17 de julio de 2014 12:31

Los taxistas están expuestos a ataques violentos

FOTO: VICENTE COSTALES / EL COMERCIO

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Javier Ortega. 
Redactor (I) 
jortega@elcomercio. com

Desde hace 11 días un chofer está desaparecido. Su familia halló el auto en el norte de Quito.

Solo sintió la punta del revólver en la sien y detuvo la marcha del taxi. Los dos jóvenes lo tomaron del cuello, lo jalaron hacia la parte de atrás del auto y amarraron sus manos con los cordones de sus zapatos.

Así permaneció durante 40 minutos. En ese tiempo, los sospechosos desvalijaron el vehículo: robaron el taxímetro, la radio y USD 40 de la caja. Esos hechos ocurrieron en el sur de Quito hace siete meses, pero Luis todavía recuerda las amenazas. ‘“Métele un tiro, métele un tiro”, gritaba uno de los jóvenes mientras lo golpeaban.

Los conductores saben que a diario están expuestos a ataques, muchas veces violentos. Hace 11 días, por ejemplo, el taxista Julio A. fue agredido y permanece desaparecido. Sus familiares encontraron el carro en el sector de Carapungo, en el norte de la capital, y adentro hallaron su correa y botones de la camisa con restos de sangre.

Los allegados incluso iniciaron una campaña en Facebook en la que piden ayuda. Hasta ayer, 1 504 personas compartieron la fotografía del conductor en esa red social. En la asociación Desaparecidos en Ecuador ya se conoce este caso.

Luis relata que rogó a los sospechosos para que no le hirieran. Era su última carrera y en su mente solo tenía la imagen de sus dos hijos pequeños. Antes de huir, los sospechosos se llevaron la llave y dispararon dos tiros al aire. “Me perdonaron la vida”, admite el chofer.

Uno de sus compañeros también asegura que tuvo suerte. Dos muchachos ‘enternados’ subieron a su unidad en la avenida Occidental, a la altura del Hospital Metropolitano, y pocas cuadras después lo atacaron. Amarraron sus manos con un cable y lo abandonaron en Lloa, en las afueras de Quito. Al día siguiente, la Policía encontró el vehículo desvalijado en el sector de Conocoto.

Ayer, el Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana (OMSC) remitió a este Diario datos sobre delitos y violencia en el la capital.

En el informe se dice que entre enero y junio de este año se registraron 3 339 denuncias de robos a personas. De esa cifra, el 26% de los casos ocurrió dentro de un vehículo.

A Miguel, otro chofer quiteño de 60 años, le asaltaron dentro de su carro en febrero del año pasado a la 01:30. Recogió a dos jóvenes en la avenida De la Prensa (norte de la ciudad) y los llevó hasta la calle Machala. El recorrido duró 3 km.

Los sospechosos le pidieron que se estacionara junto a una cancha de fútbol barrial. Cuando lo hizo, el copiloto sacó un cuchillo. “Yo nunca me puse a pensar qué podía pasar con el otro hombre que iba atrás. Solo sentí unas cosquillas en la garganta y vi otro cuchillo”, relata .

El martes, él y otro grupo de taxistas que trabajan en el noroccidente de la capital comentaron sus experiencias con asaltantes de las unidades.

Miguel recuerda que esa madrugada se le heló el cuerpo. Lo único que hizo fue levantar los brazos y permanecer inmóvil en los segundos que duró el ataque. Los dos jóvenes le quitaron su celular y los USD 40 que ganó con otras carreras.

taxi

Uno de sus colegas lo interrumpe y narra su “mala experiencia”. Cuenta que hizo una carrera a dos mujeres en La Mariscal (en el norte de la capital). Dos kilómetros después, los “novios” de las muchachas se subieron y le pidieron que les llevara a la plaza Santo Domingo (en el Centro). Allí una de las chicas le clavó una navaja en la garganta mientras el resto robaba el dinero y otros bienes.

No son hechos aislados. El mes pasado, unos 200 taxistas recorrieron la vía Portoviejo-Manta. El gremio exigió a la Gobernación de Manabí más seguridad. La caravana se organizó una semana después del asesinato de uno de sus compañeros, José Moreira, de 62 años.

El conductor recibió un disparo por la espalda mientras llevaba a un pasajero. Tres días después, los investigadores detuvieron al sospechoso, un policía en servicio activo que luego fue dado de baja.

Los agentes indicaron que la captura se logró porque el taxi de la víctima tenía instaladas dos cámaras de vigilancia del proyecto denominado Transporte Seguro, de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT).

Luis y los otros conductores consultados por este Diario no tenían esos dispositivos cuando les asaltaron. Ahora que los tienen dicen que “sienten más tranquilidad” y creen que es una medida que ayuda al gremio.

Hasta abril pasado, la ANT equipó a 49 124 taxis y buses del país con el kit de seguridad. Desde el 2012, cuando se inició el proyecto, hasta mayo de este año se atendieron 1 500 auxilios a escala nacional. Además, con base en las grabaciones, la Policía identificó y capturó a 206 sospechosos de delitos

César Navas, director general del ECU 911, en una entrevista con este Diario señaló que estos dispositivos han permitido reducir la impunidad.

Aunque hay temor, los conductores agredidos dicen que no pueden dejar de trabajar. Luis, por ejemplo, volvió a las calles un día después del robo. Condujo durante 15 días con gafas de sol porque tenía uno de sus ojos morado.

Miguel no esperó ni 24 horas. “Si dejo esto, ¿quién me va a dar trabajo por mi edad?”, pregunta el conductor.

¿Qué experiencia les dejó estos hechos? Los conductores lanzan el mismo mensaje: “Ahora no nos exponemos. A veces entregamos la vida por unas cuantas monedas...”.

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