Noemí intentó migrar dos veces y solo halló la muerte

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Lineida Castillo. Redactora lcastillo@elcomercio.com

En la provincia del Cañar la migración atrapa a niños y adolescentes. Los padres que viven fuera del país pactan los viajes -vía telefónica- con los traficantes de personas que operan en Centroamérica o Ecuador.

Noemí A., una de las niñas que trató de llegar a EE.UU. de forma ilegal y murió antes de cruzar la frontera con México, fue enterrada ayer.

Los abuelos de la pequeña llevaron el cuerpo hasta la iglesia del cantón El Tambo para despedirla antes de su entierro. Durante la ceremonia, el sacerdote hizo un llamado a los feligreses para que protejan a sus niños y no les manden al exterior. Luego de la misa, el cuerpo fue llevado a la Fiscalía para realizarle otra diligencia.

Según el fiscal provincial de Cañar, Romeo Gárate, se efectuó una nueva autopsia para determinar las causas del deceso. El funcionario ha pedido a la Fiscalía de México los documentos del proceso y se investiga al coyote que la llevó.

Luego del peritaje judicial, el cuerpo sería enterrado en el cementerio municipal del cantón.

Noemí iba camino a reunirse con sus padres que hace más de 10 años la abandonaron por ir en busca del 'sueño americano'. El pasado 11 de marzo, dos meses antes de cumplir 12 años, fue encontrada sin vida en una habitación de una casa-hogar de México. La Fiscalía de ese país determinó que la niña se suicidó colgándose con una cortina de baño en un albergue, a donde llegó luego de ser detenida con un coyotero que intentaba llevarla ilegalmente a EE.UU.

Ese viaje era su segundo intento. En agosto Noemí partió por primera vez de su natal Molino Huayco, El Tambo, en donde vivía con sus abuelos Cipriano Quillay y María Guamán. Por orden de la madre, la niña fue embarcada en un bus interprovincial con rumbo a Tulcán.

Allí supo que en el mismo transporte y con la misma intención viajaba otra menor del cantón Cañar. Vía telefónica, los padres de Noemí pactaron el viaje por USD 15 000 con un traficante de indocumentados de México, que opera con una red de coyotes en Ecuador.

En Tulcán les esperaba un hombre con el que salieron vía terrestre hacia Colombia y de allí en avión hasta Panamá. Esta es la ruta más utilizada por los coyotes que llevan a menores desde Cañar, un fenómeno que crece y preocupa a las autoridades.

Aunque no existen datos oficiales de migración infantil, la organización no gubernamental 1800-Migrantes ha atendido nueve casos de menores de Azuay y Cañar que fueron detenidos durante su travesía a Estados Unidos, entre el 2013 y lo que va del 2014. Según William Murillo, director de la ONG, se recibe un promedio de tres consultas semanales de abuelitos, principalmente, que buscan asesoría por viajes de menores de edad.

En Cañar casi todas las comunidades tienen niños que migraron en los últimos meses. En el poblado de Molino Huayco 10 menores salieron en este año.

Según el fiscal Gárate, la migración de esta provincia vive un proceso. Primero salió el padre, este llevó a su esposa y finalmente los dos deciden llevar a sus hijos. Quienes optan, por lo general, por esta reunificación son los padres que llevan más de seis años separados de sus hijos.

El Fiscal cuestiona a los progenitores: "vivieron en carne propia los abusos que sufren al transitar por las fronteras y aún así entregan a sus hijos en manos de delincuentes que solo les interesa el dinero y no la vida de las personas".

Él conoce que una tendencia entre las mujeres migrantes, incluida las adolescentes, es que para el viaje llevan la píldora del día después para que en caso de ser agredidas sexualmente no se queden embarazas.

Hace 10 años, cuando los padres de Noemí se marcharon de El Tambo soportaron casi tres meses de travesía, extenuantes caminatas por el desierto, encierros, dos detenciones y el asalto de grupos armados, contó un familiar.

La niña vivió lo mismo. En su primer intento pasó casi tres meses encerrada con su compañera de viaje (otra niña de 10 años) en un cuarto en Panamá, hasta que regresaron a Cañar. Cipriano seca sus lágrimas y recuerda que de forma sorpresiva llegó a su humilde casa de adobe donde creció desde los seis meses.

Noemí les contó que siempre pasó encerrada y que solo les daban pan o galletas con cola. "Por eso bajó de peso. Pasaba triste, callada y llorando", recordó Cipriano. Para mantenerla ocupada la inscribieron en la escuela donde siempre fue la mejor alumna.

Cipriano pensó que allí terminó el afán de los padres de llevarse a la menor, pero no fue así. El 6 de febrero pasado, el abuelo entregó otra vez a su nieta a una mujer de Cañar con quien viajó hacia Quito. Con ella también iban otras dos niñas de 8 y 10 años.

El hombre supo de su nieta el 12 de marzo cuando su yerno le llamó y le dijo: "Noemí se murió". Cipriano dice que discutía con frecuencia con los padres porque nunca estuvo de acuerdo con el viaje. "Les dije que es una niña y que no la expongan a riesgos, que aquí no le falta la comida". Este segundo intento pactaron los padres con otro coyote de Cañar.

Cipriano conoció que los tres menores que viajaron con su nieta en los dos intentos ya están con sus padres en EE.UU. En Molino Huayco hay casos de menores, como otro nieto de Cipriano, que se resiste a viajar pese a la insistencia de los padres; y otros que han sido detenidos y deportados.

Gárate señaló que la Fiscalía de Cañar investiga este y otros casos de tráfico de menores, pero hace falta que las familias proporcionen la información para ubicar a los responsables. Pese la escasa colaboración -dice Gárate- en esta provincia hemos obtenido más sentencias condenatorias (60%) por tráfico de migrantes o estafas relacionadas a la migración, que en el resto del país. "Hace seis años se obtenía máximo una condena y ahora unas 25".

Cipriano cuenta que no conoce nada de los coyotes que llevaron a su nieta hasta México porque los contactos y el pago lo hicieron los padres desde Estados Unidos.

En contexto
El cuerpo de la niña Noemí llegó a Cañar el fin de semana pasado. Ayer se realizó la misa de cuerpo presente, a donde acudieron sus abuelos, quienes la criaron durante 10 años. Sus padres la dejaron a su encargo cuando migraron ilegalmente a Estados Unidos.

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