13 de April de 2011 00:00

‘El hombre de la moto me puso un cuchillo en la garganta’

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Me robaron a plena luz del día. Fue un sábado a las 15:00. Vivo en la Ciudadela Universitaria (Manta). Había comprado una bicicleta, de esas de aluminio, porque me dijeron que ese material no pesaba mucho y era mejor para hacer ejercicios.

La bicicleta me costó USD 450. Con la tarjeta de crédito diferí el pago. También me adquirí el casco, la licra pantalón, la licra camiseta, una poma de agua... Todo estaba listo para los ejercicios.

Salí a dar vueltas por el sector, donde varias calles, la mayoría asfaltadas, todavía tienen lastre. A los 20 minutos de recorrido, desde una calle estrecha, aparecieron dos hombres en una motocicleta. Recuerdo que se pararon frente a mí y me dijeron bájate. Me insultaron fuertemente.

Mi instinto hizo que me aferrara a la bicicleta, eran USD 450 de deuda pendiente. Como no dejé que me quitaran, el que manejaba la moto se bajó con violencia, sin pagar el motor.

Me puso un cuchillo a la altura de la garganta. Me dijo: “¿Quieres que te desfiguremos ese hermoso rostro?, colabora entonces”.

Inmediatamente me dije las cosas van en serio y no me que quedó otra que dejar que se llevaran la bicicleta. Antes de huir, el hombre que iba detrás del que manejaba la moto se paró frente a mí y empezó a toparme las partes íntimas. Eso fue lo peor. Nunca me había sentido tan ultrajada.

Luego se fueron y me quedé sentada en el bordillo de la vereda. Lloraba de rabia mientras me acomodaba la ropa.

Después de media hora del robo apareció un vecino que iba en su auto. Me preguntó que qué me pasaba y le conté todo. Mi cuello y pecho estaban enrojecidos por el maltrato de esos individuos.

Mi vecino me sugirió que vayamos a la Policía Judicial y a la Fiscalía a poner inmediatamente una denuncia. No lo hice, pues me exponía a que varias personas se enteraran de lo que me pasó.

Ahora comprendo por qué la gente detesta tanto a los delincuentes. Si pongo la denuncia será por gusto. Con eso no van a detener a los antisociales que se dedican a vivir del esfuerzo ajeno.

Lo peor de todo -según me dijo un abogado- es que los delincuentes incluso pueden decir que yo estaba de acuerdo con lo que hacían, pues no había testigo alguno. Ya me imagino cómo se sentirán las mujeres que son abusadas sexualmente. Hasta que a una no le pase este tipo de experiencias no conoce lo horrible que es sentir un robo.

Cuando los atrapen, a este tipo de personas deberían sentenciarlas a muchos años de prisión.

Ahora ya ni me acuerdo de mi bicicleta, pero el ultraje en mi cuerpo queda marcado.

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