11 de febrero de 2016 00:00

El taller San Andrés se despide tras 23 años

Las salas de exhibición han sido adaptadas para la venta de productos elaborados por alumnos y profesores en la escuela. Esto permitirá reunir fondos para la liquidación. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

Las salas de exhibición han sido adaptadas para la venta de productos elaborados por alumnos y profesores en la escuela. Esto permitirá reunir fondos para la liquidación. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

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Érika Guarachi

La escuela de artes y oficios San Andrés afronta una doble pérdida. Este año ya no recibirá alumnos y deberá abandonar la edificación en la que se formaron durante 23 años varias generaciones de maestros artesanos.

A fines de febrero la edificación que funciona a un costado del antiguo Hospital Militar ya no se usará para dictar talleres de mecánica, jardinería y manejo de viveros, cocina tradicional, construcción civil, carpintería y ebanistería.

Fotografías colgadas en las paredes de uno de sus pasillos recuerdan cómo encontraron a la edificación en 1992. Sufría graves afectaciones: paredes cuarteadas, pedazos de cemento faltantes, puertas y pisos de madera desgastados y las ventanas desgoznadas.

Seguramente estos recuerdos también están en la memoria de sus primeros alumnos, quienes pusieron sus conocimientos aprendidos en los talleres para restaurar los pisos, paredes, puertas y ventanas. Ahora incluso es un destino turístico. El color blanco de su fachada la hace lucir imponente, sus jardines bien cuidados y los pisos y puertas bien tratadas llaman la atención de quien lo visita.

Quienes sin duda sentirán su ausencia son los jóvenes a quienes iban dirigidos los talleres. Esta era una alternativa a la educación formal y la posibilidad de obtener un empleo en un menor tiempo.

Obras realizadas por los alumnos del taller de San Andrés. Foto: Paúl Rivas/ EL COMERCIO

Este programa significaba mucho más que una opción educativa y laboral ya que los potenciales maestros artesanos, jóvenes entre 15 y 22 años, sobrellevaban dificultades como embarazo adolescente, algún problema de adicciones o problemas de aprendizaje. Esto lo cuenta Darío Pazmiño, miembro liquidador y funcionario del Instituto Nacional del Patrimonio.

Pese a esas situaciones adversas, los jóvenes aprovecharon los talleres y el grado de deserción fue mínimo, informó el funcionario. Entre el 2011 al 2015 se contabilizaron 20 jóvenes que desistieron de sus estudios, frente a los 180 que se graduaron.

En el proceso de formación los jóvenes eran becados por sus calificaciones. Gozaban un fondo de herramientas en la que se ahorraba mensualmente (entre USD 11 y 15) para que cuando se graduaran tuvieran los implementos para trabajar.

Luego de tres años y las evaluaciones respectivas, los alumnos eran declarados maestros artesanos, certificados por la Junta Nacional para la Defensa del Artesano.

El seguimiento de los alumnos tras su graduación fue difícil porque algunos se fueron a trabajar a otras provincias. En un estudio previo que refirió Pazmiño, un 65 % de los maestros graduados encontraron trabajo. “Algunos abrieron sus propios talleres, hay quien tiene su local de comida tradicional y le va muy bien”, dijo.

Hasta el 2012, la escuela funcionaba con fondos internacionales no reembolsables de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y del Estado ecuatoriano.

En ese año la Aecid comunicó que dejaría paulatinamente de apoyar por la crisis financiera que afrontaba. En un inicio se dijo que en el 2012 se entregaría el 100% de recursos; en el 2013, el 75% y el 2014, el 25%. Sin embargo, los fondos ya no llegaron nunca más.

El Instituto Nacional del Patrimonio asumió el financiamiento hasta el 2015. En febrero del año pasado se les notificó que estos recursos ya no se extenderían para el 2016.

Se buscó el apoyo de instituciones y empresas privadas y hubo un compromiso de capital por USD 100 000, pero para su funcionamiento se necesita de USD 400 000 por año.

La liquidación es inevitable. El acto final es la venta de las obras (esculturas, muebles, vidriería, juguetes...) y el cierre de una opción de vida.

Patrimonio 

La falta de fondos sentenció a la escuela de artes y oficios ubicada en San Juan

En contexto

La falta de recursos para este año determinó el cierre de la escuela taller San Andrés, que recibía ingresos por parte de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid) y del Estado. La Aecid dejó de entregar recursos en el 2012.

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