13 de November de 2011 00:07

‘Tuve que gastar 300 dólares en radiografías y exámenes’

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‘A mí me dieron el alta justo ese día (el 28 de octubre) que habían estado despidiendo a los doctores. En verdad tenía que haberme ido un día antes, pero como me dolía mucho la cabeza el anestesiólogo ordenó que me quedará. Los médicos que pasaron consulta el día de los despidos vieron mi informe y me dijeron que me vaya nomás.

No pude ver al médico que me había operado ni al anestesiólogo. Nadie me dio indicaciones para hacer la rehabilitación, entonces yo por el temor de que la pierna se me quede tiesa busqué a un doctor del mismo hospital, para que me ayudará con la rehabilitación al día siguiente. Encontré a uno que vivía por el sur y que me cobraba USD 10. Lo primero que me dijo cuando llegó a la casa fue que parara y tratara de caminar, y eso ha sido malísimo.

Ahora tengo mucho dolor y el doctor que me operó me dice que podría haberse movido la prótesis. Me mandó a hacer una radiografía para ver cómo estaba por dentro. Ojalá no pase nada y me recupere pronto para volver a Alausí. Yo soy de allá y vine a Quito para hacerme operar. Ya llevo varios meses andando en esto. Ahora con la silla de ruedas tengo que pagar taxi para venir al hospital, son como USD 15 desde Quitumbe, donde vive mi hijo.

Para conseguir un turno me ayudó mi hijo y otros conocidos, que viven en Quito. Él tuvo que venir varias veces al hospital, a mí también me tocó hacer, desde las 02:00 ó 03:00.

Es terrible, la gente que espera debe aguantar de todo, a veces llovía y hacía mucho frío.

El problema de mi cadera empezó hace 20 años cuando me golpeé fuertemente la pierna en un accidente de tránsito. Por eso se me fue desgastando el fémur y empecé a hacerme tratamientos y exámenes en una clínica de Riobamba, donde me dijeron que debía someterme a una operación que costaba mucho.

En Quito primero fui al Hospital Enrique Garcés, donde entré por emergencia y me pusieron una inyección para el dolor. Después de unas horas me dijeron que no podía quedarme ahí, que no me atenderían porque no había camas, y que ya tenían programadas operaciones hasta el 2012.

Luego fui al Hospital Eugenio Espejo y después pedí apoyo al programa Manuela Espejo, pero me indicaron que no era posible porque yo no tenía una discapacidad. Esos días todavía podía caminar y moverme por mí misma, aunque me ayudaba con un bastón.

A mediados de septiembre llegué al Pablo Arturo Suárez. Me hice varias radiografías y tuve que pagar de mi bolsillo: gasté USD 300 en radiografías y exámenes, sino es más. Además, debí comprar la prótesis, eso me costó como 2 300 dólares. Nada de esto cubrió el hospital”.

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