7 de November de 2011 00:01

‘El miedo volvió a mí cuando creía que todo estaba solucionado’

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Pedro Baque se siente presa de una persecución y quiere que lo dejen tranquilo. Mi vida nunca fue la misma después de febrero de 1999. Era un miércoles, a las 17:00. Regresaba desde el cantón Santa Ana a Manta junto a los hermanos Carlos y Jorge Jaramillo, luego de que habíamos ido en busca de unos chalecos para usarlos en una competencia motociclística.

De pronto, un vehículo se nos interpuso en el camino y nos obligó a parar. Estábamos en la zona conocida como El Guabito. Quienes iban en el vehículo nos obligaron a detenernos, se identificaron como policías y vestían de civil. Bájense de la moto nos dijeron y, sin explicación alguna, uno de ellos disparó a Carlos Jaramillo, quien falleció en ese instante.

Esa ejecución nos amedrentó, yo estaba confundido y no sabía qué hacer. Jorge me dijo que me calmara mientras los uniformados nos gritaban y trataban mal. Después de unos 20 minutos aproximadamente, una camioneta doble cabina roja llegó y subieron el cadáver en el balde.

Nos vendaron los ojos y nos embarcaron en el vehículo con dirección al sur de Manabí. Después de una hora de viaje aproximadamente, pararon la camioneta y nos bajaron. A Jorge le interrogaban y le decían que confesara algo. En tanto, yo estaba confundido pues no sabía de qué se trataba.

Jorge les decía a los policías que no me mataran, “el pelado no tiene nada que ver, él no sabe nada”. De pronto, escuché varios disparos y Jorge no volvió hablar, el ambiente se quedó en silencio por algunos minutos. “Es tu turno”, dijeron, y me dispararon tres tiros a la cabeza. Caí al suelo y quise levantarme, pero uno de ellos dijo “remátalo que sigue vivo” y me dispararon cuatro veces más por la espalda. Volví a caer pero ya no me levanté. Yo recuerdo que seguía consciente y ellos no sabían, me dieron por muerto. Esperé que se vayan, logré quitarme la venda de los ojos y empecé a caminar hacia la vía que conduce a Jipijapa, era un kilómetro, los últimos 100 metros me arrastre porque perdía las fuerzas para moverme.

Una persona que me encontró me llevó al hospital en Jipijapa y después mi familia me trasladó a Manta. Siete meses duró mi recuperación. Los médicos me reconstruyeron el maxilar y realicé muchas terapias para volver a tener movilidad en el rostro.

Yo creía que después de la balacera y me recuperación las cosas seguirían su rumbo normal, pero fue todo lo contrario. Hace cinco días, nuevamente la Policía irrumpió en la vida de mi familia y se llevó sin boleta de detención a mi hermano Javier. Lo quieren relacionar con la muerte de un señor al cual mi hermano le arreglaba los frenos de sus vehículos.

El miedo ha vuelto a la segunda vida que Dios me dio. Han pasado 12 años, con la ayuda de mi familia trato de reponerme del infierno en el que he vivido por la culpa de unos cuantos malos gendarmes que quisieron matarme.

Viví seis años con resguardo militar. Los primeros 14 meses estuve encerrado como un preso en la Primera Zona Aérea en Quito. Los uniformados de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE), a quienes guardo una especial estima, estuvieron con paciencia apoyándome siempre en lo que podían.

Después regresé a Manta en el 2001. Fui a la Base Aérea de Manta y luego me integré a trabajar en el taller de arreglo de frenos de mi padre. Ayudaba en lo que podía, los policías siempre pasaban frente al negocio familiar, reducían la velocidad de sus vehículos cuando me veían en el lugar.

Seguía con el apoyo de efectivos de la FAE. Un día con la autorización de ellos salí en una motocicleta a comprar un repuesto que nos solicitó un cliente. A la altura del Supermaxi (suroeste) de la ciudad, me detuvieron unos policías. Me dijeron que era sospechoso de haber asaltado Produbanco. Un señor que pasaba con su hijo en una motocicleta justo el momento que me detenían dijo ¡qué pasa! y se lo llevaron.

Un abogado de la Fuerza Aérea Ecuatoriana y mi familia hicieron los trámites y salí después de haber estado seis horas encerrado.

Luego me fui a vivir a Chile, ahí trabaje en una empresa de teléfonos. Tras dos años de permanencia, regresé al país en el 2009.

Cuando pensaba que había paz en mi vida, porque me casé, tuve un hijo y vivía en aparente tranquilidad, vienen y se meten con mi hermano. Esta serie de atropellos merma la salud de mis padres y toda mi familia.

Mi madre fue hospitalizada por tres horas en Manta, el último sábado y mi padre sufre, pero en silencio. Eso me preocupa, todo esto nos tiene golpeados anímicamente a toda la familia.

Le pido al presidente de la República, Rafael Correa, que nos ayude. Él sabe lo que significa caer en manos de policías malos, después de lo que le sucedió el 30-S. Si el Presidente me recibiera, le contaría con detalles lo que sucedió en el caso Baque. Nosotros queremos que nos dejen vivir en paz. Alguna vez hasta se nos pasó por la mente irnos del país, pero reflexionamos y desistimos de esa decisión. Nací en Manta y es una linda ciudad, pero a veces llegan malos policías.

Lo que hemos vivido con mi familia es muy doloroso, pero continuamos con nuestro oficio de mecánicos de frenos de vehículos.

Ahora vivo con miedo y no quiero salir a la vereda de mi local por temor a que me amenazaran. Yo prefiero que Dios se encargue de hacer justicia después de todo lo que ha sucedido. Solamente él hace las cosas con equidad.

Amnistía Internacional

En un documento,  publicado en septiembre del 2000,  la organización Amnistía Internacional informó que el  “caso de Pedro Baque y de los hermanos Jaramillo   es  un ejemplo   de los   casos de violación de DD.HH. cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad en Ecuador”.  

En  febrero del 2000,  esa  organización  escribió al ex presidente Gustavo Noboa. Esta  considera que el hecho de atribuir la competencia jurisdiccional en estos casos a los tribunales policiales constituye  uno de los factores principales que contribuyen  a la impunidad.
La organización  cree asimismo que los tribunales de Policía no son independientes ni imparciales y que, por lo tanto, los miembros de la Policía responsables de cometer violaciones contra los derechos humanos deben comparecer ante los tribunales de la jurisdicción civil.

Un año después del  crimen, cometido el 11 de febrero de 1999,  Pedro Baque  permaneció  vigilado las  24  horas del día por   agentes de Inteligencia Militar, en la Base Aérea  (norte de Quito).

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