19 de enero de 2015 09:11

El temor a las avionetas es frecuente en la Amazonía

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Ana María Carvajal

A Macas, a Macas!” grita constantemente una mujer, para conseguir más pasajeros. Esa escena que es común en las terminales terrestres y paradas de buses del país se repite a diario al borde de la pista de aterrizaje y despegue del cantón Taisha, en Morona Santiago.

La aérea es la vía más fácil para llegar a esta zona de la Amazonía. Las otras opciones son ir a pica (caminando por senderos de la selva) o en un viaje por tierra y por río. Este último demora alrededor de 13 horas: cinco por tierra entre Macas y Puerto Morona, y ocho por río. Puede variar según la temporada, sea seca o lluviosa.

Sin embargo, los apenas 25 minutos que toma el vuelo entre ambos cantones, no seducen a los taisheños. Sienten temor. Si se montan en una avioneta es porque el tiempo apremia para realizar compras, trámites o acudir al médico.

Basta preguntar a cualquier persona que camina por sus deterioradas calles si conoce a alguien que haya sufrido un accidente aéreo. Las respuestas no suelen demorar: “mi tío falleció en un accidente”, “la señora que trabajaba en el Municipio se salvó con las justas de morirse con su esposo y su hijo”, “el avión de doña Ubita se cayó y ella pasó en operaciones en Cuenca para curarse”.

Justamente el pasado 15 de enero se cumplió el primer aniversario del renacer de Ubaldina Camacho. La mujer sobrevivió, junto al piloto y dos pasajeros, a un accidente a segundos de haber despegado desde Macas hacia Taisha. La avioneta de Aeroregional, marca Helio Courier, cayó por “un factor indeterminado”, según la información que la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) entregó a este Diario.

La sobreviviente cree que algo falló con la aeronave, porque sintió que fue un despegue normal. “Pero luego el capitán gritó “¡emergencia, emergencia!”. El avión quería irse a pique. Él sudaba y le jalaba todo para que baje poco a poco. Yo solo me puse con Dios y perdí el conocimiento. Un ingeniero pensó que estaba muerta”, relata.

Luego, entre sueños sintió cómo el ala de la avioneta chocó contra un árbol y cayó. Ella se quedó apretada entre las dos sillas. “Mi brazo había estado safado y no podía salir. Me saqué el cinturón y ellos (los pasajeros y el piloto) me halaron”.

Tras una cirugía de columna y varios meses de recuperación en Cuenca y Macas, Camacho debió embarcarse de nuevo en una avioneta para regresar a Taisha. Solo los chequeos médicos le motivan a volar. Dice que si estuviese en sus manos, jamás volvería a hacerlo. Esta semana debe salir a Macas para la evaluación del primer año de su cirugía. Cuando lo cuenta, le tiemblan las manos y sus ojos se llenan de lágrimas. No ha hecho un tratamiento psicológico pero admite que la experiencia le ha dejado un trauma severo.

Ese fue el primero de los tres accidentes en Morona Santiago en el primer semestre del año pasado. Según el piloto Edwin Ríos, entre Macas y Taisha despegan vuelos cada 15 minutos durante el día.

El tráfico aéreo es constante y la habilidad de los pilotos es primordial para acostumbrase a volar hacia esta y otras pistas de la Amazonía sur. Mauricio Júa es el jefe político. Afirma que un contratista debía entregar a fines del año pasado una obra que incluía rehabilitación de la pista, la construcción de una terminal de pasajeros, una torre de control y el cerramiento del aeropuerto.

Sin embargo, dice que la obra está abandonada. Un comerciante que prefirió mantener su nombre en reserva cuenta que el contratista le debe a su esposa USD 3 400 por los alimentos que ofreció a los trabajadores.

La DGAC fue consultada sobre el tema por este Diario. Hasta el cierre de esta edición no envió su respuesta. Sin embargo, en un boletín de la entidad y publicado en la página web del Ministerio de Transporte y Obras Públicas se afirma que la obra debió estar lista “hasta el último cuatrimestre del 2014”.

Sin embargo, cuando ocurrió el accidente de Sarayaku, el 1 de octubre pasado, su director, Roberto Yerovi afirmó que el estado de la mayoría de pistas de la Amazonía no era competencia de la institución, por ser privadas. Pero el piloto shuar Nathale Chuint, con 12 500 horas de vuelo, considera que la institución debe chequear pilotos, aeronaves y pistas, por ser el ente regulador.

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