23 de February de 2010 00:00

El volcamiento de un autobús segó nueve vidas en Quinindé

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Reds. Esmeraldas y Sto. Domingo

‘Estaba dormido en el asiento 27 del bus, cuando sentí que se salió de la carretera. Fue terrible, el bus dio varias vueltas de campana”. Es el testimonio de Francisco Arias, uno de los sobrevivientes del volcamiento del bus de la cooperativa Zambrano, que se accidentó anteayer, pasadas las 18:00, en Cupa, a cinco kilómetros de Quinindé, en la vía Esmeraldas-Santo Domingo.

Ocho personas fallecieron en el lugar y otra más se reportó ayer, en una casa de salud; 42 se recuperan de heridas y cortes. Ayer, Arias era atendido en la sala de radiografías del Hospital Alberto Buffonni, de Quinindé. El joven, de 25años, presentó fracturas en tres costillas y el antebrazo.

La Policía tuvo que cerrar la carretera, durante dos horas, para posibilitar el rescate de los afectados. Acudieron socorristas desde Esmeraldas y desde Quinindé.

Según los rescatistas, hubo sobrevivientes y fallecidos que quedaron atrapados entre las latas y los asientos. Con la ayuda de tijeras neumáticas y un martillo lograron liberar sus cuerpos.

“Fue una tragedia. Las sirenas de las ambulancias y la Policía no paraban. Llevaban gente ensangrentada, llorando; otros estaban inconscientes, parecían muertos...”, dijo un testigo.

Según Lorena Andrade, médico del hospital de Quinindé y legista de la Fiscalía, la sala de emergencias de esa casa de salud colapsó. Ingresaron 42 personas heridas, la mayoría con traumatismos y cortes. “Incluso tuvimos que solicitar el apoyo del personal de enfermeros que estaba de vacaciones”, comentó.

Ayer, en el Cementerio Municipal de Quinindé también se hablaba de la tragedia. Allí permanecieron los cuerpos de ocho de las víctimas. El campo santo lucía repleto, como si toda la ciudad hubiera acudido a despedirlos.

En el piso de cemento y en una mesa de madera permanecían los cuerpos de cinco personas. Estaban cubiertos con sábanas blancas y plásticos negros.

Eran Juan Luis Rivera Rosero, de 19 años; John Alcívar Cornejo, de 12; Angélica Fernanda Delgado Cevallos, de 14, y Ramiro Miguel Castillo Cañar, de 32. Además había cuatro cuerpos no identificados: dos hombres y dos mujeres, extranjeras.

“Esta es la jornada más larga que me ha tocado trabajar”, decía el enterrador Gustavo Demera, quien lleva 27 años en el servicio y acudió al sitio anteanoche.

“A las 19:00 recibió el primer cadáver. Pensé que era el único, pero media hora después ingresaron cuatro más y luego tres más”. Ubicó los ocho cuerpos bajo de la capilla, en espera de que se concreten los trámites para realizar la autopsia y puedan ser retirados. Al mediodía de ayer, un fuerte olor emanaba desde ese lugar.

“El problema es que en este cementerio, que sirve de morgue, no tenemos congeladores. Es por eso que tenemos que colocar los cuerpos al aire libre y cuando hay sangre se les cubre con arena”.

Demera esperaba que los funcionarios de la Fiscalía acudieran al sitio para poder entregar los cuerpos a los familiares, pero algunos allegados de los fallecidos no mostraron su descontento.

Genaro Alcívar, por ejemplo, se llevó el cuerpo de su nieto John, con lágrimas en los ojos. Dijo que lo velaría en La Concordia. Ocurrió lo mismo con Amparo Cevallos. Ella se llevó el cadáver de su hija Angélica Delgado hacia Súa, en Esmeraldas. Se lamentaba por haberle dado permiso para viajar hacia Santo Domingo. El cuerpo de Ramiro Castillo, también fue llevado a Puerto Quito.

El enterrador de Quinindé se preocupó por los cuerpos de las extranjeras, aún no identificadas. Sabía que sus familiares no estaban cerca para velar por ellas.

Una joven, que no quiso identificarse, aseguró ser amiga de una de ellas. Dijo que la una era nativa de Bélgica y la otra de Estados Unidos. Tenían ropa playera y supuestamente pasaron varios días en Esmeraldas, de vacaciones.

La Policía inició una indagación para determinar las causas del accidente. Un agente adelantó que la causa más probable fue el exceso de velocidad. “La carretera estaba mojada. El bus quedó prácticamente destrozado. Tenía las latas retorcidas, los vidrios rotos y varios asientos desprendidos”.

En oficinas de la cooperativa de Transporte Zambrano, un dirigente que evitó dar su nombre, dijo que están a la espera de los informes de la Fiscalía y de la Policía. “Luego la cooperativa emitirá un pronunciamiento”, aseguró.

No quiso revelar el nombre del conductor del autobús, cuyo paradero se desconoce, pero aseguró que la Policía sí lo conoce y tiene sus documentos.

Mientras el caso se resuelve, Gustavo Demera aguarda en el cementerio y cuida a las víctimas del accidente, hasta que sus familiares puedan retirarlos.

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