19 de July de 2010 00:00

La muerte de un cardiólogo se investiga

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Redacción Guayaquil

La puerta del consultorio médico está cerrada desde el martes pasado. Ese día, una pareja ingresó al lugar a las 15:00 supuestamente a realizar una consulta. Luego se conocería que su verdadera intención era asaltar al cardiólogo Fausto Patiño Martínez.Según la Policía, el galeno trató de evitar el asalto, pero recibió varias puñaladas. El médico que realizó su autopsia dijo que se halló en su cuerpo señales de golpes. Una hora después, uno de sus hijos encontró el cadáver en el baño del consultorio.

El crimen causó conmoción entre los vecinos de las calles Dolores Sucre y T.C. Wright, en el barrio Centenario. El sector es uno de los más vigilados de la zona sur de Guayaquil.

El consultorio donde se cometió el crimen está a solo dos cuadras de la residencia del alcalde de la ciudad, Jaime Nebot. Allí patrullan de forma permanente guardias de una firma de seguridad privada, metropolitanos y la Policía.

Según la Dirección Nacional de la Policía Judicial, en el 2010 se han registrado 721 asesinatos. La mayoría (307) se cometió en la provincia del Guayas. En Pichincha hubo 72 y en Esmeraldas 70 casos.Esta semana, Philip Alston, relator de las Naciones Unidas, incluso dijo que, en los últimos 20 años, las muertes por cada 100 habitantes se habían duplicado; de 10,3 a 20. “Solo el 1,3% de las muertes denunciadas terminaron en una sentencia condenatoria”, refirió. Lo que significa que existe un alto índice de impunidad en el país, por ese delito.

La mañana del viernes, el barrio Centenario lucía desolado. Casi nadie circula por las veredas y los grandes pórticos de las casas estaban cerrados.

Solo en la casa 709, de la familia Patiño, se escuchaban murmullos. En el inmueble, de paredes grandes y blancas, se distinguía una placa de hierro con el nombre del cardiólogo.

A través de una hendija de la puerta principal se observa en el fondo a los familiares y amigos del galeno, vestidos con trajes negros.

Solo un día antes, a las 12:45, el cadáver de Patiño fue enterrado en el camposanto Parque de la Paz, de Samborondón.

En la acera de la calle T.C. Wright, un chofer de la familia aguarda dentro del vehículo. “El doctor era bueno, no se merecía una muerte como esa”, dice mientras observa el sitio donde se cometió el asesinato. En la entrada del consultorio hay otro cartel: ‘Fundación Pro Desarrollo Integral Sustentable (Funprodis). Salvando Esperanzas’. El cardiólogo, de 77 años, era director de esta ONG de ayuda social.

La tarde del martes 13 de julio, un equipo de la Policía Judicial llegó al barrio Centenario para el levantamiento del cadáver y el peritaje del lugar del homicidio.

El proceso se realizó en medio de la admiración de varios vecinos que se quejaron por la inseguridad en el sector. “Siempre se escucha de asaltos y secuestros. Ahora el asesinato de un hombre inocente. Hay mucho peligro”, contó un vecino que prefirió mantener en reserva su nombre.

El médico Patiño, agregó, no tenía problemas con nadie. “No nos explicamos por qué alguien querría asesinarlo”.

El día de la muerte, este Diario confirmó que una alarma silenciosa de auxilio se activó en la vivienda. Ante la alerta, dos guardias de la compañía privada Mac Security se acercaron al sitio, pero dijeron que las puertas del consultorio no fueron forzadas y que no hubo ninguna novedad.

El abogado de la familia, Ernesto Sampedro, explicó que los sujetos se llevaron una computadora portátil y dos celulares del consultorio. Algunos familiares creen que los asesinos buscaban una computadora portátil que un paciente vendió a Patiño hace ocho meses. El equipo, supuestamente, tenía información de su interés.

“Luego de que el doctor compró la computadora, la misma persona que se la entregó pidió que se la devolviera. Pero ya había pagado por ella y no quiso devolvérsela”.

En el Ministerio Público abrió una indagación previa para conocer si existe relación entre la compra y el crimen. María Dolores Coloma será la fiscal encargada de investigar el caso.

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