17 de diciembre, 2014 00:00

El turismo prima en la fiesta Kasama

Chamán

Con rituales chamánicos, los tsáchilas celebran la fiesta Kasama con la que despiden el año viejo y las malas energías. Foto: Juan Carlos Pérez / EL COMERCIO

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María Victoria Espinosa. 
(F-Contenido Intercultural)


Los preparativos para la fiesta Kasama (Nuevo Año en el idioma nativo tsáfiki) comenzaron. Esta es la única celebración de la nacionalidad Tsáchila, ubicada en Santo Domingo.

Para los 2 200 tsáchilas, que conforman la etnia, con este festejo termina un año, según su calendario. Se festeja en abril, el sábado de Gloria.

Para el exgobernador tsáchila, Héctor Aguavil, la fiesta perdió su esencia. Antes los rituales no buscaban agradar a los turistas sino purificar el cuerpo y el alma para recibir el nuevo año con energías. “Lastimosamente la ritualidad se perdió, porque los eventos chamánicos se volvieron políticos. Era más importante figurar en la foto, que sentir esa fecha”.

Hace 40 años, la fiesta dejó de realizarse. En abril, las siete comunas hacían un pequeño ritual en su territorio.

Pero los jóvenes de la nacionalidad empezaron a motivar a los adultos y hace 18 años se volvió a festejar. “Ya no fue igual. Primaron otros intereses”, refirió el exgobernador.

La tsáchila Rosa Oranzona coincide con Aguavil. Ella recuerda que antes era más importante preparar la chicha, llamada malá en el idioma tsáfiki, que armar carpas y colocar sillas. “Las cosas materiales no eran importantes, porque no solían ser parte del ritual. Todo se hacía en la naturaleza”.

Ahora -agrega- las bebidas típicas pasaron a un segundo plano porque es más fácil vender cerveza y al turista le gusta.

El gobernador Tsáchila, Javier Aguavil, asegura que una estrategia para no perder la cultura es darla a conocer. Por eso se realizan promociones de la fiesta. “Lo importante es que la esencia del Kasama se mantenga y recuperar las costumbres que ya no se practican”.

Una de estas es la utilización del ampú. Esta es una hierba que se masticaba en los rituales y que pintaba de negro temporalmente los dientes. El líquido de la planta servía para proteger la dentadura. En la actualidad es difícil obtenerla en el bosque de los tsáchilas.

Desde la Gobernación tsáchila se planificó una asamblea para retomar las tradiciones. Se realizará mañana.

Allí se escogerá un sitio específico para que cada año se realice la fiesta Kasama.

Según Héctor Aguavil así se realizaba hace 200 años atrás. Lo hacían en la comuna San Miguel conocida como la Pam pá. Ese era un sitio sagrado. Allí tenían un cementerio y era el lugar en el que se realizaban los juegos tradicionales después de los rituales chamánicos.

Pero este territorio ya no les pertenece. De a poco fueron perdiendo terreno. “Somos un pueblo pacífico. Cuando los colonos vinieron no pensamos que nos sacarían. Ahora incluso nos prohíben entrar al cementerio”, señaló Aguavil.

Según el Municipio nunca hubo un litigio de tierras en ese sector y por eso desconocen a quién le perteneció primero.

En contexto

En el Kasama también se cerraban acuerdos. Uno de estos era fijar el compromiso de los novios. Si el jefe supremo aceptaba el noviazgo, los jóvenes tenían un año para demostrar a la comuna que estaban listos para el matrimonio. Si pasaban la prueba se casaban en la siguiente fiesta Kasama.

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