18 de septiembre de 2015 08:00

A 30 años del sismo en México: bebés milagro, cirujano sin dedos y los 'topos'

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Agencia AFP

Miles de personas murieron en el sismo que devastó Ciudad de México el 19 de septiembre de 1985 pero muchos héroes surgieron de la tragedia: bebés que sobrevivieron milagrosamente, un cirujano que perdió cuatro dedos y aún trabaja, y "topos" que rescatan gente alrededor del mundo. Estas son las historias de algunos de los sobrevivientes y rescatistas del terremoto de magnitud 8,1 cuyo 30 aniversario se recuerda este sábado:

Los bebés de los escombros


Jesús Francisco Rodríguez Santamaría tenía cuatro días de nacido cuándo el sismo demolió el hospital donde se encontraba. Una varilla se clavó en su pequeño pecho. "Me rescataron con un hilito de vida... esa varilla hacía que llorara y así me escucharon", dice este hombre cuya madre murió en el terremoto.

El presidente de entonces, Miguel de la Madrid, bautizó a los bebés rescatados del Hospital Juárez, 14 en total, como "Hijos de la Nación". Jesús Francisco, que cumplió 30 años el 15 de septiembre, reclama que se les prometió que nada les faltaría, incluso que "no íbamos a pagar nunca el metro" (subterráneo), pero un fondo especial se acabó justo cuando los chicos estaban por entrar a la universidad.

Además de la varilla en el pecho, Jesús Francisco, que desde los 18 años es despachador en gasolineras y que recientemente ingresó a la carrera de Derecho, sufrió una infección en el fémur, entre otras laceraciones. "Por eso al caminar claudico", dice ya sin dolor y presumiendo que es bueno jugando fútbol.

Él atribuye la fuerza que ganó al amor de sus tíos que lo adoptaron y a la medalla de una virgen que le encontraron en uno de sus diminutos puños apretados cuando lo rescataron. Aún nadie sabe quién se la colocó.

El cirujano con dedos del pie

Momentos antes de las 07:19, cuando se desató el terremoto, Francisco Bucio, un estudiante de cirugía, se aseaba en el cuarto de alumnos del Hospital General, ubicado en el cuarto piso de un edificio de ocho, junto a su mejor amigo y compañero, Ángel, que no sobrevivió. "De repente el edificio se torció, se colapsó y quedé en completa oscuridad. Luego me di cuenta de que tenía el brazo derecho atrapado y la mano aplastada, y me dije: aquí ya 'valió gorro' (se frustró) mi carrera", narra este cirujano plástico que tiene su clínica en Tijuana, en la frontera con Estados Unidos.

Después comenzó a escuchar gritos "de todos los que estaban atrapados cerca de mí y que poco a poco se fueron callando... y así pasé cuatro días".

Justo ese cuarto día, "los rescatistas dijeron que ya no detectaban vida" entre los escombros, pero sus seis hermanos, que lo buscaron en la montaña de cemento desde el primer día, se empeñaron en continuar hasta que fue hallado. Su mano derecha quedó seriamente lesionada.

En Estados Unidos le reconstruyeron el pulgar y le injertaron dos dedos de los pies. Y así tiene 30 años haciendo cirugía estética, manejando las tijeras y el portaagujas con la mano izquierda en las operaciones. Orgulloso, remarca: "los rescatistas decían que me iban a cortar el brazo porque creían que estaba completamente aplastado, pero mis hermanos dijeron 'no, ya nos tardamos cuatro días en encontrarlo, así que lo vamos a sacar completo'".

Los 'topos'

 Adrián Pérez fue uno de los miles de mexicanos que se convirtieron en socorristas espontáneos. Era entonces becario de Ingeniería en una oficina pública de una zona no tan afectada por el terremoto. "Sin pensarlo" aceptó ir al céntrico barrio de la Roma, uno de los más devastados y que "parecía una zona de guerra", rememora.

Su primera misión fue sacar casi a ciegas tanques de gas de una escuela de laboratoristas "que había quedado aplastada como un sándwich". Y lo hizo, pero luego volvió gateando entre los inestables muros derrumbados para buscar a alguien que se quejaba, una joven atrapada entre lozas y cuerpos.

"Cuando comencé a subir una escalera de caracol, alguien prendió un reflector y de repente tenía delante de mí cabezas, brazos, cuerpos, y el quejido de la joven que tardamos doce horas en sacar... ella pedía que la dejáramos ya dormir", recuerda. Ahora es Jefe de Operaciones del grupo Topos, fundado a raíz del terremoto y llamado así por meterse dentro de los escombros, que ha asistido desastres como el Tsunami de Indonesia y el reciente terremoto de Nepal.

"Yo tenía el concepto de que yo era un rescatista, no pensé nunca en los riesgos, yo sólo era parte de la fuerza de toda la población que estaba ayudando, sin distinción de clases, a los seres que necesitaban ese apoyo", dice el topo que aún llora al recordar la tragedia. jg/lth/sem/nn

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