2 de diciembre de 2015 09:29

La urbe no ha consolidado un modelo claro de nomenclatura

La calle Rocafuerte, en el Centro Histórico, marca la división longitudinal (sur/norte) para la nomenclatura predial. Foto: Julio Estrella/ El Comercio

La calle Rocafuerte, en el Centro Histórico, marca la división longitudinal (sur/norte) para la nomenclatura predial. Foto: Julio Estrella/ El Comercio

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Evelyn Jácome y Betty Beltrán

No siempre es fácil. Hallar una dirección en el Distrito Metropolitano de Quito tiene sus complicaciones. La falta de información sobre el ‘funcionamiento’ de la nomenclatura, nombres de calles que se repiten en las zonas rural y urbana, y vías identificadas con un código, pero sin nombre, generan confusión en la ciudadanía.

Desde hace 12 años, el Distrito cuenta con un sistema de nomenclatura vial y predial que divide a la ciudad en dos ejes principales: norte-sur y este-oeste, cada cuadrante tiene letras y números y estos a su vez se complementan con la dirección asignada a los predios ubicados en determinada calle o avenida, pero hace falta mayor información.

La tarde del lunes 30 de noviembre en la calle Rocafuerte, en el centro, de 10 personas consultadas, ninguna tenía conocimiento de que esta vía marca una división longitudinal (sur-norte) en el tema de la nomenclatura; menos aún del significado de cada número y letra asignados a esa vía.

La gente desconoce, por ejemplo, que la dirección exacta de una casa, un local o un predio está en el recuadro de la placa informativa, de color verde, colocada sobre la pared de esta y otras vías de la ciudad. Las personas siguen guiándose por referencias geográficas, locales comerciales conocidos, y colores de las viviendas y otros puntos de referencia: colegios, ministerios, locales comerciales, monumentos, parques...

Según Lorena Izurieta, coordinadora de la Unidad de Sistemas de Información Geográfica del Municipio, todas las vías del Distrito están codificadas, y el 90% tiene placas (letrero). De ellas el 60% tiene nombre y código (letras y números) y el 30% solo códigos.

Pero el no saber interpretar la nomenclatura no es el único problema. La falta de nombres en algunas vías es otro inconveniente. Leonardo Cuestas, presidente de la Roldós, cuenta que hay pasajes en su barrio que aún no tienen nombre.

“Para que lleguen a mi casa les digo que vivo a media cuadra de la casa donde hay tres perros bravos”, cuenta Angelita Sucre, quien vive a seis cuadras del parque de la Pisulí, en un pasaje de tierra junto a una quebrada.

El tener los mismos nombres para vías distintas es uno de los tres problemas que genera confusión en la población cuando de encontrar una dirección se trata. Calles como la 24 de Mayo, la Sucre, la Simón Bolívar y la García Moreno son referentes no solo en el Centro Histórico. Esta última, por ejemplo, se repite cuatro veces en las parroquias rurales: Pomasqui, Calderón, Sangolquí y Amaguaña.

Hermel Sánchez, conductor de taxi desde hace 19 años, cuenta que en varias ocasiones, especialmente cuando recoge pasajeros en la noche y con tragos encima, ha tenido que hacer doble carrera, luego de trasladar a un usuario hasta un lugar, pero que resulta no es el destino correcto.

Pero ¿cuán frecuentes son esas repeticiones? Izurieta asegura que esa particularidad ocurre con personajes representativos de la historia del país. Explica que los nombres no se imponen, sino que se socializan y se trabajan con la comunidad, basándose en la Ordenanza de Numeración y Nomenclatura 160.

No obstante, señala que los nombres de las calles en la zona urbana jamás se repiten. Por ejemplo, no puede haber otra García Moreno en Quito, pero sí en parroquias suburbanas.

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