12 de diciembre de 2017 00:00

La tierra que sale del Metro se acopia en El Labrador

La escombrera de Oyacoto recibe en su mayoría a las volquetas que traen residuos del norte de la ciudad. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

La escombrera de Oyacoto recibe en su mayoría a las volquetas que traen residuos del norte de la ciudad. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

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Evelyn Jácome.  Redactora (I)
njacome@elcomercio.com

El Troje era el destino del 90% de los escombros que se producían en Quito, y de la tierra que salía de la excavación para construir el Metro. Esa dinámica cambió con el cierre de esta escombrera la semana pasada, luego de que uno de sus diques cediera y se produjera un derrumbe de 150 000 m³.

Las volquetas que llevan piedras, tierra y desechos de construcción y desalojos deben ir a una de las dos escombreras de menor tamaño, que están autorizadas a operar en el norte: al Semillero (en Cocotog), o a Oyacoto, (en Calderón). Aún así, con el material del Metro el proceso es otro.

Son 3,1 millones dem³ de tierra que saldrán de la construcción del Metro, lo que se traduce en cerca de 500 000 viajes.

Hasta el mes pasado, se movilizaron cerca del 50% de ese total. Buena parte de ese material es húmedo, por lo tanto, pesa más y necesita un tratamiento especial.

Por esa razón, explica Andrea González, vocera del Metro de Quito, debido al incidente ocurrido en El Troje los lodos producto de la excavación están siendo llevados por el momento a una zona de acopio en El Labrador hasta que se sequen. De allí, serán trasladados a la escombrera asignada. La tierra seca se está depositando en el parque Bicentenario, hasta nueva disposición.

Para Jorge Valverde, geotécnico de la Politécnica, usar una estación de transferencia es factible. El problema es que se debe lidiar con el clima. Como empezó la época lluviosa, la tierra puede humedecerse y tomaría más tiempo su secado.

Al momento, el Metro tiene un 50% de avance físico de la obra y 57 frentes de intervención abiertos en la ciudad. Cada día se realizan cerca de 700 viajes de volquetas y el 75% del material que se moviliza (entre estaciones y túneles) son tierras húmedas. Esos lodos no pueden ser tratados de la misma forma que la tierra seca.

Por esa razón, en El Troje se había dispuesto un cubeto especial para lodos, con paredes reforzadas y un sistema especial de drenajes que ayudaban a retirar el exceso de agua. Construirlo costó USD 140 000. Es la única escombrera que contaba con ese sistema.

Por eso, Jimmy Ramírez, morador de Cocotog, asegura que no están dispuestos a recibir tierra del Metro en la escombrera El Semillero. De hecho, parte del acuerdo para permitir el funcionamiento de la escombrera en su comuna, fue que no dispongan allí las tierras del Metro. “Nosotros ya sabíamos los problemas que podían tener, porque es tierra con agua, y las volquetas de mayor tamaño pesan más”.

El temor a los derrumbes en esa comunidad es fuerte. Hace dos años y medio, cuando allí había una escombrera ilegal, hubo un deslizamiento grave y media cancha de fútbol que habían habilitado sobre la parte rellenada, se perdió.

Pero desde que se habilitó la escombrera autorizada, asegura Ramírez, la situación es distinta porque el trabajo es técnico. Pide que haya controles y que se verifique que la compactación de los escombros sea correcta. Allí ingresan al día entre 100 y 135 volquetas.

“Si vemos una volqueta del Metro que quiere venir acá, la paramos. No lo permitiremos. No queremos que pase lo mismo que en El Troje”, finalizó.

En Oyacoto, en cambio, los moradores no se niegan a la llegada de la tierra del Metro.

José Guamán, presidente de la comunidad, dice que si se trabaja de manera técnica, no habría problema en recibir lodos. Explica que en esa zona, el suelo es muy seco y casi no llueve, por lo que la tierra húmeda ayuda a una mejor compactación. Además, evita que se levante mucho polvo.

Isabel Bejarano, presidenta de la Junta Parroquial de Calderón, aseguró que se realizará una inspección a la escombrera para ver cómo esta funcionado y cerciorarse de que se lo haga de manera adecuada para que no haya hundimientos.

El cierre de El Troje perjudicó a los volqueteros. Juan Mosquera, de 54 años, prefirió dejar de trabajar en desalojos, ya que viajar hasta Oyacoto o Cocotog le toma dos horas de ida y dos de regreso. Por cada viaje en su mula, que carga 12m³, cobra USD 45, pero debe pagar 8 en la escombrera y 8 por diésel. Si a eso le suma el gasto de llantas, aceite y del carro en general, asegura que sale a pérdida.

A mayor distancia, las llantas se gastan más. Cada neumático cuesta USD 380 y su volqueta tiene 10. Las cambia cada seis meses. Cada cambio de aceite le cuesta USD 400, y debe hacer uno cada mes.

Luego del cierre de El Troje, la cantidad de material que ha llegado a las otras escombreras aumentó. El Semillero, recibe un 11% más, mientras que Oyacoto un 24% más. Según la Emgirs, la escombrera de Oyacoto tiene capacidad técnica para disponer y secar técnicamente materiales húmedos por gravedad.

En contexto

El informe realizado por la Secretaría de Riesgos sobre el incidente en El Troje está listo y se presentará el jueves en sesión del Concejo Metropolitano, dijo Juan Zapata, secretario de Seguridad. También se conocerá el informe de la Emgirs y de la Epmaps.

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