28 de November de 2009 00:00

Tres haciendas para el descanso

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Redacción Sierra Centro

Pequeños colibríes de plumas multicolores revoloteando cerca de los ventanales.   Amplios balcones donde se puede mirar  al  volcán Tungurahua,  en aquellos  en que el cielo está despejado y el calor humedece la piel.
 


Hacienda Manteles
Para recorrer el lugar  es necesario llevar  ropa y zapatos  cómodos para las caminatas por los senderos.  
El precio de la  habitación sencilla es de  USD 91 más impuestos. Incluye desayuno, cena y caminata. Reservaciones:   094 614 275.
 Aquí, el turista    también  puede practicar  canopy, canyoning y recorrer  el bosque, dominado por árboles gigantes.

En las haciendas  Leito, Manteles y Viña del Río, admirar  el coloso y  caminar  por estrechos senderos rodeados de árboles frondosos  son parte de los atractivos.  Esas históricas propiedades están ubicadas en el cantón Patate, a 40 minutos de Ambato.

En los últimos años, sus dueños  han construido bellas casas que tienen techos de teja, pisos de madera y  chimeneas en los cuartos.  El fin es  albergar a  aquellos que buscan alejarse de la oficina, del ruido citadino.

Richard Armitage es un abogado que trabaja en empresa londinense que ofrece asesoría legal  a magnates. Desde hace cuatro semanas   recorre América Latina con su esposa Sue.
 
Desde el martes se aloja en   la hacienda Leito, donde hay 28 habitaciones.  Por las mañanas va a Baños, ubicado a 15 kilómetros de Patate,   camina por los senderos que rodean la hacienda o nada en la piscina.

Al atardecer le gusta mirar al volcán y sentarse en la sala principal, junto a la chimenea. Allí,  una paila grande de bronce,  que en el siglo pasado sirvió para almacenar  jugo de caña,  está cubierta con vidrio.

Hoy sirve como mesa. También hay discos de pizarra,   muebles antiguos  y las herramientas que utilizaban los empleados  para arar las 350 hectáreas que tenía esta hacienda que data de hace más de 300 años.
 
“Me encanta contemplar el volcán y comer el  seco de chivo que preparan acá.  Quería mirar al volcán de cerca. La operadora nos recomendó ir a Patate porque está en una zona  segura”.
 
En un inicio, la hacienda perteneció a los sacerdotes  jesuitas. Luego fue entregada a familias españolas.  En el siglo pasado pasó a manos de Marco Antonio Restrepo,  conocido como el Rey de la leña.

Él entregó los durmientes para construir el ferrocarril trasandino.  En el momento, la hacienda tiene ocho hectáreas y pertenece a un grupo de socios. 
 
César Durán es  un empresario de conversación exquisita. Es descendiente de Marco Antonio Restrepo y propietario  de la hacienda Manteles, que también data de hace más de tres siglos.  Está ubicada a  cinco minutos de la hacienda Leito.

Un camino flanqueado de árboles frutales conduce a este lugar, donde verdes  enredaderas cubren la fachada.

Las paredes de las 16 habitaciones están  pintadas con tonalidades naranja, tomate, terracota… que contrastan con las vigas de madera  y los candelabros. 

En este lugar han descansado científicos de la revista National Geographic, History Chanel y actores europeos.

En 50 hectáreas se cultiva, sin químicos, maíz, habas, chochos... y se protege un bosque de 200 hectáreas donde hay 36 especies orquídeas, 150 especies de aves y árboles nativos.
 
El turista puede sembrar árboles, montar a caballo o caminar por el bosque donde se encuentra la cascada Payacucho.

En el lugar revolotean cientos de  mariposas de alas amarillas y anaranjadas.
 
La holandesa Liseth Meyer cuenta que esto le fascina. “En mi país todo es plano.  Acá  me gusta caminar descalza para sentir la hierba húmeda. Es lindo  mirar el volcán”.

En la hacienda Viña del Río, los grandes ventanales permiten admirar al coloso y las atractivas plantaciones de uva.
   
“En este lugar preparan un vino delicioso.   El clima es fantástico. Es ideal para zambullirte en  la piscina”, señala José María Pérez, un ejecutivo quiteño.
Marco Arellano es enólogo y dueño de esta antigua hacienda de 400 años, donde también vivieron los sacerdotes jesuitas.
 
Allí ofrecen vino. “Ellos enseñaron a mis ancestros a procesar la uva. Mi familia es dueña de la hacienda hace 120 años”.
 
En Viña del Río hay  22 hectáreas donde se cultiva la uva y  un  maíz grande y grueso.

Esto se usa para preparar las  humitas que se sirven a los turistas  que se alojan en las cabañas de madera de eucalipto.

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