7 de March de 2011 00:00

La salida de la terminal no mejoró la seguridad en el Centro de Quito

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Mirando a uno y otro transeúntes, camina un hombre por la vereda derecha de la calle Montúfar. Por un instante se detiene cuando junto a él pasa alguien que lleva un bolso o una cartera. Otro aguarda en actitud de alerta, a unos 20 metros, en la Rocafuerte. Uno más, que lleva una mochila negra a su espalda, permanece cerca del lugar.

Apenas advierte de esa presencia, Cecilia A. (nombre protegido) recomienda a los empleados de su tienda que tengan cuidado “porque se trata de uno de los grupos que roban y asaltan a diario”, en el sector del Arco de la Reina, en Santo Domingo (Centro Histórico de Quito). “Como a esta hora (09:00), empiezan a aparecer y roban al que pasa por aquí”, dice.

El Observatorio de Seguridad Ciudadana y la Policía identifican a esta zona como una de las más inseguras del centro. También están La Marín, San Roque y el sector de la 24 de Mayo.

No les ahuyenta ni la presencia, a media cuadra, de cuatro uniformados que conversan junto a la puerta de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC). Además, hay dos patrulleros y dos motos de la Policía estacionados. Tampoco les preocupa el ojo de águila, instalado en lo alto de la esquina de la Rocafuerte y Montúfar.

Cecilia se lamenta que “todas las mañanas se ve a bastantes policías , pero solo llegan a desayunar en un salón que hay frente a la UPC y al poco rato se van”.

Los vecinos confiaron en que con la salida de la terminal terrestre de Cumandá se iba a reducir la inseguridad. Sin embargo, dos años después aseguran que ahora es peor en todos los alrededores. “Como allí ya no hay los retenes de la Policía, los ladrones corren para allá abajo y nadie puede atraparlos”, comenta un vecino que prefirió no revelar su nombre.

Los alrededores de la antigua terminal, que fuera desocupada en julio del 2009 y ahora está en refacción, lucen desolados. A media mañana del jueves anterior, pocas personas caminaban por las escalinatas y por las estrechas calles transversales, que caracterizan a estos barrios. Allí en las noches, el riesgo es mayor.

Todos coinciden que a la hora de salida de clases ocurren más asaltos. Entre Santo Domingo, Barrio Obrero y La Loma funcionan al menos seis planteles educativos: jardín de infantes, escuelas y colegios. Los estudiantes y profesores están entre las principales víctimas de la delincuencia.

Juan Carlos Rivera, inspector general del Liceo Fernández Madrid, de 1 700 estudiantes, dice que a diario recibe al menos tres denuncias de sus alumnos de algún asalto. “Cada mañana vienen a informarnos que sufrieron robos y asaltos con uso de armas como cuchillos o desarmadores. Les quitan sus celulares, mochilas, libros, chompas de uniforme, etc.”. Incluso un estudiante fue amenazado de muerte.

Pese a que transitan en grupos, igual son víctimas de robos. El mayor riesgo para ellos ocurre en las calles Rocafuerte, desde y hacia la plaza de Santo Domingo, y De los Milagros, que desciende hasta el playón de La Marín.

Rivera y los dirigentes del barrio coinciden en que desde las UPC de Santo Domingo y Mama Cuchara hacen patrullajes esporádicos, pero no son suficientes. En la primera, hay cinco uniformados de los cuales tres hacen guardia, mientras dos tienen día de descanso. Por eso la gente decidió asumir iniciativas por su cuenta.

En el Fernández Madrid, por ejemplo, se prevé contratar dos guardias privados para que resguarden a los estudiantes.

Geovanny Molina, quien vive 25 años en este sector, indicó una sirena instalada en lo alto de una vivienda como iniciativa de los moradores de las calles Fernández Madrid, Francia y otras para alertar ante algún acto delictivo o presencia sospechosa.

Eso evitó que el miércoles pasado sea mayor el robo en la tienda de Antonio Salas. Rompieron los vidrios de la ventana para tomar algunas cosas, pero se activó la sirena a tiempo. Ahora él prefirió reforzar las protecciones.

En cambio, Cecilia A., igual que el resto de dueños de negocios, mantiene a la mano dos ‘amansa locos’ (mazos de madera) para defenderse ante algún intento de robo. Estos ocurren a vista de todos, pero nadie se arriesga a intervenir por temor a las represalias.

Venta de droga al menudeo

Según un informe del Observatorio de Seguridad, la venta de alcohol, la falta de vigilancia, entre otros, también están entre los males que afecta a la seguridad del Centro Histórico. Pero sobre todo está la venta de droga al menudeo. Junto al Arco de la Reina; en la Rocafuerte, entre Guayaquil y Venezuela; en la Loja; y hasta en los bajos del Palacio Municipal es fácil ver a grupos de personas dedicadas a ese negocio ilícito.

Carlos R., quien vive en un condominio de la Rocafuerte, indica que, por lo general, son mujeres con niños en brazos o hasta embarazadas. Y, según un agente de la Policía, esa es una estrategia para evitar que se las detenga.

La Policía informó que un inmueble ubicado en la esquina de la Rocafuerte y Guayaquil es uno de los principales sitios de distribución de alcaloides y en el que opera una mujer identificada como ‘La Vicky’. El 26 de febrero, la Policía la detuvo por quinta vez tras encontrar droga oculta en su domicilio, en el sur de la ciudad.

Ángel M., dueño de un local de jugos naturales, asegura que por temor a un asalto tienen que cerrar sus negocios antes de las 19:00. Y que por esa inseguridad los turistas no acuden al sector.

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