Violencia de los sacapintas deja más víctimas

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Javier Ortega. Redactor

Los últimos dos casos de sacapintas registrados en febrero y marzo en Quito reflejan el nivel de violencia con el que operan  los grupos delictivos dedicados a esa modalidad de robo.

A inicios de este mes, el ministro del Interior, José Serrano, calificó de “sádicos” a los sospechosos que asesinaron a José y Fernando Changoluisa, el 7 de febrero pasado, por la agresividad con la que actuaron.

Padre e hijo fallecieron tras oponerse a un asalto dentro de un bus, en Amaguaña, en las afueras de Quito. Las víctimas llevaban USD 25 000 que retiraron de una entidad bancaria.

Las declaraciones del funcionario surgieron luego de la captura de seis personas que se las relaciona con esos crímenes.

Anteayer ocurrió el otro hecho bajo la modalidad de sacapintas. Washington López, empleado de un restaurante,  fue atacado por dos sospechosos, en la avenida Diego de Almagro y Pradera -en el norte-. Recibió cinco tiros. La víctima trasportaba USD 2 000.

Durante el asalto,sargento del Grupo de Intervención y Rescate (GIR), Amable Alquinga, trató de ayudarlo, pero  uno de los asaltantes le disparó   en el abdomen. El uniformado   repelió el ataque y abrió fuego contra Henry S., sospechoso que murió en el cruce de balas.

Horas después del tiroteo, Serrano dijo estar “indignado”. Esta vez por la actuación de “ciertos fiscales y jueces” que dejaron en libertad a Henry S.

Según datos de la Policía, el sospechoso registraba dos detenciones por robo, en el 2011. El funcionario aseguró que pedirá al presidente del Consejo de la Judicatura, Gustavo Jalkh, una investigación para determinar por qué no fue sentenciado por esos delitos.

En el último informe del Observatorio Metropolitano de Seguridad Ciudadana se dice que en el 2013 en Quito “hubo más homicidios por asuntos de convivencia -riñas, violencia familiar- que los registrados en el contexto de la criminalidad -asalto y robo, venganza por ajuste de cuentas y delitos sexuales-” (ver infografía).

[[OBJECT]]El organismo precisa que en el último año se reportó una reducción del 15% de crímenes (192 casos) en comparación con el 2012 (219), en la capital.

Los casos de sacapintas perpetrados en febrero y marzo no son los únicos que dejaron fallecidos. En diciembre del 2011,  el sociólogo quiteño Marco Velasco fue asesinado en el parqueadero de un restaurante en el norte de Quito. Dos desconocidos que iban en una motocicleta le robaron USD 8 000.

En octubre del 2012, un hombre que retiró USD 22 000 de un banco fue interceptado por motorizados en el sector de La Marín -en el centro de la capital- y lo acribillaron.

Hace un año, el conserje Miguel Ortiz murió cuando trató de evitar un asalto a un vecino del edificio donde él trabajaba. Tres desconocidos a bordo de una moto le dispararon.

Las investigaciones de la Policía Judicial (PJ) dan cuenta que los grupos delictivos dedicados a este tipo de robos operan con dos y tres personas y siempre utilizan motocicletas.

En el 2012, la PJ publicó un informe nacional sobre estos asaltos y reveló que solo entre enero y septiembre de ese año, las organizaciones delictivas sustrajeron USD 3,3 millones a 740 víctimas. En el mismo período del 2011 hubo 700 casos.

De acuerdo con esas cifras, Pichincha, Guayas, El Oro,  Manabí y Los Ríos son las provincias con más casos.

En los últimos siete meses, la Policía ha capturado en Quito a 26 personas por estar presuntamente involucradas con organizaciones delictivas que operaban bajo la modalidad de sacapintas.

En septiembre, por ejemplo, agentes de la PJ arrestaron a cuatro sospechosos. Según las investigaciones, los aprehendidos formaban parte de una banda “que utilizaba la violencia y armas de fuego para cometer asesinatos por encargo y asaltos a clientes de bancos”.  

El adiós a las víctimas

Armados con fusiles, cuatro agentes del GIR rodearon el féretro con el cuerpo del sargento Alquinga. En una de las  salas del complejo de esa unidad se levantó la capilla ardiente. Llegaron familiares, amigos y compañeros del uniformado.

El sargento primero Rubén Ñacata conocía de cerca a Alquinga. Fueron compañeros de promoción hace 20 años. Ayer el policía recordó que los dos fueron parte del grupo que estructuró el centro canino.

En ese entonces, Alquinga no pudo acceder a cursos internacionales, pero se autoeducó: leyó libros y se especializó en manejo de explosivos y adiestramiento de canes. Sus compañeros recordaron ayer otra de sus virtudes: la valentía.

De hecho, en el GIR a Alquinga se le apodaba ‘La Máquina’. por su personalidad arriesgada. En el 2004 salvó la vida de un compañero durante una balacera en una gasolinera.

López, el mesero que también falleció en el tiroteo, era “auquista desde chiquito”. Aunque el club descendió de categoría hace 2 años, él siempre estaba en los graderíos.

Ayer, sus hermanos lo describieron como un trabajador ejemplar y el “pulmón” del restaurante en el que laboraba desde hace 35 años. Murió a los 57 y deja a tres hijos huérfanos.

En el complejo del GIR, amigos y compañeros de Alquinga escribían mensajes en un libro de condolencias. En el cuaderno se leían frases de fortaleza para la esposa y los cuatro hijos del agente caído en la balacera.

En medio de periodistas, Ñacata, viejo amigo del comando, hizo una amarga confesión: el próximo viernes Alquinga iba a ascender a sargento primero...



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