31 de July de 2011 08:54

‘Golpeé a ese hombre para que soltara mi cartera’

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Soy  propietaria de una tienda de abarrotes. Era temprano cuando un hombre que parecía un comerciante entró al local.
Era alto, gordo y hablaba con acento costeño. Vestía un pantalón jean, camisa color rojo y una gorra negra. En su espalda cargaba  una mochila y en sus manos mostraba  medias, gorras y camisetas. Me sentí nerviosa.

[[OBJECT]]El hombre me solicitó varias gaseosas. Ahora que lo pienso, esa fue su estrategia. Eso me obligó a dirigirme  hacia  la bodega y lo dejé solo en el negocio.  

Cuando regresé, el supuesto comprador ya no quería las colas. Me pareció extraño y me puse en alerta. Miré  que con su mano sostenía y se apretaba la barriga.

Allí escondía mi cartera.  El celular se lo había guardado en otro bolsillo de su vestimenta.

Sin embargo, pude mirar el  tirante de mi cartera de color negro. Dudé en reprenderle, pero me enojó el no ver mi celular.
Me armé de valor y le descargué un golpe en el torso. El puñetazo lo hizo retroceder  y se golpeó contra la puerta de vidrio del refrigerador.   El movimiento brusco lo obligó a soltar el botín. La rabia que sentí influyó para que no midiera las consecuencias de mis actos. En lugar de temer por mi seguridad,  me preocupé  que pudiera romperse  la nevera.

Pero mi decisión lo desarmó.  Le gané la moral. En mi cartera tenía papeles personales y unos USD 20 aproximadamente.
Volvimos a forcejear hasta que conseguí que también soltara mi celular.  Era un modelo antiguo y algo viejo.    El hombre, como dije, se acobardó. No me hizo daño  y se fue    caminado como si no hubiera hecho nada.  Solo vi  que se perdió entre la gente.  

Yo temblaba por  los nervios y la rabia.  Luego entré en pánico. Un cliente ingresó y me auxilió. Me preguntó qué había sucedido y trató de  tranquilizarme.    

Los dos salimos a buscarlo.  Lo  hicimos  por toda la cuadra.  Llamamos a la Policía  y luego de algunos   minutos arribaron varios uniformados  al sector.

Reanudamos la búsqueda con ellos,  pero este se había marchado de inmediato y no lo encontramos. Los  policías   rastrearon por las calles cercanas y por la zona del Palacio de Justicia.  A la búsqueda se les unió  un patrullero  y varias motocicletas. Fue inútil.

En las investigaciones  se dedujo que aquel individuo  frecuentaba   otros sectores céntricos de la ciudad. Los vecinos también habían sufrido robos.

Ese incidente me volvió desconfiada. Ahora estoy demasiado  pendiente de cada persona que ingresa a mi negocio.

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