14 de December de 2009 00:00

Las siembras empezaron en Espejo, Bolívar y Mira

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Redacción Tulcán
ecuador@elcomercio.com

La campesina  Lidia Quistial sale a su parcela, ubicada en el cantón Mira (Tulcán), acompañada de sus dos hijos para sembrar. Ella, al igual que otros agricultores, aprovechó las pocas lluvias que cayeron para empezar a cultivar nuevamente la tierra.

Sin embargo, este día, el cielo estaba despejado   y la alta  temperatura obligó a la mujer a cubrir su rostro. Lo hizo con una camisa  amarrada a un sombrero. 

En un chal doblado y amarrado a su cintura lleva  la semilla de fréjol. A su paso por los surcos, aún secos, abre hoyos con la ayuda de una pala. Ahí deposita las semillas. Mientras su hijo, Raúl Revelo, usando un azadón, afloja la tierra del lindero del terreno.  
Quistial con  sus dos hijos apresuran el   trabajo, pues el sol es agotador.  “Con las pocas lluvias, el polvo se asentó y se puede sembrar”, dice.

Aunque las precipitaciones no son continuas  los agricultores  madrugan a preparar los terrenos en la zona.
Cruz Bolaños pasó hasta las 16:00 del sábado  en su tractor. Él sacó  la maleza que se acumuló en una parte de su propiedad.   “Cayó un paramito, pero mojó la tierra. Pero aún utilizo agua del canal de riego”. Él recibe 10 litros de l líquido  cada 12 días.

“Tengo tres meses de retraso en la siembra y no quiero esperar más”, dijo Bolaños,  mientras alistaba la semilla de arveja.  Él cuenta  que aún entre los agricultores hay temor por sembrar. La razón: las lluvias no son permanentes y con riego los costos se elevan.

Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió el mes anterior en los cantones  Bolívar, Espejo y Mira,  la tierra recupera su humedad y los ríos aumentan su  caudal.

Aunque los campesinos coinciden en que las precipitaciones son esporádicas y no saben si la sequía seguirá prefieren arriesgarse a sembrar   arvejas, maíz, papas, etc.
 
En el cantón  Tulcán  hay optimismo por las lluvias de hace dos semanas que son  continuas. Las hojas amarillentas de las plantaciones de papa recobraron su verdor. José González, finquero de Nispud al sur de Tulcán,  contrató 19 trabajadores para que  aflojen   la tierra y fumiguen las plantas. “Hay que aprovechar las lluvias para  que el químico penetre en el suelo”, explica.

Él sembró las papas hace tres meses  y  las plantas no crecían. “Gracias a Dios las lluvias  volvieron”. Él  esperará tres meses  más para la cosecha.

A los finqueros lo que les preocupa es que cada vez que hay inundaciones o sequías no reciban apoyo de nadie.  “Tenemos que gastar de nuestros ahorros y enfrentar los problemas solos”, dijo Luis Quelal. Él plantó una hectárea de papas. “Debo USD 450 en químicos”, dijo.

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