12 de marzo de 2017 00:00

Subempleo se refleja en comercio informal de Quito

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Patricia Carolina González

A los 12 años hay niños que entran al colegio. Pero también a los 12 años otros menores tienen su primer trabajo, tal vez, el único que ejercerán el resto de sus vidas. Para Jaime Zapata, la calle fue el colegio, la universidad, el trabajo, la vida.

Es de Latacunga y llegó a Quito a los 9 años de edad, junto con su familia. Hoy tiene 41 años y desde hace 29 vende productos en los trancones de la avenida República, a nivel del Centro Comercial El Jardín. Actualmente, oferta paraguas -por la época de lluvias-, dice, cargadores y lupas. Pero su historial de mercancías es nutrido, incluso vendió banderas de Ecuador y Perú, en la guerra del Cenepa, en 1995.

Su relación con la venta ambulante es de familia. Con 81 años de edad, su mamá aún vende caramelos entre las avenidas De los Shyris y Eloy Alfaro. De 11 hermanos, cuatro se dedican al comercio informal. En total, 16 integrantes de la familia ejercen esta actividad.

Sin embargo, Zapata no quiere que la historia se repita con sus hijos. “Yo sufrí bastante. Hay gente que discrimina. Suben los vidrios, porque creen que uno los va a robar. Quiero que se dediquen a otra cosa”.

Segundo Guaranda, de 47 años, era agricultor en Guaranda, pero se vino a Quito hace 12 años. Ahora vende agua, cola y helados, con al menos 15 miembros de su familia en la avenida Mariscal Sucre, antes de la entrada del túnel de San Juan. Los Guaranda trabajan de lunes a domingo. Salen de casa a las 07:30, con un seco de pollo o carne y un jugo de desayuno. No vuelven a comer hasta retornar a casa, por la noche; usualmente meriendan sopa.

Al igual que Zapata, esta familia, asegura que solicitó permiso a la Alcaldía, pero que se les negó. La regularización de los comerciantes autónomos se ha manejado desde el Municipio con capacitaciones y la entrega de permisos, que son otorgados por las administraciones zonales. Sin embargo, el coronel Luis Montalvo, supervisor de la Agencia Distrital de Comercio, recuerda que según la Ordenanza 280, el comercio autónomo está prohibido en vías públicas.

“La presencia del comercio callejero es resultado de la crisis económica, que genera falta de puestos de trabajo”, recalca Montalvo, para quien esta situación va en aumento, junto a una migración interna y la presencia de extranjeros.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, Quito es la ciudad con mayor tasa de desempleo del país. Para diciembre de 2016 se ubicaba en 9,1%, casi el doble que en diciembre de 2015, cuando se situaba en 4,9%. De igual forma, creció la tasa de subempleo en el mismo período de tiempo, de 5,5 a 13,1%.

Susana Herrero, directora del Centro de Investigaciones Económicas de la Universidad de Las Américas, explica que el comercio ambulante es una de las partes fundamentales del subempleo y uno de los grupos que más tiende a crecer cuando el empleo formal decrece. En Quito, la tasa de empleo adecuado pleno disminuyó nueve puntos porcentuales: de 66,5 a 57,6%, de diciembre del 2015 a diciembre del 2016.

“El empleo ambulante le da la oportunidad de obtener ingresos a aquellos que acaban de llegar a la ciudad o que perdieron su empleo formal, lo cual es positivo, pero tiene una serie de riesgos: no pagan impuestos, se recurre a la ilegalidad con la venta de comida sin salubridad y aumenta el gasto público en el aseo de estos espacios. Lo ideal sería reubicarlos en otros espacios, como los mercados”, destaca Herrero.

De parte de los comerciantes, existe la intención de formalizar su actividad. Un grupo de vendedores de los túneles de la av. Mariscal Sucre formó hace un año la Asociación Saborea al Paso. “El año pasado recibimos 40 horas de capacitación en manipulación de alimentos y servicio al cliente. El permiso está en proceso”, comenta Matilde Baque, secretaria de la Asociación y quien desde hace 18 años vende papas y chifles en la zona.

La entrada del Peaje de la autopista General Rumiñahui –administrada por el Gobierno Provincial de Pichincha– es otro punto de concentración de vendedores. En este sitio los comerciantes se asociaron y laboran con la aprobación de la administración del peaje.

“Llegamos a un acuerdo con ellos en 2012 para que trabajen. No es permitido que ingresen más personas, así no se les afecta a ellos ni a la circulación vehicular. Están identificados con sus uniformes y mantienen normas de aseo”, comenta Vanesa Hidalgo, directora de la Unidad de Peaje de la Autopista General Rumiñahui.

Édgar Minasunta, de 22 años, de Latacunga, es vendedor en la Autopista desde hace cuatro. Su caso es atípico. Minasunta terminó el colegio y sueña con estudiar Administración de Empresas en la Universidad Central. “Estudiaría de noche para seguir trabajando”, cuenta. Por ahora, espera para presentarse nuevamente a la prueba del Senescyt.

Para este año, la Agencia de Comercio iniciará con un levantamiento de información sobre los comerciantes autónomos ambulantes con el fin de buscar una solución.

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