9 de July de 2009 00:00

El Trillo del diablo

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Sidney Wright

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‘Presten atención a ese joven, un día conquistará un nombre importante en el mundo”, sentenciaba Mozart, refiriéndose a Beethoven, a quien había escuchado como adolescente en Viena en 1786. Y ciertamente que dichas palabras tomaron más vigencia que nunca hace poco en Quito, con motivo de la presentación, a días seguidos, de las 10 Sonatas para Piano y Violín del ‘Coloso de Bonn’.

Desde el hecho de que Beethoven  pusiera el nombre “piano” primero  ya era revolucionario, pues hasta allí este género de música  se lo conocía básicamente como para violín “acompañado de piano”. Recordemos que, a pesar de que alguna vez el genio interpretó la viola -bastante mal, según dicen-  el piano fue  su instrumento favorito y esencial, para el cual compuso algunas de sus mejores obras.

Sin embargo de lo anterior,  pienso que en la ya  mencionada presentación en la Casa de la Música, fue el ‘instrumento del diablo’, el violín, el que se robó el show, en buena parte por la personalidad y calidad de quien lo interpretaba, el joven  ruso Ilya Gringolts.

Desde tiempos remotos, este instrumento de cuatro cuerdas y 70 piezas de madera, fabricado legendariamente en Cremona por los Stradivari, Amati y Guarneri, ha servido de acompañante a Lucifer, tanto en obras clásicas como ‘El Trillo del Diablo’ de Tartini , o en películas como ‘Las Brujas de Eastwich’ y en música  americana, como una balada de Kenny Rogers. Aun más, se decía que el famoso  violinista Paganini tenía un pacto con el mismísimo demonio. Pero nada de diabólica tuvo la presentación de Gringolts en nuestra  ciudad.  Si algo, yo más bien  la calificaría como música  celestial, pues tanto él como su acompañante al piano, Alexandar Madzar-estupendo también- estuvieron inspirados al interpretar en forma  magistral las difíciles obras, únicas en su género.

Gringolts, dueño de una impecable técnica y excelente  memoria, ya se había presentado antes en la capital ecuatoriana, interpretando las seis obras para violín solo de J.S. Bach en una sola noche. Pero lo de ahora  excedió todas nuestras expectativas pues el hecho de  disfrutar de las 10 sonatas en forma  continua  y cronológica nos permitió tener una visión única de algunas de las diferentes etapas por las que pasó Beethoven, cuya existencia misma ha sido y seguirá siendo motivo de discusión y análisis por parte de los melómanos. Dichas sonatas abarcaron alrededor de 15 años de su vida.

El culto público quiteño, que tiene gran intuición para lo notable, prácticamente  copó la sala las tres noches, luego de que poco antes también lo había hecho con  la Orquesta de Cámara de Berlín. Ahora se anuncia, para agosto, la extraordinaria soprano estadounidense  Renee Fleming: ¡que siga lo bueno!

Columnista invitado

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