15 de March de 2010 00:00

Tirira, un policía que no se estresa con el tráfico de la avenida Napo

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Redacción Quito 
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Aunque el sol aún no iluminaba las calles y el viento soplaba con fuerza, Pablo Tirira ya estaba trabajando. A las 05:30 del pasado viernes debía formar, con otros 199 uniformados, en el patio del Grupo de Tránsito.

Antes del parte policial, el grupo de gendarmes se arengaba con el grito: “valor, justicia y libertad”. Tirira se forma diariamente en este patio desde hace 3 años.

La vocación de Tirira por esa labor empezó cuando era un niño. Incluso de pequeño su juego preferido era policías y ladrones.



La labor de gendarme
Los uniformados  tienen
 recorridos que los llevan desde sus casas hasta el Grupo de Tránsito. A las 04:30 el bus empieza su recorrido por varios sectores de la ciudad. A las 05:30, los uniformados ya deben estar formados.
Los policías no tienen  horarios determinados para desayunar y almorzar. Cuando hay policías francos, deben doblar el turno y trabajar en el día y la noche. En el Grupo de Tránsito hay  cerca de 600 policías.

Ahora no combate delincuentes, pero, según él, lo que hace es más duro. El policía dirige el tránsito en una de las arterias más congestionadas de la ciudad durante la mañana.

A las 06:00, luego de una serie de pasos protocolarios en la institución, Tirira se sube en un bus que lo lleva hasta su punto de trabajo. A las 06:30  llega a la esquina de la av. Napo y Pedro Pinto Guzmán, en el sur de la urbe.

En el lugar hay siete semáforos que controlan el tránsito, pero durante la hora pico de la mañana quedan deshabilitados. Esto se realiza para que los agentes de tránsito sean quienes dirijan a los conductores.

El viernes, unos minutos después de que Tirira tomara posición, las filas de autos y buses empezaron a formarse. El ruido excesivo no le quitaba la concentración.

Su cuerpo y la palabra son sus principales herramientas de trabajo. Y cuando necesita reforzar una decisión recurre a un pequeño libro que contiene la Ley de Tránsito. También usa  un boletín de citaciones, unas esposas, un gas pimienta, un par de guantes quirúrgicos y una pistola.

Con mucha seriedad y sin perder de vista el tráfico, el policía, de pequeña estatura y de brazos cortos, contaba que ese sector es su sitio de trabajo desde hace 4 meses. “Es duro por la cantidad de carros, pero también es gratificante al ver los resultados de la labor que se hace”. Desde el cierre de los túneles (13 de febrero), ha visto más conductores por esta vía. Pero ni eso le estresa.

A las 07:00 del viernes, la cantidad de carros era muy grande. Las filas sobre las dos arterías que vigila el uniformado eran largas. Pero Tirira no perdía la paciencia aunque el uso del pito era excesivo y los buseros, principalmente, infringían la Ley.

A pesar de que varios buses pasaron con exceso de pasajeros, el policía no los detuvo. De hacerlo -explicó- ocasionaría más tráfico y a esa hora su labor es evacuar la mayor cantidad de carros.

El frío   no le preocupaba. El movimiento de sus brazos para detener o dirigir el tránsito lo mantenía abrigado.

Su pito no dejaba de sonar. Dos sonidos diferentes salían del silbato. Uno, el más corto, apuraba el paso de los conductores. El otro (largo y entrecortado) indicaba que se detengan.

El uniformado controlaba a los carros y a los peatones, parado en medio de la intersección. Los transeúntes hacen que su trabajo sea más complicado.

Después de las 08:30, el flujo de carros disminuía drásticamente. Quince minutos después, las luces amarillas del semáforo dejaron de titilar y se encendieron con normalidad.

A pesar del esmog , su cara permanecía limpia y sus zapatos de charol aún brillaban como a las 05:30, cuando empezó su labor. A las 09:00, el ruido disminuyó y Tirira se alistaba para continuar hasta las 14:00, hora en que finaliza su turno.

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