Héctor Sebastiá, un fallero y soldador de 29 años, se perdería esta fiesta, candidata a ser patrimonio inmaterial de la humanidad de la Unesco.

Algunos valencianos “se van porque no les gusta. Dicen que estamos todo el día tirando petardos y borrachos. No entienden nada", concluye.

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