6 de December de 2010 00:00

A los toros

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Enrique Echeverría G.

Mientras unos se deleitan en la plaza mirando la corrida de toros y aplaudiendo a los diestros; otros, el mismo día –miércoles- realizaron una numerosa marcha en Quito, repudiando la Feria. Al grito de “toro amigo, estamos contigo” recorrieron la av. 10 de Agosto emitiendo gritos estentóreos contra los toreros, calificándolos de asesinos.

Reseñando la corrida del martes, se informa que Enrique Ponce fue el gran triunfador, pues cortó orejas y rabo, que constituyen los premios máximos para una faena excelente en la que el animal sucumbe a una sola estocada. Pero la fiesta es plena de pasión. El periódico Metro – Hoy subtitula con estas palabras: “Toreros afirman que las corridas son arte y tradición. Los grupos antitaurinos visitaron al alcalde Augusto Barrera. Piden frenar esta práctica por considerarla como violencia contra los animales”, e inserta cortas entrevistas a jóvenes de entre 23 a 27 años, con criterios a favor y en contra.

Las corridas de toros son de añeja costumbre y se prolongan hasta hoy en las parroquias con los “toros de pueblo”. Hay una novela del autor Carlos R. Tobar (Relación de un veterano de la Independencia) en la que recuerda las fiestas que ofrecían los grandes hacendados y que incluían “ocho días de toros”.

El Dr. Eduardo Zambrano Zúñiga ha editado un libro con el título “Quito-fútbol-toros y algo más,” en que recuerda la plaza inicial “La Arenas de Quito”. Incluye una lista de los más destacados toreros ecuatorianos de antaño: Antonio Vallejo, Édgar Puente, Chalo Donoso, Manolo Montero, el ambateño Paco Barona y, posteriormente, los quiteños Fernando Traversari ‘El Pando’ y Manolo Cadena Torres. Igualmente, recuerda a los toreros mexicanos que debutaron en la plaza de Quito, sin olvidar a los grandes de España lidiando ejemplares de la hacienda El Pedregal de don Francisco Chiriboga Bustamante; Yanahurco, de los herederos del General Plaza Gutiérrez, Antisana, Pedregal Tambo; y más recientemente, toros de la ganadería de los hermanos Carlos Manuel y Marcelo Cobo. Contribuyeron ganaderías valiosas que importaron de España vaquillas de raza y que dieron, para la fiesta, toros de gran estampa y bravura. La corrida se completa con el concurso de ayudantes para la lidia y de jinetes con caballos especiales.

En la lidia el torero tiene ventaja sobre el animal; pero en ocasiones sufre cornadas que inclusive provocan la muerte. Una de las figuras excelsas que murió en las astas del toro fue Manuel Rodríguez, ‘Manolete’.

El autor de esta nota durante 15 años tuvo el privilegio de presenciar faenas de los más grandes toreros; inclusive guarda un vaso con la firma de El Pireo, triunfador con la ganadería del señor Paco Salvador Moral.

Siendo como es un arte que despierta grandes pasiones, parece razonable dejar en libertad a unos y otros.

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