12 de junio de 2018 00:00

En Tulcán, en Carchi, se realizará una exhumación masiva

La necrópolis José María Azael Franco, de la capital del Carchi, tiene ocho hectáreas. En 1984 fue declarado Patrimonio Cultural del Ecuador, por sus esculturas de ciprés. Foto: Deisy Garcés para EL COMERCIO

La necrópolis José María Azael Franco, de la capital del Carchi, tiene ocho hectáreas. En 1984 fue declarado Patrimonio Cultural del Ecuador, por sus esculturas de ciprés. Foto: Deisy Garcés para EL COMERCIO

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Washington Benalcázar

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Unos adhesivos con la frase ‘próximo a exhumar’ resaltan en varios nichos del cementerio patrimonial de Tulcán, en Carchi. 

La orden de retiro de los restos es para contar con espacios, ya que el camposanto solo dispone hoy de 260 espacios, entre nichos y mausoleos en la parte central, que es el único sitio libre.

Actualmente hay 16 000 tumbas, por lo que prácticamente está copado en su capacidad. Así señala Gabriela Vivas, administradora del panteón municipal, el único de la capital del Carchi.

El sitio es famoso por las esculturas gigantes de ciprés. Esas imágenes permitieron que fuera declarado Patrimonio Cultural del Ecuador, en 1984.

La notificación de exhumación se extendió a 403 tumbas, cuyos familiares no han cancelado deudas por arriendo o venta de las bóvedas, en algunos casos desde 1967.

La orden está vigente desde junio del 2018 y se extenderá hasta julio, con la esperanza de que se paguen las obligaciones.

Previamente, se realizaron las notificaciones los fines de semana, durante 15 días, a través de periódicos y radioemisoras regionales.

Eso permitió que hasta el 8 de junio del 2018 se acercaran 100 ciudadanos a cancelar por el uso de los nichos, ubicados en columnas y las tumbas que están en el piso. Es por ello que el 11 de junio la orden de exhumación se redujo a 303 sepulcros.

Los restos no reclamados se guardarán en fundas plásticas con los nombres, fechas y sitio en donde estaban sepultados.

Cuando no se ha podido ubicar a los parientes se pega una hoja sobre la lápida de la tumba, anunciando que las osamentas serán retiradas.

Hace seis años ya se realizó una exhumación masiva en el cementerio. Ahí se evacuaron 175 restos.

“Es terrible que haya personas que se olviden de sus seres amados. El cariño también se mide en la decoración de las lápidas, comentaba Concepción Martínez Obando, mientras colocaba flores rojas en la tumba que comparten sus progenitores, Isabel y Luis.

Vivas explica que el arriendo de un nicho, por cinco años, cuesta USD 67. Mientras que la venta para su uso perpetuo es 210. Para quienes prefieren construir mausoleos hay espacios de USD 400, ubicados en una zona central llamada el Parque de los Recuerdos.

Según la Ordenanza Municipal que Regula el Ordenamiento del Cementerio, se puede esperar hasta seis meses, a partir de que los cuerpos son sepultados, para que los deudos cancelen por las tumbas.

Para Vicente Almeida, dirigente del Colegio de Arquitectos del Carchi, lo que la urbe requiere es un nuevo cementerio, antes que adecuar espacio en las ocho hectáreas que ya quedan estrechas.

Recuerda que hace cinco años ya se hablaba de esta necesidad de construir otro panteón. Sin embargo, considera que es un tema pendiente. Pues, al momento, no hay un proyecto municipal al respecto, indica Vivas.

El cementerio lleva el nombre de José María Azael Franco Guerrero, desde el 2005, en memoria del artesano que confeccionó las primeras esculturas. Se inspiró en la flora, fauna e íconos de las culturas ancestrales del país.

Lucio Reina, que ahora se desempeña como fotógrafo del camposanto, elaboró una segunda parte de las esculturas, antes de retirarse como obrero del Cabildo.

En total hay 309 figuras distribuidas en el llamado Parque Altar de Dios y el Parque de los Recuerdos. A criterio de Almeida es urgente buscar un espacio para el nuevo cementerio, porque actualmente se superponen los servicios funerarios y turísticos.

Considera que el actual camposanto debería adecuarse como un destino turístico. Y otro como panteón únicamente.

El Cementerio de Tulcán es el destino más visitado del Carchi. Según la Dirección de Turismo del Municipio, en el 2017 arribaron al lugar unos 45 500 personas.

Una situación parecida enfrentan necrópolis vecinas como el Cementerio Indígena de Otavalo, en Imbabura, que mide 2,8 hectáreas.

José Morales, administrador de este recinto de propiedad de 68 comunidades kichwas, asegura que aspiran adquirir tres hectáreas más, pero requieren de USD 2,5 millones para la comprar el predio.

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