11 de January de 2010 00:00

El trasplante de órganos en los hospitales públicos aún es limitado

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Redacción Sociedad

Una tenue luz alumbra    los quirófanos cerrados del Hospital Eugenio Espejo de Quito.  Hace ocho meses comenzó la   remodelación y el martes 5 los obreros daban los últimos retoques de pintura.

Junto a este servicio,  hace dos meses también   se abrió la     Unidad de Trasplantes.   Con   esta área, el director del Eugenio Espejo, Álex Camacho, solo espera que    se abran las salas de  operación e  “inmediatamente  arranquen los trasplantes de riñón, córneas, hígado… para   todos los  pacientes”.

No se motiva a donar órganos

En este momento, de los 127 hospitales que a escala nacional maneja el Ministerio de Salud, solamente el Vicente Corral Moscoso (Cuenca) realiza trasplantes de córneas.  En Quito, el Pablo Arturo Suárez y el Eugenio Espejo, considerado uno de los más grandes del país, suspendieron las operaciones de riñón durante 2009.
 
En el Enrique Garcés (sur de la capital), su  director, Marco Ochoa, dice que   nunca se ha realizado este tipo de  cirugías.  Además, de los siete quirófanos, cinco están cerrados por reparación.

En Guayaquil, el estatal Abel Gilbert Pontón tampoco hace trasplantes. De eso se encarga el Luis Vernaza, que no es del Ministerio sino de la Junta de Beneficencia. Un informe  que el 24 de agosto de 2009 difundió el Organismo   de Trasplantes de Órganos y Tejidos (Ontot) dice      que la mayoría de centros autorizados para trasplantar órganos está en el IESS, Policía, FF.AA. o en clínicas. 

Un segundo trasplante de hígado tuvo éxito

El subsecretario de Protección Social, Jhon Cuenca, reconoce esta realidad.  “Esto es así, en anteriores gobiernos no se hizo nada.  Pero  en este período se ha dado un gran impulso y se  tienen    logros”.

Anuncia que en 2010 se destinarán USD 10 millones para mejorar la infraestructura hospitalaria y 10 millones más para las operaciones en sí.  El año pasado, el Eugenio Espejo recibió USD 117 000 y   adquirió equipo  hospitalario para estas cirugías.

En una sala de  operación   se arma un quirófano inteligente, que por ahora está cubierto con fundas para impedir que el polvo afecte a los sistemas digitales.
“Estamos listos para comenzar el trabajo”,  señala el doctor Camacho.

En diciembre de 2006, el entonces director del Eugenio Espejo, Raúl Villacís,   firmó un convenio con la Policía, FF.AA. e IESS.
 


Ángela Viteri esperó 10 años para conseguir un hígadoLa idea era que estas instituciones se comuniquen entre sí y conozcan dónde hay donantes y dónde necesitan el órgano. Tres años después, Villacís recuerda que con este sistema se realizaron 16 trasplantes con donante cadavérico. Él dejó el cargo en los primeros días de este Gobierno y el convenio quedó sin efecto.

En el Pablo Arturo Suárez sucedió lo mismo. A inicios de 2009 se realizó la última operación de riñón. Su director, Andrés Corral, lo justifica. “Dejamos  que la tarea la asuman los hospitales de tercer nivel, como el E. Espejo”. Uno de los inconvenientes del P. Suárez es la limitación en Terapia Intensiva: tiene capacidad para cuatro camas, pero siempre están llenas. 

Por falta de capacidad hospitalaria,  Salud trabaja    con clínicas privadas.  El 21 de diciembre, por ejemplo, en el Hospital Metropolitano (Quito) se realizó la primera operación exitosa de hígado. El cirujano Franz Serpa, quien lideró el equipo médico, calcula que por cada operación el Ministerio de Inclusión Social pagará al Metropolitano unos USD 50 000.
 
En Guayaquil, Salud recurrió al Hospital Luis Vernaza y  desde septiembre  se realizan seis operaciones de riñón. En promedio, cada una cuesta USD 25 000.  
En los   quirófanos del Eugenio Espejo lo único que por ahora se escuchan  son  los  golpes  de   martillos en  las paredes. El Director espera que  el trabajo  termine a fines de enero.

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