26 de April de 2012 00:02

Rafael Correa ratifica en sede del Ejército que militarizará combate al crimen

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Los dos aviones Cheetah rugieron sobre el Campo de Marte de la Escuela Superior Militar del Ejército Eloy Alfaro, en señal de que la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) asumía el mando de las Fuerzas Armadas. La última escena: el desfile de tropas y los honores al nuevo jefe del Comando Conjunto, el teniente general Leonardo Barreiro; quien sucedió al general de Ejército Enrique González.

Los dos, vestidos de gala, recibieron los gallardetes para oficializar el cambio de mando: Barreiro recogió la bandera azul de la FAE, de la cual fue comandante desde abril del 2010, y González, el tricolor del Comaco, del cual fue el jefe desde la misma fecha.

En la ceremonia, el presidente de la República, Rafael Correa, fue directo. Desde el atril, en un patio cercado por soldados, convocó a los militares a que hicieran frente al crimen. En media hora sostuvo que la Policía no es la única asignada para enfrentar la delincuencia, sino también las FF.AA.

“La principal preocupación es la inseguridad. Para combatir recurrimos a las FF.AA. Si para eso es necesario cambiar las misiones, estrategias, tácticas, formación y capacitación, debemos hacerlo. Si hay una guerra, compañeros soldados, estamos obligados a enfrentarla y ganar”, dijo.

Los cambios en las tareas operativas de los militares se profundizaron desde el 30 de septiembre del 2010. Según datos a los que accedió este Diario, las FF.AA. ahora están dotadas con equipos policiales.

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En noviembre, el Ministerio de Defensa invirtió USD 2 millones y se compraron, por ejemplo, 600 trajes antimotines, 90 camionetas para el control de armas, linternas, boinas, brazaletes, cinturones para guardar pistolas, etc.

Los comandantes escuchaban a Correa desde la tribuna. Allí estaban los jefes del Ejército, general de División Marco Vera; de la Marina, vicealmirante Jorge Gross, y de la FAE, brigadier general Enrique Velasco. Junto a ellos también estuvo el nuevo ministro de Defensa, Miguel Carvajal.

Barreiro, piloto de guerra que podría comandar las FF.AA. por dos años, reconoció de entrada que “la violencia y la inseguridad son factores que afectan a la población”. En su discurso dijo: “Las FF.AA. ya no podemos considerar como único margen de referencia para la planificación militar a los escenarios profesionales. Debemos considerar una visión integral del problema, analizando todas las amenazas y desarrollando las capacidades de diferentes instrumentos del Estado”.

La alerta más fuerte de los militares sobre drogas y crimen se reveló en el Reporte de Responsabilidad Social, que el Ejército presentó el 27 de febrero. Allí se dijo que el narcotráfico podría desbordarse si el Gobierno no tomaba medidas inmediatas, y que, en ese caso, el Régimen echaría mano de las FF.AA.

En ese entonces, Correa minimizó esa versión, pero ayer dijo que “un país pobre no puede darse el lujo de tener unas Fuerzas Armadas solo para una guerra convencional”, que serían “demasiados recursos subutilizados” y que por ello la nueva tarea es el combate a los delitos.

En Quito, esas operaciones se dirigen desde una oficina amplia. Allí, los oficiales se guían con un mapa. A la ciudad la tienen dividida en zonas y cuatro batallones de entre 100 y 160 hombres cubren cada barrio.

Un alto oficial dice que no son suficientes y que tampoco pueden contabilizar los resultados por el número de detenidos, sino por la cantidad de operativos. En el 2011, las FF.AA. hicieron en la capital 9 740 patrullajes y detuvieron a 21 personas con armas y a 577 por delitos. Según esas estadísticas, lo que más han realizado los uniformados es registro de vehículos: 16 872.

En octubre del año pasado, las Fuerzas Armadas presentaron un proyecto al Gobierno para que se destinen USD 6 millones para comprar carabinas, gas pimienta y bombas lacrimógenas. Ese proyecto no está aprobado y los materiales adquiridos se comenzaron a repartir entre los militares que a escala nacional trabajan en seguridad.

El militar que ha dado alertas permanentes sobre el delito ha sido el general Ernesto González. Ayer, él entregó el mando a Barreiro, tras 39 años en las FF.AA.

Parado frente a las tropas, González se despidió: “Las FF.AA. no pueden abstraerse de apoyar al Estado en el control y mantenimiento del orden interno”, dijo. Salió del Campo de Marte con los nuevos comandantes. Luego, todos fueron al casino y el patio quedó desolado.

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