26 de November de 2009 00:00

La universidad, en la mira (2)

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Rodrigo Fierro Benítez

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Para cuando Rafael Correa llegó a la Presidencia la educación superior era el resultado de la mediocridad e incultura de buena parte de la población, incluida la clase política; de la codicia de unos tantos y del abandono en la que le habían mantenido los gobernantes que le antecedieron. El Consejo Nacional de Educación superior (Conesup), presidido por el ilustre maestro universitario, Gustavo Vega Delgado, sin apoyo político a lo que había llegado es a clausurar un engendro, la Universidad Cooperativa de Colombia, luchar para que no se crearan nuevas universidades e iniciar un imperativo: la acreditación de las universidades y politécnicas existentes: 68, entre públicas y particulares.

Yo sí creo que Correa lloró de las iras cuando se percató que la formación profesional que había recibido en una universidad de Guayaquil, amparada en el Espíritu Santo, era deficiente en relación a la que habían recibido sus compañeros europeos de posgrado. 

Es así como la experiencia personal y la responsabilidad cívica le llevaron a comprometerse en una empresa enorme: la reforma de la educación superior.  Se contaba, pues, con la voluntad política de cambio. La ‘estafa’ no podía continuar.

Con tal propósito, y como recurso del método, lo primero era definir la realidad. El Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación (Conea) procedió a evaluar cada uno de los centros de educación superior: universidades y politécnicas. 

Como resultado, el más importante, el que se esperaba: 26 de aquellas 68 instituciones debían ser eliminadas, en depuración del sistema.  Las restantes fueron ubicadas en un ‘ranking’, por categorías de la A a la D (en la E se les ubicó a las que debían ser eliminadas). Es menester señalar que las que debían correr igual suerte en el estudio de acreditación que realizó el Conesup suman 33.

Sobra decir que la polvareda que se ha armado es de horda. Desde que se supieron los resultados no hay día sin que los directivos de las universidades tachadas no informen ‘al país y a la opinión pública’ de las excelencias de tales centros de las arbitrariedades cometidas en la evaluación, la violación de derechos fundamentales; amén de golpear el corazón de las gentes con lamentos: ¡pobrecitos los profesores, empleados y estudiantes, víctimas a quienes se les niega su afán de superación y un trabajo honrado!

Pasando la frontera, en Colombia también fueron calificados y ubicados los centros de educación superior.  Se impuso la responsabilidad de gobernantes y gobernados. En nuestro caso lo peor que nos podría ocurrir es que la mediocridad, la incultura y la codicia nos lleven a constituirnos en un país sin futuro, uno de aquellos que han perdido el tren de la historia.

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