4 de March de 2011 00:00

Pichincha registró el mayor índice de extorsión en el 2010

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El sobre blanco llegó al buzón de la casa de la cantante de tecnocumbia    hace tres  meses. En este se encontraba un papel escrito  a computadora, en el cual un desconocido  le exigía USD 50 000  para no  secuestrar   a  su hija, de 8 años.

Era la primera vez que, en más de una década  de carrera musical, alguien la extorsionaba. “Primero me   llamaban  por  teléfono  y luego aparecieron  los sobres. No le di importancia al principio, pero luego me asusté porque la situación se daba con más   frecuencia”, señaló  la cantante.

Ella denunció el ilícito a la Unidad Antisecuestro y Extorsión de la Policía (Unase), la cual en diciembre detuvo a un sospechoso. En las investigaciones se conoció  que él la extorsionaba para ingresar a una mafia, cuyos líderes le había puesto como  prueba amedrentar a la artista por dinero.

“Había cartas en las que me citaba en lugares desconocidos. Mi vida ha cambiado”, dice la mujer.  

Estadísticas de la Dirección Nacional de la Policía Judicial refieren que  la extorsión  creció en un 230% en Pichincha en un año. En el 2009 se reportaron 75 casos, frente a 173 registrados  en el 2010. En este último año   hubo 401 denuncias  a escala nacional. Las provincias con mayor incidencia, después de Pichincha,  fueron  Guayas con 87 casos, Esmeraldas con 22 hechos, El Oro con 30 y Manabí con 20.

El norte del país es una zona vulnerable a la extorsión. Según Inteligencia, allí operan  agrupaciones y personas que utilizan los nombres de los Grupos  Ilegales Armados de Colombia (GIAC).

Los ganaderos son los más afectados por esta clase de delito. Una persona vinculada a este sector indicó que los productores de carnes y leche del  Carchi y el norte de Imbabura han vendido sus haciendas para evitarse problemas.

“Se ha vuelto un martirio. Otros han optado por contratar vigilantes privados, especialmente los floricultores”, dice. Él coincide en  que los extorsionadores son delincuentes comunes  que se hacen pasar por  guerrilleros; pero, tampoco descarta que insurgentes se dediquen  a esa  actividad ilícita.

En febrero del 2009 se determinó que la aparición de bandas de extorsionadores en los límites fronterizos entre Carchi y Sucumbíos podría   relacionarse  con los grupos narcotraficantes de Los Rastrojos y Nueva Generación.      

En ese tiempo, un hacendado del cantón Montúfar fue amenazado por supuestos integrantes de las  FARC. A él le exigían USD 70 000 para dejarlo tranquilo.

El 28 de diciembre del 2010, un ganadero y agricultor de 74 años fue secuestrado. La esposa de este señaló que le pedían USD  350 000. Un mes y 10 días después fue rescatado por la Policía.

¿Existe relación entre la extorsión y el  secuestro?   Vicente Reinoso, fiscal de Delitos contra las Personas, considera que la figura de los dos delitos es casi la misma.

A su juicio, a través de la extorsión se solicita dinero a cambio de amenazas o actos de violencia, mientras que en los secuestros se  hace lo  mismo  privándole de la libertad  a una  víctima.

El funcionario agrega que casi no hay denuncias de personajes públicos que hayan sido extorsionados. Añade  que las víctimas de  las extorsiones son, en su mayoría, personas adineradas.

A esto se suman los secuestros exprés, según el funcionario. “La diferencia es que en la industria del secuestro se estudian   los movimientos de las víctimas”, dice. En los secuestros exprés, en cambio, “casi no hay premeditación, pues es inmediato y del momento. Es decir, lo hacen ese rato y le roban lo que pueden”.

Testimonio

Gerardo M. - Víctima de la inseguridad

‘Acepté una carrera y me hicieron secuestro exprés’Yo conduzco un taxi amigo, un automóvil Kia color azul que compré con mi jubilación, hace dos años. El sábado anterior acepté una carrera en la esquina de las calles 9 de octubre y Pedro Carbo, en el centro de Guayaquil.

Ocurrió en la mañana, alrededor de las 07:30. Los que me pidieron la carrera eran tres sujetos, bastante jóvenes. Uno de ellos, el que parecía más joven, se sentó adelante. Vestían bien, por eso no me parecieron sospechosos. Sí me llamó la atención que todos llevaban gafas oscuras y, uno de ellos, que se sentó detrás, usaba una gorra. Hablaban poco.

Me pidieron que los llevara a la Cooperativa Cisne 2, en el Suburbio oeste. Cuando estaba a mitad del trayecto, el tipo que estaba detrás de mí, aprovechó que me detuve en un semáforo y me puso el brazo en el cuello. En ese mismo momento, el que estaba sentado a mi lado sacó un arma y me apuntó por debajo, seguramente para que la gente de afuera no se fijara que estaba armado.

El que me sujetaba el cuello empezó a rebuscarme en los bolsillos. Me sacó la billetera y encontró una tarjeta de débito. El sujeto que me apuntaba con el arma me amenazó para que le entregará la clave de la tarjeta. Me insultó y me golpeó varias veces en la cabeza con la cacha de la pistola.

No tuve más remedio que darles la clave, porque me decían insistentemente que me iban a matar y a dejar botado en el carro.

El que estaba en el asiento de atrás, con la gorra, se sentó al volante, mientras que a mí me pasaron atrás. Condujeron hasta un callejón desolado y allí me amarraron de pies y manos con una cuerda que sacó uno de ellos. Creo que dimos vueltas por alrededor de dos horas, porque los cajeros no les entregaban el dinero.

Cuando lograron sacar el dinero, me llevaron por el sector de la Balerio Estacio. Allí parece que había otro carro que los esperaba, porque cuando llegamos me taparon los ojos y me amenazaron de muerte. Se me llevaron las llaves del carro. La denuncia la presenté el lunes por la mañana.

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