15 de December de 2012 00:01

‘Scorts’, un negocio que se ocultaentre las suits, contactos y la red...

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Al escribir ‘scorts Ecuador’ en la barra del buscador Google se despliegan más de 100 páginas que ofertan este servicio.

Al navegar por esos sitios se ven jóvenes de cuerpos esculturales y rostros ocultos con máscaras o efectos en Photoshop para garantizar la discreción, que es fundamental en este negocio.

Un periodista de este Diario se comunicó con dos agencias del país para mostrar cómo es la dinámica del negocio. Estas agencias cuentan con jóvenes en Quito, Guayaquil y Cuenca, quienes trabajan bajo pedido. La tarifa va de USD 400 a 1 000 la hora.

Si el cliente requiere un servicio en Orellana, Manabí, Sucumbíos... el cliente debe pagar un valor adicional, que es el pasaje aéreo. Esta transacción se realiza a través de un depósito bancario o con tarjeta de crédito.

El usuario tiene la potestad de escoger la mujer que desea en el catálogo que se despliega en la página web. No todos los negocios que incluyen sexo y dinero se tramitan a través de una agencia.

También hay personas independientes que se dedican a esa labor. Raúl M. es uno de ellos. Está en el negocio desde el 2005.

Para este quiteño, quien coordinó 26 citas entre sus clientes y las acompañantes, noviembre es un mes agitado. Las imágenes y datos constan en un catálogo personal, que se denomina Negocios. Está grabado en su nuevo iPad 3 de color negro. Allí, tiene datos de 60 mujeres, entre 18 y 25 años: el 80% llegó de Colombia.

Quienes acceden al servicio de ‘scorts’ (acompañantes) son hombres con recursos económicos, que pagan por compañía. Por lo general -dice Raúl- las contratan por tres horas y gastan más de USD 1 000. Salen a comer y a bailar. “En buena parte de las ocasiones las citas concluyen con sexo”.

Raúl prefiere no revelar los nombres de las empresas en donde laboran algunos de sus clientes, pero se atreve a decir que son del sector minero, financiero, hidroeléctrico, consumo masivo, construcción…

Él es conocido como un presentador, es decir el intermediario. Su trabajo diario comienza a las 10:00 de lunes a sábado cuando recibe las primeras llamadas de sus clientes. Mientras degusta un plato de cereal integral con fresas en su sofá rojo de estilo minimalista, habla por su celular.

Con un dedo manipula la pantalla del iPad para ver y enviar las fotos de las mujeres, mientras analiza quién se acopla a las necesidades del usuario.

En una conversación de un par de minutos, los interesados explican las características de la joven a ser contratada. Hablan del color del cabello, ojos, altura y qué tan preparada o culta debe ser.

Lo importante es que puedan sostener conversaciones sobre temas políticos, económicos, sociales..., cuenta Raúl. También, le especifican cómo debe vestirse.

“Los políticos prefieren que sean discretas al vestir, mientras a los empresarios les gusta que exhiban sus atributos”.

Raúl conoce bien a sus clientes. Apenas recibe una llamada sabe el perfil de la mujer ideal para ese encuentro. Luego se comunica con la acompañante, la recoge y van a un hotel para cerrar el trato.

Después de recibir el dinero deja a la joven con el cliente, quien siempre tiene la última palabra. Ella debe cumplir con su parte: ser muy cariñosa y consentirlo, antes que Raúl le dé el dinero.

Sobre el monto pagado, Raúl cobra el 30% que son sus honorarios por realizar el contacto.

Daniela trabaja desde hace seis años como ‘scort’ y ofrece servicios sexuales. Según ella, la comisión de Raúl es muy alta, pues el trabajo “lo hacemos nosotras”.

Por esa razón, esta paisa (nació en Medellín) empezó a trabajar desde el 2010 por su cuenta. Tiene unos tres clientes fijos a la semana y sus ingresos bordean USD 3 000 al mes.

Su labor es compleja, dice Daniela, porque debe complacerlos de diferente forma. “Son distintos y a cada uno le gusta algo diferente. Eso sí, si el gusto del cliente exige relaciones con otra mujer u hombres u otras cosas no convencionales, la tarifa aumenta unos USD 300 por servicio”.

Para la terapeuta Diana Sierra, las jóvenes que se dedican a este negocio no identifican los riesgos, por el interés de obtener réditos económicos. La experta habla de enfermedades de transmisión sexual o maltratos que pudieran sufrir. “Con ese trabajo entran en una depresión crónica que las acompañará hasta que traten esa adicción por lo material”.

Natalia M. también se dedica a este oficio. Tiene dos hijos pequeños que viven en Colombia con su abuela. Con este trabajo los mantiene. Ella llegó a Quito en el 2006 con el objetivo de ser modelo, pero tuvo varios inconvenientes. Entre otros, las agencias de modelaje no pagaban a tiempo.

Una amiga le contó que los empresarios pagan bien a las acompañantes. Es fácil, confiesa, porque se trabaja pocas horas a la semana y se reciben ingresos promedio de USD 2 500 al mes.

De ese dinero invierte USD 800 mensuales en usar la cámara de bronceo, gimnasio, cremas, ropa... El resto es para vivir y enviar dinero a sus hijos y periódicamente gasta en cirugías plásticas.

Natalia asegura que el sexo es “un vicio de los hombres” y por eso tiene trabajo. En los cinco años que ha sido acompañante ha estado con políticos y empresarios poderosos. “Son señores inteligentes y dejan notar que tienen dinero e influencias”.

Dayana, quien es trabajadora sexual de la Cantera, no ve en las ‘scorts’ una competencia desleal. “Todas tenemos el derecho de trabajar así que respeto a las chicas que dan el servicio denominado vip. No es una competencia injusta, porque incluso una lo ha hecho, una da el número celular a una persona y se cita por afuera, así se puede ganar hasta unos USD 300, mientras que en un local solo unos USD 10. El servicio vip también es una cuestión de suerte de la chica. Es un tema que no se puede controlar”.

Otro quiteño en el negocio de Scorts es Carlos, quien tiene una web con las fotos de 20 mujeres que cobran, en promedio, USD 100 la hora. Pero ese no es el ‘target’ de sus mejores clientes. Para ellos, tiene mujeres reservadas que no se prestan para salir en la web. Son refinadas y hasta hablan en inglés para los extranjeros.

Diana Sierra señala que este negocio funciona por la oferta y demanda. “Mujeres con adicción a las cosas materiales y hombres adictos al sexo o a la compañía de un mujer bonita”. Sin embargo, dice, tanto acompañantes como clientes saben que eso está mal. Por esa razón, esconden sus actividades en esta actividad.

Carlos, quien lleva más de ocho años en este negocio, ha identificado que este servicio funciona, también, como un obsequio sexual para cerrar tratos.

De hecho, más del 80% de sus clientes pide a las acompañantes femeninas para regalar un buen rato a sus socios, en el momento que se sellan acuerdos.

 Punto de vista

Esteban Rodríguez.  Psicólogo
‘La carencia afectiva’

La prostitución en las altas esferas, que    cobra altas sumas por hora, tiene una motivación diferente a cubrir la necesidad primaria. Es decir, las chicas que trabajan dando este servicio ingresan al negocio por el estatus y las cosas materiales que consiguen. Sin embargo, hay  un trasfondo más fuerte que querer cosas lujosas. Es una carencia afectiva originada por una familia disfuncional en donde falló la figura masculina como el padre o el hermano. Esa falencia genera que ellas no se involucren en las relaciones y solo finjan ese cariño por un rato. De esa forma se protegen emocionalmente. Al igual que las jóvenes que se involucran en este negocio, los clientes tienen ausencia afectiva por lo que recurren a este servicio. Su vida es aparentemente perfecta, sin embargo  necesitan un desfogue que consiguen a través de este servicio.
   
Esta actividad no es moralmente aceptada, pero se sabe que existe. No obstante, quienes están involucrados no lo aceptan, para no contradecir la dinámica de la sociedad en la que viven.

Las estrategias

Las agencias  solicitan exámenes de VIH a sus chicas para garantizar la seguridad a sus clientes. También la acompañante puede exigir el uso de preservativo para estar más segura.

Las estrategias  de las agencias es alquilar suites para incluir ese servicio al cliente y conservar la privacidad en el encuentro. Otros lugares de  reunión son los hoteles o moteles.

Los hombres   también están en este negocio, pero sus tarifas promedian los USD 250 la hora. En su oferta está animar despedidas de soltera, fiestas femeninas e igualmente ser acompañantes de mujeres.

Las membrecías  son otra estrategia de estos negocios. Por USD 5 000 le dan al cliente una clave para recurrir  a este servicio al que puede acceder 15 veces. De esta forma, quien accede obtiene un descuento y genera fidelidad a esa casa de citas.
 A los 25 años estas jóvenes  empiezan a ser relegadas por su edad, ya que los clientes prefieren mujeres más jóvenes para acceder a este servicio.

Las acompañantes destinan más de USD 500 al mes, según sus ingresos, a la compra de maquillaje, cremas, cuidado corporal, gimnasio, entre otros.


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