1 de febrero de 2017 00:00

Primeros pasos en el urbanismo sostenible en Quito

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Patricia Carolina González

La Conferencia de Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible (Hábitat III) no solo fue una vitrina para Quito. En la práctica también dejó una huella en el camino hacia la construcción de una ciudad sostenible .

La Mariscal fue un laboratorio de diversas iniciativas de urbanismo sostenible. Actualmente, en este barrio se comenzó a desarrollar de forma experimental el proyecto Ecobarrio, orientado a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos desde diferentes ámbitos y en el que es fundamental la participación ciudadana.

“El mejoramiento de la calidad de vida se consigue entre otros aspectos por la condición ambiental. Si tenemos la posibilidad de un barrio donde la calidad del aire, del agua, de los servicios, del espacio público es correspondiente con las aspiraciones de la gente estamos mejorando sustancialmente las condiciones de vida de sus habitantes”, explica José Ordóñez, director del Instituto Metropolitano de Planificación Urbana, ente que impulsa el proyecto Ecobarrio.

A mediados de enero se realizaron los primeros acercamientos con la comunidad, mediante reuniones con la Asamblea ­Barrial de La Mariscal. Los vecinos dieron sus ideas de cómo manejar más eficientemente la basura, por ejemplo. Febrero marca la etapa de inicio de mesas de trabajo sobre ambiente, movilidad, participación barrial, etc.

Se espera que esto sea un detonante de cambio en La Mariscal, porque es un sector muy diverso, con problemáticas variadas por la vida nocturna que discurre en ella.

De ahí que el resultado del Ecobarrio apunta a una vida óptima de convivencia ciudadana, en donde el espacio físico esté mejor presentado, los ciudadanos se conocen y los servicios están a la mano, señaló Alfredo León, administrador zonal de La Mariscal.
Avances

Otra manera en la que el Municipio ha incentivado los desarrollos urbanísticos sostenibles es a través de una herramienta de ecoeficiencia para edificaciones, impulsada por la Secretaría de Territorio en el 2016 y cuya base es la Ordenanza 172, que autoriza incrementar el número de pisos.

En este caso, la herramienta ecoeficiente está dirigida a proyectos que privilegien la reutilización de aguas servidas, garanticen el ahorro de energía y agua y signifiquen un aporte paisajístico ambiental y tecnológico para la ciudad.

Los proyectos urbanísticos deben someterse a ciertas calificaciones para que se les apruebe el incremento en el número de pisos. Además, deben desarrollarse en zonas adyacentes a estaciones del transporte público. Actualmente hay tres proyectos residenciales en evaluación, uno de ellos ya está en construcción en la González Suárez, y los otros dos en Iñaquito.

Aunque se han dado los primeros pasos hacia un desarrollo urbanístico sostenible, aún queda un largo camino por recorrer, en el ámbito de construcciones ecoeficientes.

Mauricio Moreno, decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de las Américas (UDLA), sostiene: “aún estamos muy lejos de lograr un equilibrio en la actividad arquitectónica y por tanto en la forma en que vivimos”.

A su juicio, la huella ecológica de la ciudad dista mucho de un ambiente sostenible. Es más, “una vivienda tiene 30% de componentes de madera y apenas empezamos a certificar la madera, lo que quiere decir que todavía estamos depredando nuestros bosques para construir”. Lo mismo pasa con el cemento, dice, ya que las plantas productoras tienen gran impacto ambiental, por la emisión de monóxido de carbono en su elaboración. “Gran cantidad de materiales que utilizamos ya han dejado una huella ecológica en su origen”, explica Moreno.

El nuevo campus de la UDLA fue diseñado bajo el concepto de sustentabilidad, lo que le permitió recibir una mención honorífica en la Distinción Ambiental Quito Sostenible 2016.

El ahorro energético se aplicó desde varios frentes, entre ellos el menor consumo de aire acondicionado a través de la ventilación natural y el uso de paneles solares para la autogeneración energética.

Además, el campus cuenta con una planta de tratamiento de aguas residuales y en la edificación se privilegió el uso de materiales locales.

Para fomentar el uso de medios de transporte más amigables con el ambiente, las personas que se trasladen en bicicleta o moto no pagan por la utilización del parqueadero, explicó Ronny Cifuentes, gerente técnico del Proyecto Campus UDLA Park.

En el sector privado, la empresa ENNE Arquitectura se creó hace nueve años bajo el concepto sustentabilidad. Sus oficinas, en el norte, fueron las primeras en recibir la certificación internacional LEED, que garantiza que esta construcción tiene un manejo eficiente en ahorro de agua y energía, calidad del ambiente interno y uso de nuevas tecnologías.

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