8 de April de 2011 00:00

La soberbia del poder

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La historia humana está llena de ejemplos de líderes políticos con buenas intenciones pero incapaces de admitir que son “humanos” y que por lo tanto tienen errores. Cuentan que el mítico Julio César -emperador romano- tenía alguien que lo recordaba en esa condición, no sé con cuánto éxito en realidad, de que “era humano”. Y entre las formas en que el odio o el resentimiento afloran en las conductas humanas más notorias en el poder se encuentra la soberbia. El creerse por encima de todo y de todos. De buscar conquistar todos los espacios y doblegar al adversario que se le ponga enfrente. América Latina está llena de estos líderes adolescentes a los que la soberbia terminó por perderlos pero más que eso: hacerle perder al país un tiempo de desarrollo y prosperidad únicos. Miren a los líderes árabes como Gadafi sentado sobre un barril inmenso de petróleo que se llama Libia y como no pudo hacer lo que sus hermanos de Qatar sí lo lograron. ¿Cómo es posible que socialistas y demócratas cristianos se sienten juntos y gobiernen en Chile pero que Correa, Chávez o Morales solo lo pueden hacer excluyendo, persiguiendo o doblegando? Todo esto que ocurre en el mismo espacio geográfico, con la misma lengua e igual matriz cultural sin embargo resulta tan distinto, extraño y distante en cada uno de estos países.

Si algo requieren los líderes es aprender de sus debilidades y fortalecerse en la disidencia crítica, incluso la más injusta en el fondo prueba la grandeza de su carácter y su visión de cambiar el rumbo de sus países. Las pequeñeces de perseguir a los críticos, de refugiarse canallescamente en instituciones judiciales sospechosas de administrar correctamente la justicia es en el fondo con claridad un signo de debilidad profundo que requiere una atención del gobernante.

Estos saben que lo suyo es temporal y que la historia rescatará no la respuesta apabullante desde el poder sino la grandeza de contestar con argumentos cercanos a la humildad y la inteligencia que en el fondo les permitirá ganar más adeptos y un lugar en la historia. La soberbia es la peor consejera de cualquier gobernante y los pueblos nuestros lo saben, incluso a sus héroes nacionales como Bolívar han terminado por hacerles perder el apoyo popular en momentos críticos de la historia de nuestros países.

Lamentablemente la experiencia ajena nunca es extrapolable y menos aún sirve de guía para quien desde el poder cree que lo puede todo y contra todos. Cuando se dé cuenta de la realidad será tarde y le pasará quizás metafóricamente lo mismo que le aconteció a Julio César. La soberbia es una debilidad de carácter y el ejercicio del poder ilimitado basado en ese concepto termina por aislar al gobernante en una burbuja donde todos mercan alrededor suyo pero pierde él y más importantemente: el país.

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