28 de December de 2009 00:00

La Tricolor. Dos mundiales al hilo y un tropezón

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Redacción Deportes

Se va la década y,  con ella, la mejor etapa de la historia de la Selección Nacional de Fútbol. Fueron dos mundiales y nueve años de eliminatorias en  que la afición disfrutó  alegrías inéditas y festejó, unida, victorias sin precedentes.

Ningún evento deportivo, político o cultural (en los que siempre hay bandos) superó el impacto del gol de cabeza de  Jaime Iván Kaviedes del 7 de noviembre de 2001, con el que Ecuador empató 1-1 con Uruguay y se clasificó al Mundial de Japón y Corea del Sur 2002. Nunca antes tantos ecuatorianos  se lanzaron  a las calles a festejar por un partido de fútbol ni por nada. Desde entonces, la única institución con 13 millones de partidarios es la Tricolor.

Antes del gol de Kaviedes, casi todo era  pena y dolor con la Selección Nacional de Fútbol, sucedía lo mismo que con  Miss Ecuador: no emocionaba a las masas. Durante décadas, los fanáticos del fútbol obtenían sus escasas alegrías de los clubes, que eran como las reinas de cada ciudad, más queridas  que la Miss.

Era difícil querer a un equipo cuya máxima aspiración era no perder por goleada. Con caer 2-0 el plantel  se sentía feliz. También era  un acto de masoquismo recordar la historia de la Tricolor antes de 2001. El único equipo que estuvo cerca de asistir a un Mundial fue el de 1965. La  máxima hazaña constituyó  el gol que le robaron a Tito Larrea en Lima, en el desempate con Chile. “Nos robaron”, repetíamos con el mismo rencor de las materias escolares como historia de límites. 

El panorama dio un giro brusco  cuando el yugoslavo Dusan Draskovic llegó en 1988 a la Tricolor con su español ininteligible, su predilección por el desarrollo físico del jugador y su incansable búsqueda de talentos por el país. Draskovic  sembró la semilla. Luego, el colombiano Francisco Maturana cultivó un plantel que tenía figuras y buen toque, aunque ambos  fracasaron en su meta de clasificarse a unMundial. 

Por fin, el colombiano Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez logró cosechar. En el camino, hubo varios hitos que, como las fotos de un álbum, forman parte de la gesta: las históricas derrotas de Chile y Brasil en Quito, los bailes al estilo  ‘Escamoso’ del ‘Bolillo’,  los goles de Agustín Delgado, las jugadas de Kaviedes y Álex Aguinaga, el festejo del gol del ‘Chino’ Gómez en Bolivia,  la victoria en Lima (con el famoso ‘yeyo’ del entrenador en pleno partido), el grito de ¡”Sí se puede!” desde las tribunas y el empate con Uruguay, el clímax.

Hubo momentos difíciles, como el balazo que recibió el ‘Bolillo’ por parte de un dirigente del Santa Rita, lo cual generó una marcha ciudadana de respaldo en defensa del DT y en repudio del Partido Roldosista, al que era afiliado el agresor.

Pero fueron más las alegrías que se disfrutaron en el estadio Olímpico Atahualpa, donde casi siempre se jugó con estadio lleno. Fue un acierto de la directiva dejar a Quito como sede única de las eliminatorias.

Ecuador terminó en segundo lugar en las eliminatorias, superando a Brasil. Ganó nueve cotejos, empató cuatro y perdió cinco. El equipo consiguió 23 goles y recibió 20. Agustín Delgado fue el máximo artillero de las eliminatorias con nueve goles, en empate con el argentino Hernán Crespo.

Este resultado generó también  que los jugadores se conviertan en personajes admirados y  queridos. El mundo vio y leyó historias de superación y solidaridad en el Chota y Esmeraldas, que arrancaron aplausos. Los tricolores, además de buenos jugadores, eran gente buena.  

El Mundial 2002 en tierras japonesas  hizo trasnochar a los ecuatorianos y encariñarse con Totori, la ciudad base de la delegación nacional. Pero las derrotas con Italia y México, con la lógica eliminación en primera fase, dejaron un mal gusto.

En todo caso, Ecuador pudo retirarse con un sonado triunfo sobre Croacia. La celebración de Édison Méndez con los brazos extendidos fue memorable.

Las siguientes eliminatorias sufrieron el relevo  de timonel para la sexta fecha. Gómez, confesando que cambió   su papel de entrenador por el de padre de los jugadores, renunció. El colombiano Luis Fernando Suárez asumió el mando con un golpe de timón que hizo tragar saliva a más de un hincha: dejó de llamar a Álex Aguinaga, José Francisco Cevallos,  Alfonso Obregón y Cléber Chalá, integrantes del plantel histórico de 2002.

Suárez, tan parco que ni siquiera inspiraba un apodo, ratificó su confianza en IvánHurtado, Ulises de la Cruz, Edwin Tenorio,  Delgado y Méndez. Apostó  por los arqueros Edwin Villafuerte y Christian Mora y los volantes Antonio Valencia y Christian   Lara.

Ecuador mantuvo su racha ganadora  en Quito y repitió los triunfos sobre Chile y Brasil, a los  que agregó una remontada espectacular en la victoria por 5-2 sobre Paraguay y un contundente 2-0 sobre Argentina.

La clasificación se selló, otra vez,  con un empate 0-0 con Uruguay en Quito. Otra vez festejos nacionales. Otra vez los ciudadanos se abrazaban con la única camiseta que se puede regalar sin el riesgo de que termine relegada a un cajón del armario.

Ecuador acabó en tercer lugar, con ocho triunfos, cuatro empates y seis derrotas. Se marcaron 23 goles y se recibieron 19.

Como Suárez era fiel a su vocación de inmutable  (no bailaba ni pronunciaba  malas palabras ni celebraba los goles), no dejó muchas postales emotivas y el festejo del plantel fue en general con mesura. Pero su equipo poseyó la mayor cohesión de todo el torneo y, paradójicamente, también la mayor alegría en la cancha.

El Mundial de Alemania 2006 fue la cumbre de la Tricolor,  que se asiló en la pequeña urbe turística de Bad Kissingen. Ecuador gozó con los triunfos sobre Polonia por 2-0 y Costa Rica por 3-0, la clasificación a octavos de final y la honrosa derrota ante Inglaterra por 1-0, en un cotejo en que David Beckham anotó el gol y luego  devolvió las entrañas.

Los festejos de Carlos Tenorio, el ‘Tin’ y, sobre todo, Kaviedes con su máscara en honor a Otilino Tenorio, seleccionado fallecido en 2005) fueron el momento de máximo esplendor de la Tricolor.  También fueron los últimos festejos de un país que, gracias al fútbol, aprendió a ponerse la misma camiseta.

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