29 de January de 2010 00:00

El transporte en bus tiene cinco debilidades para los usuarios

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Redacción Quito

La sobreoferta de líneas de buses en una misma ruta ocasiona, entre otras cosas, que los conductores de buses no puedan normalizar sus tiempos de recorridos entre los sitios de origen y el destino.

Cuando empezó el sistema Trolebús se garantizaba un tiempo de traslado de hasta 40 minutos entre El Recreo hasta la estación de La Y. Eso con el tiempo cambió, especialmente, por la invasión del carril exclusivo.

Para el usuario, también hay una debilidad en el servicio por la falta de regularidad en la llegada de los buses a las paradas (en donde existen). En ciudades como Madrid, el usuario puede saber en pantallas o por mensajes de texto el tiempo en que llegará una unidad a determinada parada. En Quito, además de falta de paradas, un bus puede tardar en llegar entre un minuto hasta 20 minutos o la llegada de varios buses a una misma estación; todos con pocos pasajeros.

La inseguridad también es una queja constante. En los buses hay desde robos, pero también inconvenientes por el estado de algunas unidades. Además, el incumplimiento de normas de seguridad vial, como dejar pasajeros en medio de la vía.

Finalmente está la comunidad. En horas pico, los pasajeros pueden ir colgados en la puerta delantera y trasera.

Seguridad

54 caídos de los buses en 2009

Carolina Sotomayor estudia Derecho y todos los días toma el transporte público desde el valle de Los Chillos hasta la Universidad Central, en el norte. Ella se quejó  por la falta de seguridad que existe en las unidades. La joven comentó que no hay control de las ventas ambulantes y que en una ocasión, unos jóvenes vendedores de caramelos la obligaron a entregar sus pertenencias. Ellos la amenazaron con cuchillo. “Hay choferes cómplices porque permiten que delincuentes se suban al bus”.

Sin embargo, ni la Policía Judicial ni la Fiscalía tienen un registro detallado sobre las denuncias presentadas  sobre asaltos o robos en unidades de transporte público. Sotomayor aceptó que tampoco denunció este hecho.

El experto en movilidad, Juan Pablo Solórzano, dijo que una de las primeras características que debe tener el transporte de pasajeros para ser eficiente es la seguridad tanto vial como personal. El experto explicó que los pasajeros no deben vivir la angustia de ser víctimas de asaltos así como  la confiabilidad de saber que llegarán sin sufrir accidentes hasta sus destinos.

Pero Alonso Chicaiza, quien ayer viajó en el bus 1437, dijo que no siente seguridad al viajar en transporte público. “Los choferes no respetan los límites de velocidad”. Ayer, esa unidad  dejó pasajeros en la mitad de la av. 12 de Octubre. En 2009, según la Policía hubo 54 accidentes por caída de pasajeros.

Tiempo

Las frecuencias son desordenadas

A lo largo de la avenida De los Shyris, en el norte, existen paradas con paneles informativos. En los carteles se señala el número de rutas que existen y  los horarios de atención de las unidades. Pero esto no se cumple.

Virgilio Romero es oriundo de Los Ríos y ayer intentó buscar información en el panel ubicado en la av. De los Shyris y El Telégrafo, pero no pudo orientarse, por la falta de claridad de los textos y de la infografía. “No se entiende nada”.

En España, por ejemplo, los usuarios de los buses pueden enviar un mensaje de texto para obtener información sobre el tiempo que se demorará una unidad de transporte en llegar a una determinada parada.

Estela Granda, empleada pública, afirmó que pierde tiempo al esperar una unidad  que la lleve desde El Trébol hasta la avenida Colón, en el norte. “Cuando tengo suerte solo espero unos 10 minutos, pero en horas de más congestión la espera puede ser de hasta 25 minutos”.

Este problema se debe, según Guillermo Abad, de Seguridad Vial, a que el transporte público en Quito es desordenado. El experto señala que no existe un control sobre el tiempo que los buses deben cumplir. Además, señaló que los conductores no respetan las paradas, menos aún las frecuencias. Según el Municipio, en Quito, existen 140 rutas de transporte que son operadas por 2066 unidades.

Tarifas

El pasaje no tiene una base técnica

La revisión de las  tarifas del transporte público es un problema que no ha sido resulto por las autoridades en los últimos siete años.

Esto representa un problema cotidiano para Ernesto Curillo, conductor de la unidad 1568 de la cooperativa Victoria. El chofer afirmó que su sueldo representa el 12% de lo que se recauda en un día de recorrido del bus. Él gana entre USD 18 y USD 19 diariamente. Curillo aseguró que en varias ocasiones ha solicitado un incremento salarial, “pero el propietario de la unidad siempre me dice que mientras no haya un aumento de pasajes eso no podrá ser posible”.

La Cámara de Transporte de Quito ha solicitado desde hace varios año la revisión técnica de la tarifa de transporte, pues sus dirigentes afirman que los repuestos de los buses también se han incrementado. 
Rosa Collaguazo vive en Chillogallo y diariamente viaja hacia El Dorado, en el centro. Ella afirma que un posible incremento del pasaje sería perjudicial para su economía. “Los buseros no tienen derecho a exigir más pasajes porque ellos nos maltratan y no dan un buen servicio”, dijo la mujer.

Freddi Paredes, experto en movilidad, señaló que sí es importante que se realice una revisión técnica sobre este tema. Afirmó que un inconveniente para que no haya un buen servicio es que la revisión tarifaria ha sido abordada políticamente.

Normalidad

Las unidades no cumplen horarios

Luis Alfredo Pilicita, conductor de la unidad 1106 de la Cooperativa Nacional, no tiene un horario determinado para cumplir con su ruta.

Él conduce desde El Camal, en el sur, hasta el Estadio, en el norte. Pilicita lleva un control del tiempo de sus viajes en una cartulina amarilla. El chofer  afirmó que en el  trayecto se demora un promedio de una hora. Sin embargo, el tiempo varía de acuerdo con el tránsito. “En horas pico el recorrido puede durar hasta dos horas, todo depende de que no haya tanta congestión”.

Juan Pablo Solórzano, experto en movilidad, afirmó que para que un transporte público sea confiable debe cumplir con la ‘normalidad’ en sus recorridos. Es decir, se debe saber con exactitud el tiempo que una unidad llega a cada una de las paradas establecidas. Esto con el fin, según el experto, de brindar un mejor servicio a los pasajeros y ahorrar tiempo y dinero.

Clemencia Narváez prefiere viajar en trolebús. El ama de casa afirma que pese a la incomodidad ella tiene una idea de cuánto tiempo se demora en llegar desde El Recreo hasta La Mariscal. “En ese viaje me demoro cerca de unos 20 minutos”.  Narváez afirmó que este último año los articulados se tardan más.

En la vía  del trolebús, por ejemplo, el incumplimiento de los horarios se debe a que los automotores invaden la vía exclusiva de los articulados y esto demora los viajes.

Comodidad

Los pasajeros sufren maltratos

Úrsula Granda tiene 68 años y tiene dificultades para transportarse en bus. La mujer, quien viaja desde Chillogallo hasta el sector del aeropuerto, utiliza muletas para movilizarse. Ayer, la mujer tuvo problemas para subirse a la unidad 757, de la cooperativa Catar.

Primero porque el bus se detuvo a  más de 50 metros de la parada establecida y el conductor la apresuraba para que subiera a la unidad. “Nadie nos tiene consideración, y además tenemos que ir apretados”, dijo Granda.

Con ella coincide Esteban Brito, estudiante universitario. El joven señaló que siempre debe viajar apretado y en muchas ocasiones incluso sentado en el motor del vehículo.

Guillermo Abad, de Seguridad Vial, afirmó que una de las premisas que debe cumplir el transporte público es la comodidad que brindan a los pasajeros. Para el experto, el  servicio público debe garantizar seguridad y confort a los usuarios. “No existe una visión empresarial en el transporte”. Y para alcanzar esta meta, Abad sostuvo que es indispensable una reorganización de las  rutas y frecuencias de los buses que circulan en Quito.

Asimismo, en el Plan Maestro de Movilidad del Distrito, también se señala que el transporte público es deficiente. Según el documento, el problema radica en que los choferes están organizados bajo un  modelo de gestión individual “que no les permite mejorar el servicio”.

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