9 de septiembre de 2016 07:27

Theresa May abre otro frente caliente: resucitar las escuelas 'grammar'

El primer ministro británico, Theresa May, pronuncia un discurso en la Academia Británica en Londres el 9 de septiembre de 2016. Foto: AFP

El primer ministro británico, Theresa May, pronuncia un discurso en la Academia Británica en Londres el 9 de septiembre de 2016. Foto: AFP

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Agencia AFP

La primera ministra británica Theresa May dejó claro el viernes 9 de septiembre del 2016 que el Brexit no monopolizará su mandato al lanzar una reforma conservadora con la que no se atrevió Margaret Thatcher: reavivar las selectivas y polémicas “grammar schools”.

“Quiero que el Reino Unido sea la mayor meritocracia del mundo, donde cada uno llegue tan lejos como se lo permitan su talento y trabajo duro”, dijo May en un discurso en que anunció su intención de revocar la prohibición de abrir nuevas escuelas de este tipo, un proyecto al que se opone casi toda la oposición y parte de los conservadores, por lo que no tiene garantizado superar el trámite parlamentario.

May prometió que los nuevos centros tendrán la obligación de captar a un número alto de alumnos de origen humilde.

Estos establecimientos educativos de secundaria pagados por el Estado sólo aceptan a los alumnos más brillantes, los que superan la revalida obligatoria que los niños británicos tienen a los 11 años. Quienes lo suspenden, o no desean estudiar en una “grammar”, van a la escuela secundaria pública normal y abierta a todos - “comprehensive school”.

Estos dos tipos de establecimientos conviven con las escuelas religiosas y las privadas o “independientes”.

Las escuelas “grammar” lograron su apogeo en los años 1950, decayeron a partir de los 1960 y el primer ministro Tony Blair laborista prohibió en 1998 abrir nuevos establecimientos.

En total, quedan en el país 163 centros de este tipo. Margaret Thatcher encarnaba el éxito de las “grammar” y su promesa de movilidad social. Hija de un tendero, logró ingresar en una que le abrió las puertas de la Universidad de Oxford y de la política y el poder, pero no hizo nada por frenar su declive, al contrario, ni como ministra de Educación ni como primera ministra.

Para sus detractores, la criba entre los niños llega a los 11 años y es un estigma perpetuo para quienes no la pasan, que además pierden el contacto motivador con sus compañeros más exitosos. Lo que habría que hacer, aseguran, es simplemente mejorar los centros públicos.

Quienes las defienden aseguran que es injusto frenar a los mejores alumnos y que los liceos públicos normales tampoco escapan a la discriminación, la de los “códigos postales”: los mejores barrios tienen los mejores establecimientos.

Pero para Michael Wilshaw, el responsable gubernamental de vigilar el buen desempeño de las escuelas, el proyecto de May pone en peligro dos décadas de progresos en la educación. “ Habremos fracasado como país si sólo logramos que el 15% o 20% de nuestros niños triunfen ” , dijo a la radio BBC.

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