5 de March de 2011 00:00

Si sale de viaje este feriado, no sea víctima del método de ‘la mostaza’

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Fernando Sánchez espera una hora, sentado en la primera fila del área de preembarque de la terminal terrestre Quitumbe, en el sur de Quito, hasta el arribo del bus interprovincial que lo llevará a Cuenca. Lo hace sin prestar mayor atención a la silla contigua, donde está su equipaje: una maleta negra y una funda plástica en la que lleva un regalo para su hijo de un mes de gestación.

El diseñador gráfico de 31 años viaja cada feriado. “ Viajo siempre por mi esposa y mi hijo de cinco años, nunca me han robado”, comenta Fernando, quien estima que la hora de llegada a su destino será a las 02:00. “A veces llevo mi computadora portátil, la pongo en mis piernas para tenerla siempre a la vista”, dice el hombre, quien al llegar a Cuenca planea viajar a Gualaceo con su familia.

Según el Servicio de Seguridad Turística de la Policía, la ruta entre Quito y Cuenca es una de las cuatro con mayor incidencia de robos en buses. El más conflictivo es el recorrido entre Baños y Quito, con el 6,24% de casos; le siguen la ruta Quito-Otavalo, Manabí-Quito y Cuenca-Quito, con 4,16% de hechos cada una.

Luis Hidalgo, jefe del servicio de Seguridad Turística de la Policía, refiere que la afluencia de turistas se incrementa en el feriado de Carnaval, por los cuatro días de descanso. “La gente sale a diferentes puntos del país, los principales destinos son las playas o lugares con festividades como Ambato. Habrá turistas nacionales y extranjeros”, afirma.

Al viajar en una flota de transporte interprovincial, Mauricio N. colocó su mochila en el puesto de al lado y cruzó un par de comentarios con la persona que estaba al otro lado del pasillo. Al llegó a la terminal terrestre de Carcelén, norte de Quito, su cámara digital, su filmadora, su iPod y su agenda habían desaparecido.

“Delincuentes que se hacen pasar por turistas cortan con cuchillas las maletas o abren los bolsillos pequeños, es notorio cuando hay objetos de valor como cámaras” señala Silvio Dávila, jefe de la Unidad de Delitos contra la Propiedad de la Policía Judicial.

“El turista es el blanco perfecto de la delincuencia en los feriados, sea que venga a Quito o se traslade a otra región. Las personas más vulnerables son aquellas despistadas, que no conocen o no encuentran direcciones”.

Según el Servicio de Seguridad Turística de la Policía, una modalidad de robo a viajeros es ‘la mostaza’. Consiste en arrojar esta salsa a la víctima, por su espalda. Luego, un desconocido advierte al afectado que su ropa está manchada con excremento de ave. “Los delincuentes, que actúan en grupo, aprovechan que los viajeros colocan sus maletas en el piso para que un tercero se las lleve”, asevera Hidalgo.

Pero no solo en los buses o al caminar por las calles los turistas pueden ser víctimas de robos o asaltos. Dávila sostiene que en hoteles de bajo presupuesto se puede perder el equipaje. “Los delincuentes estruchan las puertas y se roban lo que está ahí. La administración no asume esta clase de robos. En los hoteles reconocidos hay normas de seguridad”.

Entre las víctimas de este delito se encuentran jóvenes. Él recomienda no dejar dinero debajo del colchón ni llevar joyas u cosas de lujo a los paseos. “Lo óptimo es dejar los objetos de valor en cajas de seguridad de la administración del hotel”, dice el oficial.

La Policía también recomienda estar alerta en las playas con personas que ofrecen realizar recorridos por el mar. “Se deben usar servicios que recomiende el hotel”.

El Servicio de Seguridad Turística conoció 1 675 denuncias de turistas en el 2010 frente 1 656 en el 2009. La mayoría de hechos se registró en buses interprovinciales. Entre los extranjeros afectados, un 60% tenía nacionalidad estadounidense. A escala nacional, la Dirección Nacional de la Policía Judicial registró 773 denuncias de robos en carreteras en el 2009. La cifra disminuyó el año pasado a 613 hechos.

Hidalgo indica que en los medios de transporte interprovinciales, al hacer viajes largos, los pasajeros deben estar atentos al equipaje colocado en las bandejas superiores de la cabina del bus, sobre los asientos. “Las personas se cansan, se bajan del bus y dejan su equipaje sin seguridad”, dice.

Karina Buenaño y su novio Óscar González consiguen los dos últimos boletos de las 22:30 para Manta. “Decidimos viajar hoy y volveremos el domingo”, refiere Óscar. Los estudiantes llevan solo dos mochilas y aseguran no tener precauciones adicionales para viajar en el feriado de Carnaval.

Testimonio

 

Víctima de la   inseguridad

‘Me insultaban y me amenazaban con asesinarme’

Tenía la buena costumbre de salir diariamente a trotar a las 06:00. Una mañana la calle estaba casi vacía y el frío era intenso.

No sé por qué pero dediqué unos segundos a ver a dos jóvenes que caminaban supuestamente en estado etílico. Ahora sé que fingían. Presentía algo extraño. Era como si me advirtieran de un peligro. Cuando me disponía a rebasarlos, a tres metros de ellos, uno se viró violentamente y me sujetó de los hombros con fuerza.

Traté de reaccionar, pero desistí de cualquier intento de defensa, cuando uno de los hombres me apretó con un largo cuchillo en mi estómago. De inmediato se encararon conmigo y me profirieron amenazas. Me insultaban y amenazaban con asesinarme si no colaboraba con ellos.

Dejé de resistirme. En mi mente desfilaban muchas escenas familiares. No podía creer que eso me estuviese sucediendo.

Recuerdo que tomé aire y traté de gritar. Les pedí que se llevaran todo y no me hicieran daño.

Satisfechos con mi actitud pasiva, uno de los asaltantes buscó en mis bolsillos. Me quitó el reloj y la chompa deportiva que vestía. Sé que fueron unos segundos pero para mí fueron largos minutos en los que no pude hacer nada.

Cuando cogieron mis cosas se marcharon apresurados. De vez en cuando volvían a ver para cerciorarse que no los seguía nadie.

Ahora tengo miedo de caminar por las calles. No se puede confiar en nadie. Trato de no estar en las aglomeraciones. Es posible que la misma gente que sale supuestamente a practicar deporte sean los mismos asaltantes camuflados y eso genera desconfianza.

Entiendo que me robaron poco, pero estoy asustado. Es la tercera vez que me ocurre esto. Lo que más me llamó la atención es que los asaltantes eran jovencitos. No tenían más de 15 ó 16 años de edad. Eran casi unos niños.

La inseguridad ciudadana en el país crece sin control. No presenté la denuncia, porque eso requería revelar mis nombres y los delincuentes luego se vengan con sus víctimas y hasta con la familia.

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