26 de January de 2010 00:00

Sensatez

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Fernando Larenas

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De Perogrullo: nadie sale de su casa todos los días dispuesto a matar a nadie pese a la vorágine del caótico tránsito de Quito. Es precipitado cada juicio de valor que se escucha en torno al accidente que acabó con la vida de Natalia Emme, una joven madre que se convierte en otra víctima del enmarañado tránsito capitalino.

¿Este caso puede tomarse como uno más de los que ocurren cotidianamente en las calles y avenidas de la ciudad? Otra pregunta: ¿qué tiene que ver en todo esto el fiscal general Washington Pesántez, a mi juicio un hombre sensato, prudente, bien educado, etc.? Los calificativos positivos sobran para hablar de este personaje.

¿Acaso el Fiscal conducía el vehículo que atropelló a Natalia? No, el problema es que algunos procedimientos no han sido los más adecuados.

Cito una declaración del presidente del Consejo de la Judicatura, Benjamín Cevallos, publicada en diario El Universo. “(…el comunicado de respaldo de los fiscales a Pesántez) no era oportuno ni prudente. Si el ministro Fiscal General, del cual tengo el más elevado concepto, tiene su conciencia tranquila, no necesitaba de ningún comunicado de respaldo. Este hecho genera dudas en su actuación… ”.

A mi juicio, el caso debió resolverse bajo las normas legales que son iguales para todos los ecuatorianos, como señala la Constitución. Nadie tiene privilegios, el aire y el sol que nos alumbra son iguales para todos.

De los errores se aprende y el Fiscal General, con su inteligencia, tendrá que cambiar la estrategia para permitir que el caso se aclare. Es también una oportunidad para plantear reflexiones.

La primera tiene que ver con el uso y/o abuso de los vehículos oficiales que hoy parece que estuvieran destinados a trasladar a los familiares de funcionarios, quién sabe hasta qué grado de consanguinidad, y evaluar quiénes pueden usar las vías exclusivas que fueron construidas para un sistema de transporte público y no para carros oficiales.

 Sería bueno también que los convoyes, que a diario se ven en las calles para trasladar ministros, se reduzcan. Esto sería un gesto de austeridad, de justicia, y una demostración de renunciamiento a los privilegios.

 Y, finalmente, este lamentable episodio es una buena lección para los aprendices de Goebbels, que ordenaron una cadena nacional para someter a escarnio público al director de diario Hoy, Jaime Mantilla, quien atropelló a una niña (pero no huyó y asumió su responsabilidad) y ha sido denigrado persistentemente.

Señor Fiscal General, a propósito de lo que ocurrió con el señor Mantilla, sería bueno que ordene una investigación para conocer quiénes fueron los autores de esas horrorosas y agraviantes cadenas de persecución; hay que dar paso a la sensatez y arrancar de raíz la paranoia.

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