18 de January de 2010 00:00

En Tababela hallan un cementerio

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Redacción Cultura

Los arqueólogos María Aguilera y Stefan Bohórquez levantan con cuidado la tapa de una caja de madera, que mide alrededor de 1m x 50 cm. Allí aparece un pequeño esqueleto, entre  una porción de tierra, la misma que le rodeaba cuando fue descubierto.

“Pertenece a un niño de unos 9 años”, dice Aguilera, directora del proyecto arqueológico. “No es usual encontrar restos con las costillas intactas, pero este las tiene”, añade Bohórquez, coordinador de campo.



Sobre el trabajo
El equipo de expertos estuvo integrado por paleontólogos, geógrafos, historiadores, químicos, geólogos, un entomólogo (estudia escarabajos), ingenieros civiles, arquitectos, y otros.
Los arqueólogos que han trabajado en esta investigación desde 2002, hicieron un programa de laboratorio. Hay además una propuesta de museo y difusión de los resultados.
Todos los objetos y restos están protegidos. Tienen su código, registro de depósito, nivel y unidad en donde fueron hallados.Este esqueleto es uno de los cerca de 400 hallados en el sitio donde ahora se construye el nuevo aeropuerto, en Tababela, al nororiente de Quito. Algunos esqueletos estuvieron completos, otros ya eran polvo y  quedaban solo sus dientes.

“El tipo de sitio es funerario. Un 30% de los restos estaba en tumbas simples (solo los cuerpos) y lo demás, en pozos de 1,5 m, 3,5 m y hasta 12 m de profundidad”, cuenta Bohórquez.

Además, se encontraron vasijas de diversos tamaños, piezas afiladas de obsidiana, piedras para moler el maíz, entre otros. Los restos y objetos están registrados y guardados en una casa expropiada, a unos 2 km  de la nueva  pista.

Aguilera y Bohórquez encabezaron el grupo de técnicos que trabajó en la denominada Llanura de Caraburo, desde 2002, contratados por la Empresa Municipal Aeropuerto y Zona Franca de Quito (Corpaq).

El equipo halló los vestigios arqueológicos en las 1 500 ha de un suelo compuesto por arena y ceniza volcánica. El trabajo fue complejo. “Todo estuvo georreferenciado, se establecieron líneas con coordenadas del lugar y con base en eso se realizaron, en prospección, los pequeños orificios en el suelo”, dice Aguilera.

La prospección -explica la experta- es “una excavación de hoyos pequeños (pruebas de pala) y medianos (pozos de sondeos). Allí se identifica si existen evidencias arqueológicas, que se van diferenciando por el color más oscuro del suelo y por la presencia de fragmentos cerámicos”.

Los resultados de carbono 14 de las muestras enviadas al laboratorio Beta Analytic, en Miami, con autorización del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), revelaron que los restos datan del siglo V y XII d.C. La mayor cantidad de cerámica prehispánica pertenece al grupo Chilibulo-Chillogallo.

Además, uno de los descubrimientos más importantes surgió de la coloración roja, blanca, gris y negra de algunos huesos.

Los vestigios fueron analizados por el INPC. Según un informe de mayo de 2009, esa pigmentación corresponde a la cochinilla, invertebrado parecido a un hongo, que vive en la planta de tuna. “Es un pigmento orgánico, con el cual evidentemente los habitantes pintaron sus cuerpos. Con su muerte, el tinte se impregnó en los huesos”, dice Aguilera.

Las técnicas forenses Paola León y Angélica Guzmán, en cambio, analizaron 91 esqueletos. En su informe indican que el 21% corresponde a una edad de entre 25 y 35 años, con una estatura de 1,50 a 1,59 cm.

Para José Luis Román, paleontólogo de la Politécnica Nacional, uno de los hallazgos importantes fueron los fósiles de conejos y ratones. “Registramos conejos de la última era del hielo (20 000 y 25 000 a.C.), pero lo más valioso fueron unos dientes de ratón, de la misma edad, que no se había registrado antes sino solo a nivel del mar y en el Caribe”.

Asimismo, se encontraron huesos de lobos de páramo, ciervos y dientes de caballos y paleollamas (llamas de mayor tamaño que las actuales).

Según la Corpaq, esta institución ha invertido en la prospección, rescate y monitoreo arqueológico en la zona del nuevo aeropuerto un monto aproximado de USD 1 856 000, desde 2004. El proyecto arqueológico ahora lo asumirá el Fonsal. Esta transferencia tiene el visto bueno del INPC, según indicó la Corpaq a este Diario. Mientras este proceso continúa, restos arqueológicos aún siguen bajo tierra, pues en la actualidad faltan por rescatar seis sectores.

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