3 de December de 2010 00:00

La víctima del secuestro exprés, ultrajada

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
Redacción Guayaquil

Betsy N., de 22 años, salió apresurada de sus clases en la Universidad de Guayaquil. Era el lunes pasado, a las 19:50, y quería irse a casa donde la esperaba su esposo. Afuera de la institución, en la avenida Delta, en el centro, tomó un taxi amarillo en el que luego de rodar varios minutos, resultó asaltada y ultrajada sexualmente.

El chofer condujo por calles céntricas hasta llegar a Alcedo y Lizardo García. Allí disminuyó la marcha y se subieron dos hombres. Uno de ellos se sentó a lado del conductor y el otro junto a Betsy, con un arma. Él le dio una cachetada y la apuntó con su revolver plateado de calibre 38 en la sien, mientras el hombre de adelante revisaba la cartera de la joven, despojándola de su celular, dinero y tres tarjetas de débito.

Con el auto en movimiento quien se sentó a su lado la obligó a levantarse la blusa, a bajarse el pantalón y a hacerle sexo oral. La golpeó y amenazó de muerte así que la muchacha acató las órdenes. El sospechoso tocó los senos de Betsy e hizo que se volteara. Le besó la espalda y la violó por el ano. El hombre se detuvo cuando el chofer le dijo que vio dos autos sospechosos y ahí la liberaron.

Al día siguiente ella vio en la televisión a tres hombres detenidos por la Policía y los identificó como sus victimarios. Fue a la Fiscalía a poner la denuncia.

La misma noche del secuestro exprés y violación a Betsy, los tres sospechosos siguieron con su ruta. A las 20:10 Miguel R., de 19 años, tomó el mismo taxi en P. Icaza y Pedro Carbo (centro). Cuando cruzaba por la U. de Guayaquil el carro fue interceptado por un vehículo blanco del que se bajaron dos hombres y se subieron al taxi. Sin embargo, un patrullero de la Policía se percató de “actitudes sospechosas” y luego de una persecución los capturó.

Según la Policía Judicial, entre enero y octubre del 2010 se denunciaron en el país 728 casos de secuestro exprés; 726 denuncias se registraron en Guayas (719 de estas, en Guayaquil). Según la PJ, en Pichincha solo hubo un caso. No obstante, el Observatorio Metropolitano de Seguridad conoció 13 denuncias en Quito.

Agentes de la PJ sostienen que detrás del secuestro exprés hay otros delitos conexos. Las víctimas mencionan que los secuestradores los drogaron con escopolamina; ellas despertaron en lugares extraños sin ropa, pero sin recordar lo que les pasó, o eran obligadas a vender pertenencias.

Zoraya Bohórquez, presidenta de la Asociación de Psiquiatría Judicial y Forense, explica que un delincuente común tiene como motivación el dinero fácil. Mientras quienes roban cometiendo ultrajes y violaciones es porque han desarrollado el odio por otro ser humano. “Es como si pasaran un momento de felicidad que siempre quieren repetir”.

Según otra denuncia los mismos hombres detenidos supuestamente sometieron a una pareja de esposos a un secuestro exprés. A ella la ultrajaron y buscaron en sus partes íntimas para ver si llevaba dinero, pero el esposo cree que la intención era manosear a su mujer.

El centro de Guayaquil, donde varias víctimas tomaron taxis, está identificado como una de las zonas de mayor incidencia del delito. Según el Observatorio de Seguridad Ciudadana de Guayaquil, entre enero y octubre hubo 60 secuestros exprés en los alrededores de la 9 de Octubre.

En un mapeo de los casos, la Policía establece que el sector de la Atarazana es donde los secuestradores abandonan con mayor frecuencia a sus víctimas. Los puntos más específicos son atrás de los hospitales Solca y Militar y la ciudadela Adace. Otros sitios donde operan es la avenida Francisco de Orellana, en los exteriores de los centros comerciales, la terminal terrestre, la zona rosa, Las Peñas...

Hay casos como el de Pablo A. (29) que iba conduciendo su carro y en el semáforo de la 25 de Julio, a la altura de la ciudadela Coviem, dos hombres armados subieron y lo obligaron a manejar hacia el Batallón del Suburbio.

En el trayecto Pablo vio un patrullero de Policía pero este no se dio cuenta de lo que sucedía. Más adelante un vehículo de la PJ los siguió pero desistieron. Luego pasaron frente a un operativo de control de armas en la 29 y la N (suroeste) donde tampoco notaron la anomalía. Una calle después fue interceptado por un taxi sin placas con cuatro hombres. Se lo llevaron a una casa donde le taparon la cabeza y lo retuvieron hasta las 03:00 de ayer.

QUITO

Rogelio (nombre protegido)

Policía herido por  sacapintas

‘Una bala  impactó en mi pierna’La bala  me impactó en  la  pierna izquierda, pero estoy bien.   Esto me sucedió el lunes de esta semana, en horas  de la mañana, cuando  estaba dirigiendo el tránsito   frente  a la terminal interprovincial de Carcelén (norte de Quito). 

 

De pronto la gente comenzó a gritar y pedir ayuda, porque había tres hombres que iban armados en una moto.  Estaban  en contravía, se subían  y bajaban  al parterre. Actuaban así, porque robaron a un señor. Pedí a un taxista  ejecutivo que me ayudara.    Los seguimos unos cinco minutos y vimos que entraron en una vía que no tenía salida. Sabíamos que  ellos volverían por donde yo  estaba. Cuando los vi  pedí  que se detuvieran  y  dije que era   policía.

 

Como  venían armados,  comenzaron a disparar. Lo  que  hice fue  repeler el fuego.

De pronto observé a una señora y a una niña. Dejé de disparar para que  los hombres también abandonaran   esa  calle  sin causar daños.

 

Cuando estuvieron junto  a mí sacaron nuevamente el arma y me dispararon. Repelé nuevamente el fuego.  Esto hizo que  las   dos personas que iban atrás se cayeran y  el conductor  se estrelló.  Luego me enteré que se había muerto.  Estuve herido y me subí en un carro particular para  seguirlos,  aunque no los encontramos. Volví al lugar y no podía más con mi pierna.  Mis compañeros me trajeron al hospital. Es la primera vez que me     pasa esto en ocho años de servicio.

La propuesta

 Mónica Sánchez

Directora de la Fundación Marcha Blanca

‘Una política a largo plazo’

Mi propuesta se relaciona con un plan a largo plazo que ayude a generar políticas públicas. De esta manera, la Policía, el sistema judicial y la rehabilitación carcelaria establecerían sus propios mecanismos de seguridad.

Sin embargo, eso no se consigue de la noche a la mañana y las soluciones inmediatas son parches que no contribuyen a obtener una solución definitiva.

Una vez que se fijen políticas de Estado para combatir a la delincuencia, se podrían abrir temas de seguridad en la agenda pública todos los años, sin importar el Gobierno de turno. Ese es un punto muy importante al momento de buscar soluciones.

La seguridad requiere de cambios en las instituciones. Por ejemplo, uno de ellos es que el Comandante de Policía no se quede dos años en el cargo, sino cuatro. En ese tiempo se pueden gestionar proyectos y alcanzar objetivos a largo plazo.

También requerimos de la creación de mejores prisiones y un programa de rehabilitación carcelaria, en el que los presos sean capacitados para obtener empleo y así reducir costos. Una propuesta sería, por ejemplo, que los internos trabajen con el Municipio en la instalación de adoquines en la calle. De esa forma se reducirían gastos y se los reinsertaría en la sociedad.

Las personas debemos ser preventivas. La seguridad es un compromiso de la gente y las instituciones públicas y privadas.

 

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (0)
No (0)