17 de noviembre del 2016 00:00

Un adiós al visionario del Quito moderno

Josefina Villalobos de Durán-Ballén contempla el traslado del féretro del expresidente y exalcalde de Quito, Sixto Durán Ballén, a su llegada al Salón de la Ciudad. Foto: José Jácome / EFE

Josefina Villalobos de Durán-Ballén contempla el traslado del féretro del expresidente y exalcalde de Quito, Sixto Durán Ballén, a su llegada al Salón de la Ciudad. Foto: José Jácome / EFE

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Redacción Quito
y Política (I)

Una bandera del Ecuador cobijó el féretro en donde yacen los restos del expresidente de la República Sixto Durán-Ballén. La colocaron estudiantes de la Escuela Superior del Ejército, para honrar la memoria del también exalcalde de Quito y exlegislador, quien falleció mientras dormía la tarde del martes.

Como exmandatario tenía derecho a un funeral de Estado en el Palacio de Carondelet, pero había elegido que su despedida fuera en el edificio del Palacio Municipal de Quito. Sus restos serán velados allí hasta el próximo viernes.

Uno de sus amigos cercanos, Carlos Larreátegui, secretario de la Administración en su mandato, contó que en varias ocasiones le pidió que tras su muerte su despedida fuera en el Salón de la Ciudad. Le dijo que “él, incluso inerte, no podría entrar a un órgano de Gobierno que perdió las perspectivas en esta lucha fratricida de los últimos años, que no defendió las libertades, que no fue un apoyo para la democracia y para el país”.

Sus cercanos respetaron el deseo de Durán-Ballén y tras una noche de velación en privado lo llevaron al Municipio. Allí, el alcalde Mauricio Rodas le entregó a Finita Villalobos de Durán Ballén, su viuda, la condecoración post mortem Marieta de Veintimilla.

La familia delegó a Jorge, uno de los ocho hijos de la pareja, para hablar en su nombre. Él recordó que el nieto mayor de Durán Ballén le decía desde pequeño Papío. Y con esa palabra cariñosa quieren recordar al hombre que vivió 95 años.

Se sumaron a la despedida héroes del Cenepa, quienes lo recordaron como el estadista que les dio ánimos con su histórico grito “¡Ni un paso atrás!”, pronunciado en 1995 en el conflicto bélico con Perú.

Velorio del expresidente Sixto Durán Ballén en el Salón de la Ciudad, en el Municipio de Quito. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

La obra

La huella de Sixto Durán-Ballén en Quito se mantiene. Graduado en la Universidad de Columbia, en Estados Unidos, es considerado como uno de los primeros arquitectos modernos, refirió Alfonso Ortiz Crespo, cronista de la Ciudad.

En Quito, en los años 50, como docente en esta rama promovió la primera Facultad de Arquitectura del país, en la Universidad Central. Durante su desempeño como ministro de Obras Públicas (MTOP), en la administración del expresidente Camilo Ponce Enríquez (1956-1960), dio pie a la modernización de la capital, que entonces se preparaba para ser sede de la XI Conferencia Panamericana de Cancilleres.

Durán-Ballén lideró la construcción de la Cancillería, el Palacio Legislativo, el Hotel Quito, la residencia universitaria de la Central, el antiguo aeropuerto de Quito, la remodelación de Carondelet.

Más tarde, en los 90 fue electo Presidente de la República, cuando tenía 71 años. “Su trayectoria fue importante. Sixto Durán-Ballén ocupó los cargos más importantes que puede ejercer un ciudadano de este país. ¿Qué más podía ser? Fue un ciudadano destacado”, expresó Ortiz Crespo.

Un gran renovador. Así es como Hernán Orbea, urbanista y catedrático universitario, describe a Sixto Durán Ballén. La razón es clara: las obras más importantes para la movilidad de Quito se desarrollaron precisamente durante el período en el que Durán-Ballén fue alcalde de la capital.

Precisamente en la alcaldía de Durán Ballén, en 1978, se construyeron los túneles, lo que cambió la movilidad de la capital al convertirse en un nexo entre el norte y el sur. Fue una alternativa que rompió la dinámica de Quito y permitió a la gente movilizarse a gran velocidad sin tener que pasar por el centro. Su construcción tardó cuatro años. A la par, la construcción de la avenida Mariscal Sucre, hasta El Condado, permitió que la ciudad creciera hacia el norte.

El féretro con los restos de Sixto Durán Ballén son transportados por las calles de Quito. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Según Orbea, Durán-Ballén estaba convencido de la importancia de realizar reformas urbanas, obras grandes y costosas que obligaban al endeudamiento, pero que se convirtieron en el paso transformador para posesionar a la capital como una metrópoli.

En 1972 construyó el primer anillo vial oriental de la ciudad. Además, construyó el viaducto de la 24 de Mayo, en el 72, con la terminal terrestre de un lado, y el mercado de San Roque, del otro.

Para Orbea, el mayor aporte de Durán-Ballén fue la construcción de la autopista General Rumiñahui y de la Córdova Galarza que se realizó con el Consejo Provincial, integradoras para el valle de Los Chillos y la Mitad del Mundo, respectivamente.

La cantidad de obras importantes realizadas se debe en gran medida a la época de bonanza en la que debió gobernar, explica Orbea. El ‘boom’ petrolero facilitó los recursos necesarios para desarrollar los diversos proyectos.

Para Alfredo Viteri, experto en movilidad, la visión distinta de Durán-Ballén llevó a pensar a la ciudad a futuro. “Sixto fue incluso quien planificó la construcción de la avenida Simón Bolívar, cuyo trazado se realizó durante el período del 77”.

César Arias, consultor en temas de movilidad, asegura que el mayor aporte de Durán-Ballén fue desarrollar una verdadera planificación de la ciudad. Según Arias, pensó en una ciudad funcional incluso 30 años después. A las obras antes mencionadas sumó la ampliación de la avenida 10 de Agosto, desde la Colón hacia el norte, algunos tramos con 8 carriles.

Una vez que asumió la presidencia, dice Arias, Durán Ballén fue quien dio el aval para financiar el proyecto Trolebús, que se convirtió en la columna vertebral del sistema vial de la ciudad en los últimos 20 años.

Para reconocer su trayectoria, el cronista de la Ciudad mencionó que en el Municipio de Quito se debería considerar bautizar con el nombre del fallecido expresidente y exalcalde de Quito a alguna parada del Metro o una vía importante de la capital.

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