15 de April de 2011 00:00

Tanguarín

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Las faldas del cerro Imbabura son hermosas. Allí se extienden campos de cultivo, bosques y poblaciones. La tierra es generosa, el paisaje digno de admirarse y el clima benigno. Muchos dan gracias de poder vivir y trabajar allí. Pero a veces, sobre todo con la descontrolada explotación de las canteras, las lluvias torrenciales traen aguajes y derrumbes, que cargan con todo lo que encuentran, casas, gentes, sembradíos, puentes, vías y acequias.

Hace unos días, varias poblaciones asentadas en la falda del Imbabura sufrieron los efectos del duro invierno y vieron arrasadas sus viviendas, caminos y chacras. Y lo que es más, hubo también efectos fatales en las personas que, no por coincidencia, son de los más pobres. Varios lugares de Angochagua, La Esperanza, Caranqui y San Antonio de Ibarra y otros fueron afectados. Ante la desgracia, se ha anunciado que la ayuda está en marcha, pero el daño ya quedó hecho, y sus efectos van a durar años.

Uno de los lugares más afectados ha sido Tanguarín, un poblado perteneciente a San Antonio, que se ubica entre la cabecera parroquial y los suburbios de la ciudad de Ibarra. La furia de los elementos ha dejado varios muertos, ha destruido casas, ha hecho desaparecer sectores enteros y ha dejado intransitables varias vías.

Tanguarín es una comuna de gente mestiza. Surgió hace ya muchos años. Creció a la vera de la línea del ferrocarril, pero ahora que ya no está el tren, crece todavía más rápido. Tiene un maravilloso asentamiento y excelente clima. Está poblada por gente trabajadora, que se dedica a la agricultura, pequeño comercio, servicio público, entre otras. Pero sobre todo sus habitantes son artesanos; por cierto muy hábiles. Algunas de las tallas en madera de mayor calidad que se encuentran en San Antonio son obra de artesanos y artesanas de Tanguarín.

Y esa no es su única destreza, porque hay también competentes productores de otras artesanías que se han abierto campo en los mercados nacionales y mundiales.

Lo primero que debemos hacer ante la tragedia es preguntar cómo podemos colaborar para que las personas afectadas tengan apoyo inmediato. Las pérdidas son a veces irreparables, pero la presencia de la gente y las contribuciones, grandes o pequeñas, ayudan. Por mi parte, espero conocer las alternativas de apoyo.

Pero la desgracia no debe ser solo enfrentada, sino también superada. Por ello, esta es una ocasión para que la tragedia pueda transformarse en oportunidad para la gente. Comprometamos a los medios de comunicación, que tanta cobertura han dado al desastre, para que también promuevan el trabajo de la gente de Tanguarín, que no solo es un centro de producción, sino también de turismo. Con ese empujón, Tanguarín saldrá adelante y volverá a florecer como población y grupo humano. Debemos estar seguros de ello.

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