21 de May de 2011 00:03

Narconovelas y salud mental

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Abril del 2010. En la primera página de un periódico resalta la fotografía del actor de la telenovela 'El Capo'. La imagen es usada para graficar la noticia de la captura del jefe del cartel del Norte del Valle (Colombia), en una cafetería de Quito.

En la página 2 de aquel diario, un artículo da cuenta de la detención en Quito y otro contiene la ‘divertida’ reseña de la telenovela: la realidad mostrada como una ficción.

El narcotráfico, el sicariato, el secuestro, el lavado de activos, la explotación sexual, el prestadiario son delitos conexos y desde hace meses visibilizan su violencia en la cotidianidad de Ecuador. Pero la televisión, en lugar de ir más allá de la enumeración de hechos o de profundizar en las causas y contextos, parece hacer una apología del delito.

Las narconovelas banalizan el respeto a la vida y a la normativa, y privilegian un nuevo ‘sueño americano’: el del latino pobre que desafía a la ley a cambio de hacerse de fincas con piscina, mujeres en traje de baño, autos de lujo, avionetas y guardaespaldas con ametralladoras.

¿Cuán responsable es esa narcotelevisión en la edificación de una nueva escala de valores, en la reproducción de la violencia, en la indiferencia social frente al crimen?

En abril, la Policía allanó una finca ocupada por Los Choneros y halló copias completas de las telenovelas ‘El Cartel’, ‘El Capo’ y ‘Rosario Tijeras’. La Fiscalía ha vinculado a esa banda con el sicariato en la Costa.

En Sinaloa, México, se acaban de prohibir los narcocorridos (rancheras que relatan ‘aventuras’ de los narcos) para reducir el crimen. Acá, la narcotización del entretenimiento requiere al menos análisis, como freno a la violencia y aporte a la salud mental.

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