1 de April de 2010 00:00

‘Su sueño era quedarse en Ecuador’

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Redacción Judicial  

‘La muerte de mi hija    Charlotte (Mazoyer)   entristeció  por  completo a mi  familia.

No puedo borrar de  mi mente   la  llamada que recibí en mi teléfono el 13 de septiembre, a las 07:00 (hora de Francia).  Era Yulí Bastín, amiga de  Charlotte. Me confirmó que ella    había muerto  luego de varias horas de  permanecer  herida en un hospital de Quito.



Charlotte  primero aprendió a hablar  inglés y no francés. Esa   fue una verdadera anécdota. No podía creerlo. Pocas  horas antes,   Charlotte  me  envió un correo electrónico donde decía que estaba  bien y  que en Guápulo -sector donde  vivía y en donde  fue asaltada- había un  festival. Iba a  encontrarse   con unos  amigos y luego  tenía planeado  ir a  un hotel para  tomar   vino.

Nunca  imaginé que la noche del 12 de septiembre    unos desconocidos  la  atacarían y le dispararían a quemarropa.  

Charlotte era la segunda de mis cuatro hijas y desde   pequeña dio sorpresas.   A los seis meses de nacida   la  llevamos a California, en EE.UU. Viajé a ese país para  seguir un Phd en matemática.

Charlotte  aprendió a hablar  inglés antes que el francés. Esa  fue una verdadera anécdota  para  mí y mi  esposa, Elizabet. En   California vivimos dos años.  



Nunca le gustó la matemática, pero amaba las flores y la naturaleza. Mi hija siempre fue  muy  rebelde, pero en  buenos términos. Recuerdo que cuando   estaba en el colegio  no debía matricularse en tercer curso, sino en  segundo, porque estaba mal en matemática. Ella no conversó   con nosotros, se fue   al colegio  y pidió la  matrícula directa   para tercer año.

No le gustaban los números, pero  en el bachillerato    se vio  obligada a   escoger una materia final   para aprobarla  y optó por las    matemáticas. No sé cómo,  pero pasó ese examen.   Su pasión siempre fueron  las flores.  Por eso, en la Universidad   de  Normandía, en donde creció en Francia,  estudió Biología y se tituló. Luego se empeñó en obtener un masterado.

Viajó  a Australia para investigar una especie de gusanos,  pero le pareció   aburrido. El Instituto de  Investigaciones  para el Desarrollo   de Francia (IRD) le ofreció que viniera a Ecuador y  no lo pensó dos veces. Comenzó a estudiar al gusano  de la papa ecuatoriana.

Esa investigación  quería incluir en la tesis de masterado.  Lo que más le emocionaba eran    las flores que  crecían  en   las faldas de los volcanes.  Por eso  decían que   era vulcanóloga, pero no lo era.



Cuando llegó a Quito   estudió  al gusano  de la papa ecuatoriana. En una ocasión   nos  indicó   que  estaría aquí    únicamente   seis meses, pero se quedó para siempre en este país. En París   solo   pude recibir  sus restos, que llegaron el 19 de septiembre.

La última vez que la vi    personalmente  fue  en  mayo del 2009.   En ese mes  llegó a Francia, para la boda de una prima. Pasó allí más de un mes.  Recuerdo que hicimos una competencia en la cocina, porque  esa era nuestra pasión.

Ella preparó  cebiche de camarón y, yo   encocado de pollo.  Me salió  bien y me gustó.  Esos platos se  los enseñaron los ecuatorianos.         

Fueron  días muy lindos, pero se regresó   a Ecuador y nos escribíamos  cada semana. En  el último correo electrónico,  enviado  minutos antes del asalto,   dejó notar su felicidad porque   el  director del instituto donde  trabajaba le dijo que   consiguió  una visa para  permanecer en el país dos años más. Su sueño era quedarse en  Ecuador.  Esas  tres personas que  conocí  (los responsables de su muerte)  apagaron su  ilusión. 



Horas antes de que la asaltaran y asesinaran,     Charlotte    envió un correo electrónico.
Bernard Mazoyer
Padre de CharlotteFue un ‘shock’   verlos  frente a frente en la audiencia de juzgamiento en Quito (el 30 de marzo). No me lo esperaba.  Estábamos a tan solo   dos   metros de distancia. En Francia eso no sucede. Las salas  para las diligencias son muy amplias y  prácticamente no  existe   contacto   con los  denunciados. 

En un inicio estuve muy mal y nervioso, pero al mismo tiempo muy molesto por lo sucedido.

Luego me tranquilicé  y  en ese momento  recordé    las horas  de angustia  que  pasamos esa madrugada, cuando recibí la primera llamada  que me decía que  mi hija estaba herida. 

Luego  las llamadas ingresaron una tras otra. Me  indicaban cómo  estaba su  estado de salud.   En cambio  yo  constantemente   me   comunicaba   con mi esposa y le pasaba  reportes.

Ahora  sucedió  lo mismo.   Mientras  la audiencia se llevaba a cabo  permanentemente  mensajeaba    a los celulares de   mi familia en Francia.  Les decía ya comenzó, que  ahora habla el juez,  que   ya intervino la otra parte.

Cuando  finalmente   el Tribunal halló culpables a los tres detenidos  envié varios mensajes y  todos se pudieron  bastante  alegres. 

La mamá de Charlotte solamente señaló: ‘Por fin,  ahora ya puedo  estar muy    tranquila’.

Camille,  Fanny y Garance  son las tres hermanas de  Charlotte. Todas  estaban pendientes de lo que pasaría en esta    diligencia judicial. Camille es la primera de la familia,  vive en Bogotá y ahora es más unida a  todas.   

Lo  que me  ha sorprendido  y nos deja satisfechos es que    la investigación se hizo en pocos meses. La Policía  detuvo  a   tres personas y  establecieron la culpabilidad.  En Francia,  este  proceso se cumpliría  por lo menos   en 18 meses.        

Estoy agradecido  por esto.  Lo único que pido es que se establezcan las penas más fuertes para los culpables de la muerte de mi hija. Creo que ningún  padre   está preparado para  afrontar   la  muerte  de un hijo o una hija. La mía solamente vivió   27 años.

Tenía muchas ganas de seguir con sus proyectos en Ecuador.  Amaba mucho al país y    aprendió, por ejemplo,  a querer la música  andina y el reggae.  No le gustaba  la música clásica   ni el rock.  Ella amó a Ecuador y aquí se queda.  

En su computadora  hallamos  música y fotos  con sus amigos que   se tomó  antes de morir. Hay  otras   captadas antes con sus hermanas, en la playa,  en los Andes.  Es todo un archivo.

Estos son los recuerdos que ahora quedan de mi hija.   Como ella amaba   las flores   ecuatorianas, ahora en la casa de Francia     siempre tenemos  rosas. Será nuestra  forma  de recordarla”.

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