19 de December de 2009 00:00

El ‘sueño americano’ termina para los ecuatorianos en EE.UU.

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Olga Imbaquingo. Corresponsal en Nueva York

Hace cinco años, en EE.UU.,  el “sueño americano” de tener casa propia estaba al alcance de todos los bolsillos, incluso de los que estaban vacíos. Como en Ecuador la esperanza no levantaba cabeza, los ecuatorianos también se dieron a la tarea de conseguirlo. Y así empezaron a sembrar raíces en    Danbury, en el estado de Connecticut.

Durante la bonanza de los bienes raíces, gracias a la inyección de dinero de   los ecuatorianos, el precio de las casas se disparó: residencias que valían USD 250 000, dos años después se vendían con el precio duplicado.

15 000 propiedades
están en la lista de  remate, pues sus anteriores dueños no han podido pagar.

Hoy no hay ecuatoriano en Danbury que no tenga una historia propia que contar, que no conozca a un familiar, a un amigo o un vecino que no haya perdido su casa o que esté a punto de desocuparla. “Vendimos todo, hasta las vacas y los borregos que teníamos en Ecuador para comprar una vivienda aquí y ahora nos quedamos sin nada”, cuenta Jesús Mendieta quien perdió su casa y se declaró en bancarrota. Por eso “no tengo crédito ni para comprar un esferográfico”.

Carlos Samaniego también relata el drama: “mis tres hijos perdieron sus casas. Les quitó el banco porque se quedaron sin trabajo y ya no pudieron pagar”. Él mismo debe reunir USD 3 000 para vivir en la casa que compró y que la paga con el trabajo en un restaurante y vendiendo en un carro móvil de comida ecuatoriana. “Este invierno estoy con las justas, no sé cómo voy a salir”, dice.

Su hijo, Wilson Samaniego también compró su  casa donde vivió ocho años hasta que    quedó sin empleo y el banco le embargó. “No quiero hablar. Es tan doloroso que prefiero olvidar”.

Solo hay que mencionar la palabra crisis para que las historias entre los ecuatorianos de Danbury empiecen a fluir como un río revuelto. Eso   hace  pensar a   Carlos Córdova en la idea de volver a Ecuador. “Si las cosas no mejoran y   trabajo un día y al  otro no,    pensamos en   volver”.

En la ciudad donde viven entre 5 000 y 7 000 ecuatorianos no se ve letreros anunciando el embargo de casas, pero en Internet ya hay una lista de 15 000  propiedades para el remate porque sus anteriores dueños no pudieron pagar. No obstante, se desconoce cuantas son de los compatriotas.

María Galarza  tiene plazo de desocupar la casa hasta el 14 de diciembre. Su hijo compró la casa  en USD 380 000,  pero fue deportado. “Me quedé sin trabajo cuatro meses y no pude pagar. Con ella se van los ahorros de mi hijo y nuestro sueño. Nos quedamos más pobres de lo que éramos”.

El sector de la  construcción es la industria más herida por la crisis y en la que más se empleaban los ecuatorianos. A esta caída económica se sumó una ola de deportaciones que dejó una estela de dolor y de hipotecas para los que se quedaron en Danbury.

“Un compañero, pese a que tenía trabajo, se vio obligado a devolver su vivienda  al banco, debido a los  altos intereses que debía cancelar. A mí, en cambio, me despidieron y solo hace poco he vuelto a  trabajar”, cuenta el ecuatoriano Leonardo Córdova.

Más del drama

El arriendo   de sus casas o al menos de cuartos por separado era una opción, pero con la profundización  de la crisis no hay empleo y no son muchos los que buscan piezas para rentar. Cuando las encuentran, el costo asciende a más de USD  400.

En los últimos dos años,   el Comité Cívico Ecuatoriano de Danbury también ha sentido el impacto de la crisis, con  una reducción de sus socios en un número de 100.  La mayoría ya se ha regresado a Ecuador.

Los ecuatorianos    tienen la sospecha de  que este invierno será devastador para sus bolsillos. Por eso, si en los próximos meses no mejora la economía, muchos tienen en mente el volver a Ecuador, aunque sea con las manos vacías.

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