5 de octubre de 2015 14:10

Tambillo, de luto por la muerte de dos chicos de 21 y 23 años que se estrellaron en una moto

Familiares y amigos despidieron a los chicos que fallecieron en Santa Rosa. Foto: Eduardo Terán/El Comercio

Familiares y amigos despidieron a los chicos que fallecieron en Santa Rosa. Foto: Eduardo Terán/El Comercio

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Evelyn Jácome

Los dos velorios fueron a menos de 500 metros de distancia, en el mismo barrio. Las calles de Santa Rosa Alta de Tambillo, sur oriente de Quito, lucieron desoladas este lunes 5 de octubre del 2015. Afuera de dos viviendas se levantaron carpas blancas para velar a los dos jóvenes que perdieron la vida la noche del sábado, en un accidente mientras viajaban desde Machachi hasta Tambillo.

Freddy Asqui, de 21 años y Daniel Jácome, de 23, eran amigos desde la infancia y fallecieron luego de impactarse contra un camión en la Panamericana Sur, en San Alfonso. Los dos jóvenes y Darío Espinoza, un tercer allegado, viajaban en una motocicleta.

El accidente ocurrió el sábado, aproximadamente a las 20:00. Los tres jóvenes transitaban por una zona que, según los vecinos, es oscura y no tiene buena señalización.

Según Alejandra Caiza, teniente político de Tambillo, al parecer había un camión estacionado en el carril derecho de la vía, pero los jóvenes no lo vieron y lo impactaron por detrás.

El conductor de la moto y quien viajaba detrás fallecieron de inmediato. El tercero resultó herido y fue trasladado a una casa de salud. Caiza contó que el conductor del camión fue detenido mientras duran las investigaciones. Supuestamente no tenía luces de parqueo.

Usualmente los amigos se movilizaban en la moto, pese a que ninguno de ellos tenía licencia para manejarla.
Los tres crecieron en esas calles polvorientas por donde hoy, sus vecinos caminaban llevando rosas, que dejaron junto a los féretros de dos de ellos.

En la pequeña sala de la casa de Freddy, unos 15 familiares lloraron su partida. Vicente Asqui, de 58 años, su padre, cuenta que no saben con claridad lo que ocurrió. “Solo sé que tenía ocho hijos y hoy solo me quedan siete”, dijo, sin contener el llanto. Su hijo mayor tiene 33 años, el menos 13. De todos, el más alegre, fue Freddy.

El joven trabajaba desde hace 15 días, en Otavalo. Era soldador. Terminó de estudiar el ciclo básico en el Colegio Nacional Cutuglagua. Y empezó a ayudar a sus padres a mantener la casa.
Sentada junto al féretro estaba una muchacha de 18 años.

Miraba hacia abajo y solo levantaba el rostro para secarse las lágrimas. Era la esposa de Freddy. La semana pasada cumplieron un mes de matrimonio.

Los Asqui son oriundos del cantón Sigchos, Cotopaxi. Llegaron a Quito hace 15 años en busca de una mejor educación para sus hijos y de trabajo.

La última vez que estuvieron en contacto con Freddy fue el sábado a las 19:00. Habló con su padre y le dijo que estaba en un bar, en Machachi, con sus dos mejores amigos y que en unos minutos salían para la casa.

Habían consumido unas cervezas. Era el dueño de la moto en la que se accidentaron. Freddy venía al volante; detrás suyo viajaba Daniel Jácome.

Mercedes Chimarro, de 49 años, tía del Daniel, cuenta que a las 08:40 les avisaron que los tres amigos se habían chocado. Los familiares acudieron al lugar del incidente, pero ya se habían llevado los cuerpos a Medicina Legal del Cantón Mejía. “Nos dijeron que uno había sobrevivido. Le pedíamos a Dios que fuese nuestro Daniel, pero no fue así”, recuerda.

El joven tenía cuatro hermanos. Trabajaba como ayudante de pintura hace cuatro meses en Calacalí, norte del Distrito Metropolitano, por lo que desde junio se fue a vivir por ese sector.

El joven estudió hasta sexto curso en el colegio Ismael Proaño Andrade. Su cuerpo será enterrado el martes 6 de octubre, a las 14:00, en Tambillo. La familia tiene un solo pedido a las autoridades: Que se haga justicia. “Nos sentimos impotentes porque no conocemos de cerca los hechos. Por favor, que investiguen. Son dos seres humanos los que perdieron la vida, no dos perros”, dice Mercedes.

El tercer pasajero de la moto está hospitalizado y su situación es delicada. Darío Espinoza, de 28 años, sobrevivió al choque, pero según cuentan sus familiares, no recuerda nada de lo que ocurrió. Yadira Cóndor, cuñada del muchacho, señala que debe someterse a una cirugía de paladar debido a las fracturas que recibió luego del impacto. “Solo recuerda que habían estado en un bar. Luego su memoria se borró”.

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