5 de December de 2009 00:00

La unidad de la familia es un gran valor

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Redacción Quito

‘Los quiteños se parecen a Jesucristo... salen de su casa a los 33 años’. Con esa frase Mercy Guerrero describe a los jóvenes de esta generación. Ella tiene dos hijos y ambos salieron de su hogar cuando cumplieron los 30.

Christian, uno de sus hijos, se casó con María del Carmen González hace poco más de un año y ambos decidieron vivir en la casa de los padres de González hasta  comprar una vivienda propia. Desde ese momento, Norma Mantilla   acogió a Christian como a  uno más de sus  tres hijos.

Para María del Carmen el apoyo que recibe de su familia es fundamental. Su madre le ayuda con la crianza de sus dos pequeños mientras ella y su esposo salen a trabajar. La vivienda, ubicada en el barrio Las Casas, se llena de personas por las tardes y noches.

Moisés, el padre de familia, y Giovanni, su hermano, llegan de realizar sus actividades diarias y se reúnen todos para la hora de la cena. Allí  pasan momentos agradables con las conversaciones de los acontecimientos del día.

La mimada de la familia es Emily.  La pequeña de ocho años es la alegría del hogar junto con su hermano Ian de cuatro meses. Mantilla se siente muy orgullosa de sus hijos, pero sobre todo de sus nietos que son ahora su razón de vida. “A los nietos se les da todo el cariño y el amor. A veces se les quiere y consiente más que a los propios hijos”.

Moisés cree que las familias quiteñas aún son muy tradicionalistas. Las casas de los padres o de los abuelos son los sitios en donde toda la familia se reúne para compartir no solo en fechas especiales sino también durante los fines de semana.

Para él, el gusto de los quiteños por mantenerse unidos viene desde hace varias generaciones. “Antes nos educaban a todos los hermanos juntos y la familia siempre estaba unida. A diferencia de otros países. Los quiteños aún conservamos las tradiciones de cariño y amor”.

Y precisamente, esas costumbres fueron las que ayudaron a Andrés Suárez  a conquistar el corazón de su novia Anita Cerón. Ambos estudian en la Universidad de la Américas. Para Cerón, los cariños y atenciones que recibe de su pareja son fundamentales para mentener su relación. “Siempre me dice piropos y tiene detalles románticos”.

Para Catherine Sandoval, estudiante universitaria, el romanticismo de otras épocas todavía no se pierde. Asegura que su enamorado le da serenatas y también le regala flores en su cumpleaños y al recordar sus aniversarios. 

Sin embargo, Julián Altamirano, ingeniero civil, asegura que muchas veces la cabellerosidad es una estrategia para conseguir que muchas chicas se fijen en él. “Los serenos y las palabras bonitas siempre les gusta a las chicas y es una manera de acercarnos”.

Él reconoce que no siempre es fiel   y que  busca nuevas aventuras. Con él concuerda Pedro Sotomayor, estudiante de comunicación. “Los cortejos y los piropos siempre ayudan para que las chicas se fijen en uno, pero siempre deben ser elogios con respeto”.

‘Los galanteos no se han perdido’

Punto de Vista  Sofía Morales/ Estudiante de Derecho

Los muchachos quiteños son muy galantes, coquetos, pero también son muy infieles. A ellos les gusta lanzar piropos en las calles,  pero no le huyen a los compromisos. Mientras que a las chicas nos agrada mucho que nos piropeen y que tengan detalles románticos. Lo que más nos gusta son los ramos de flores y una buena serenata. Afortunadamente, esas tradiciones no se han perdido aún. Mis padres siempre comentan que antes los galanteos venían acompañados de un compromiso para toda la vida. Pero ahora, el objetivo es conocer muchas personas, pero no guardar   relaciones  afectivas más profundos. Se vive el momento de la ilusión pero no se piensa a futuro o en formar un hogar. 

En esta época es más común observar la cantidad de parejas que se separan al poco tiempo de casarse. Los divorcios y los casamientos por compromisos o por que existen hijos de por medio son característicos en estos tiempos. Esto también evidencia la falta de compromiso que tienen los jóvenes frente a las responsabilidades de llevar adelante una familia. Sin embargo, nuestros padres siempre nos apoyan en todas las decisiones.

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