26 de July de 2010 00:00

La Minga de la Alegría unió a 20 jóvenes internas

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Redacción Judicial

‘La única forma de aprender es errar”. La reflexión es de Karina (nombre protegido). La adolescente de 15 años aprendió en el 2008 que las faltas se pagan, pero también enseñan. Ella vivía con su madre en La Ecuatoriana (en el sur de Quito). Allí conoció a Gabriel (nombre cambiado), su gran amor, un joven 10 años mayor que vendía estupefacientes.

En agosto del 2008, él le pidió que llevara una mercancía y ella accedió porque quería hacerlo feliz. “Ese día me cogió la Policía con 3 libras de marihuana, en La Mariscal. Desde entonces estoy aquí”. Se refiere al Hogar de Tránsito El Buen Pastor, en el sector La Moya (en Conocoto).

Las adolescentes infractoras, de entre 14 y 18 años, cumplen sus internamientos en ese centro. La casa es de arquitectura clásica en la que resaltan largos corredores de paredes blancas. En el espacio de amplias habitaciones y un patio central conviven 20 jóvenes. Todas reciben formación básica (como Matemáticas, Castellano, Biología, etc.).

Para Lucía (nombre protegido) el internamiento no es un castigo, porque aprendió a leer y a escribir. Aunque no sabe mucho sobre su futuro, la adolescente de 14 años espera convertirse en una reportera de farándula.

El ambiente apacible fue visibilizado el sábado, durante la Minga de la Alegría. Dentro del proceso de orientación, las jóvenes pintaron las paredes blancas del patio central. Flores, estrellas, corazones, etc., hicieron parte de la restauración del espacio.

17 latas de aerosol en tonos violeta, rojo, amarillo, azul, verde' sirvieron como insumos para la misión. Fabiola (nombre protegido) estaba feliz. Nunca había visto un grupo de capoeira. El grupo de la Casa Metropolitana de las Juventudes hizo una demostración.

A la joven de 14 años le impactó tanto que quiere practicarla. Ella entró hace un mes al centro, por robo, y permanecerá allí por tres meses. “Este lugar es agradable porque me tratan bien”, dice.

Lucía comparte el sentimiento. Su mayor preocupación en este momento es que terminará su condena en noviembre. Le da miedo regresar a la casa de su madre, donde ha sido maltratada por su padrastro.

Freddy Pavón, viceministro de Justicia, reconoce que una parte importante en el proceso de reinserción de las jóvenes es que encuentren tranquilidad en sus hogares. Por ello, dice, el Ministerio de Justicia maneja un programa con trabajadoras sociales que acompañan a los jóvenes que salen de los centros de reclusión.

“Aquí estamos trabajando en enseñarles oficios para que cuando salgan no vuelvan a lo anterior, sino para que tengan con qué defenderse afuera y sean productivas a la sociedad y para sí mismas”, dice Fredy Heredia, concejal metropolitano.

Este Hogar de Tránsito es un centro de orientación modelo en el país. “Están dispuestas a aprender y redefinir su vida para mejorarla”, asegura Heredia. Por ello, “estamos trabajando en que sientan este espacio como suyo. Que no crean que en este lugar se les arrincona para cumplir una sanción”, puntualiza Heredia.

Para Karina lo más duro ha sido comunicarse con su madre, “porque me dijo que cuando saliera de esta no volviera a su casa”. Pero en el centro aprendió que las segundas oportunidades son posibles. Su sueño es instalar una cafetería en su barrio.

Hoy se hace un anuncio

Los ministerios  de Inclusión Económica y Social (MIES) y de Justicia  presentan hoy un proyecto de reforma legal al Código de la Niñez. La rueda de prensa es a las 10:00, en el MIES.

En Quito hay otro  lugar de internamiento para menores varones. Se trata del Centro de Orientación Virgilio Guerrero, que funciona en la Isaac Albéniz, en el sector de El Inca, al norte.

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