21 de October de 2012 00:01

Las heridas dejaron huellas, pero no pararon sus tareas en la Policía

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El niño cumplió 3 años, pero no hubo fiesta. Su padre le prometió llegar con la torta y no lo hizo. Un tiroteo lo impidió. Era el 13 de diciembre de 1995. Víctor Rosero tenía 28 años. Llevaba nueve en la Policía. Trabajaba en Tránsito y un poco antes del mediodía un colegial gritó y alertó que sospechosos robaban a un banco de la Gaspar de Villarroel y Amazonas.

Rosero corrió al lugar. Uno de los cinco armados abrió la puerta y comenzó a disparar. Una bala se incrustó en su brazo derecho y las otras dos en el costado. Tumbado en el piso pidió refuerzos por la radio. Otros policías siguieron a los desconocidos que se habían llevado 80 millones de sucres.

La gente subió al policía al balde de una camioneta. Allí estaba el estudiante. También lo hirieron.

Cuando iban por las avs. Mariana de Jesús y América el adolescente murió. Rosero lo vio y lloró.

17 años después las escenas aún están latentes. Ahora es suboficial. Tiene 45 años. Las secuelas del tiroteo quedaron en su cuerpo: una bala le provocó problemas en el sistema nervioso y le impidió la movilidad completa del brazo derecho. Pero eso no ha impedido que siga en la Policía, aunque no hace trabajo operativo.

Un año después del asalto a Rosero lo trasladaron a la Central de radiopatrulla y allí permaneció hasta el año pasado. En el 2011 hubo otro giro en su vida: le cambiaron a la garita del Hospital de la Policía. Ocurrió porque sufrió una parálisis facial que los médicos asociaron con los disparos.

En la Policía, 396 uniformados registran algún tipo de discapacidad. De ellos, 224 tienen problemas físicos generados en operativos policiales como el de Rosero.

Pero también los causados por accidentes de tránsito. Daniel Hermoza es uno de ellos. Él es director de la Unidad de Atención al Policía con Discapacidad y quien precisamente coordinó el pase de Rosero a la garita del hospital.

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Dio seguridad a Bucaram

Era el 24 de junio de 1996. Hermoza regresaba de Ibarra, tras cerrar la campaña del entonces candidato a la Presidencia de la República, Abdalá Bucaram, a quien brindaba seguridad.

Viajaba a Quito en el asiento de copiloto de una camioneta. Se quedó dormido y cuando despertó había pasado dos meses en terapia intensiva y no podía hablar.

Su familia le contó que el auto había chocado con un tráiler. Había llegado inconsciente al hospital, con fracturas en sus piernas y una lesión en la espalda. Pasó seis meses hospitalizado, un año en silla de ruedas y dos más con muletas. Luego de tres años de recuperación, las secuelas seguían y prefería ocultarse de los compañeros. “No participaba en reuniones sociales. La gente me veía raro y no quería pasar como un policía que no podía hacer cosas”.

En el 2007 obtuvo el carné del Consejo Nacional de Discapacidades (Conadis), aunque ahora recobró todos los movimientos.

Una caída desde la ventana

Jorge Arias, en cambio, no pudo recuperar la movilidad. Una caída desde el segundo piso de un edificio le dejó tetrapléjico.

Era el 2006. La puerta de su casa se quedó con seguro por fuera y él debía ir a un operativo. No pudo salir e intentó hacerlo por la ventana, pero se resbaló.

El golpe que sufrió en el cuello lo dejó sin movimiento en los brazos y piernas. Estuvo hospitalizado un mes y dos años recibió descanso médico. Cuando el permiso terminó se preocupó por su permanencia en la Policía. Entonces llegó a la Unidad de atención al policía y Hermoza le propuso que sea parte de su equipo.

Ahora da charlas de motivación en destacamentos policiales y en escuelas de la ciudad.

Nunca está solo. Geovana Fiallos, su esposa, lo acompaña en sus actividades. Ella maneja un carro acondicionado para la silla de ruedas. Todas las mañana lleva a Arias a su oficina, le ayuda a ingresar datos en su computadora, lo alimenta y al mediodía salen para la rehabilitación de la que también se encarga.

Cuando ocurrió la caída eran novios. Arias le rogó por meses que lo dejara pero ella jamás se separó de él y en el 2009 se casaron. Ahora buscan tener un hijo.

A la espera de una cirugía

En la Unidad de atención al policía la gente entra y sale. Fausto Banegas es uno de ellos. Es sargento primero y su brazo izquierdo está inmovilizado por completo. Hace ocho años era parte de la seguridad del entonces comandante de Policía, José Vinueza y comando del Grupo Especial Móvil Antinarcóticos (Gema).

El accidente ocurrió en el 2004 cuando iba en una moto.

A la altura de la Y, un bus se cruzó y lo arrojó hacia un muro. Pese a que iba con casco el golpe hizo que la cabeza se le desplazara hacia la derecha, mientras que el hombro giró a la izquierda. Los tendones se le rompieron.

En el hospital se opuso a que le amputaran el brazo. Tenía la esperanza de encontrar una solución. Hace un año se enteró de un médico español que podía devolverle la movilidad con una microcirugía de trasplante de tendón y músculo. La depresión lo afectó y hasta consideró el suicidio, pero pensó en su esposa y sus tres hijos.

Antes del accidente concursó en Mister Quito. Era físico culturista y se preparaba para una competencia nacional.

Su parálisis parcial no le ha impedido seguir incluso con el deporte. Todos los viernes a las 14:00 entrena para el campeonato de fútbol interfuerzas que en diciembre realizarán policías y militares con discapacidades.

El jueves, a las 07:00, Banegas salía de su turno en la Central de radiovigilancia. Trabajó la noche y en la mañana con un golpe de puños se despidió de Arias...

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