22 de September de 2012 00:03

Frágil atención a las víctimas que caen en redes de trata de personas

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De escalones y piso de madera. Una sala con cojines rojos y alrededor un pequeño televisor. Con tres habitaciones y literas de madera. Una amplia cocina y lavandería. Esta es una casa que acoge a víctimas de trata de personas y que es manejada por religiosas.

Según Lorena Chávez, coordinadora de Protección Especial del Ministerio de Inclusión Social (MIES), existen solo cinco casas de este tipo en el Ecuador.

Pero un informe auspiciado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Unodc) dice que esta sería la única casa que atiende a mujeres adultas en el país. Y alerta: “Las casas de acogida especializadas que existen son insuficientes para las necesidades nacionales”.

Es más, en el documento de 183 páginas se advierte que los centros existentes solo acogen a mujeres adolescentes sometidas a explotación sexual.

¿Qué sucede con otras víctimas? No tienen lugares donde los protejan. En sus conclusiones, la ONU recomienda financiar otro tipo de albergues “especializados también para mujeres mayores de edad e incluso hombres”.

La Red Antitrata del Ecuador identifica otros inconvenientes. El número de quienes tienen cobertura también es mínima.

La Fundación Nuestros Jóvenes, de Quito, es uno de los cinco centros que ayuda a las adolescentes. En promedio, cada año recibe a 35 personas. Al menos el 5% ha vuelto a caer en una red.

En esta Fundación, las víctimas pasan por un período de observación y luego reciben asesoría para identificar una posible ocupación laboral o educativa.

Su casa, que está en la capital, tiene una capacidad máxima de 25 personas. Paulina Cáceres, directora ejecutiva, cree que es insuficiente. Más aun cuando “el 91% de las personas en el Ecuador no conoce qué es trata. Es un problema invisibilizado”.

Mañana será el Día Internacional Antitrata, pero el Ecuador llega a esta fecha sin cifras claras.

En mayo pasado, en el Primer Encuentro Nacional sobre Trata de Personas la estimación fue de 6 000 víctimas al año. Pero el subsecretario de Garantías Democráticas del Ministerio del Interior, Diego Falconí, habla de “varios miles de víctimas”. Mientras que el informe de la Unodc confirma que existe “un subregistro alto” y “contradicciones de las diferentes estadísticas estatales y las de la sociedad civil”.

La Red que trabaja en contra de este delito considera que esto no permite tener una real dimensión del problema. Aunque en el artículo 66, numeral 29, de la Constitución se dice: “los derechos de libertad también incluyen… La prohibición de la esclavitud, la explotación, la servidumbre y el tráfico y la trata de seres humanos en todas sus formas”.

De enero a agosto de este año, la Policía ha registrado 112 denuncias. La mayoría fue en Guayas (34), Pichincha (13), El Oro (12) e Imbabura (11). El año pasado hubo 124 quejas.

La casa manejada por las religiosas ayuda desde hace ocho años a las mujeres mayores de edad que han sido explotadas sexualmente. En la trata de personas actúan redes nacionales e internacionales, según la Policía.

La ONU señala que este delito mueve más de USD 32 000 millones anuales en el mundo. La religiosa cuida que la ubicación de este hogar no sea conocido. Evita las grabaciones de audio y video. Tampoco se pueden realizar fotografías. “Ahora no hay chicas, si una estuviera aquí el ingreso estaría totalmente prohibido”.

La frontera norte

A este hogar han llegado víctimas de trata sobre todo de la frontera norte. Desde allí son trasladadas a Quito para recibir protección por un máximo de dos meses. Un estudio de la Flacso revela que Lago Agrio “es una zona de origen, tránsito y destino de la trata de personas”. Pero añade que los registros oficiales dan cuenta del delito “de manera marginal”.

A la casa religiosa solo pueden llegar hasta siete mujeres. Para la madre, su hogar también “es insuficiente”. Cuenta que en ocasiones las mujeres deben mantenerse en un hotel hasta que se libere alguna habitación. Allí la mayoría del personal, entre psicólogos y médicos son voluntarios.

Este centro no es el único con problemas económicos. En Machala, personal de una casa que acoge a menores de edad afectadas por este delito tienen inconvenientes para movilizarse a los lugares de origen de las víctimas.

Sus directivos cuentan que en el 2011, por falta de recursos estatales, trabajaron “unos meses con sueldo y otros sin sueldo”.

Su capacidad es para 15 personas, pero por la demanda han recibido hasta 21 adolescentes. “Eso nos produce hacinamiento, la casa no tiene esa capacidad. El personal es reducido”, dice una de sus representantes.

En la casa de la congregación religiosa en Quito suenan máquinas de coser y tijeras. Su planta baja ha sido adecuada para talleres que también reciben a trabajadoras sexuales de Quito.

Clic aquí para ver la infografía

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La impunidad

El Ecuador es un país  de origen, tránsito y destino para la trata de niños, adolescentes y adultos, según la Organización Internacional de la Migraciones.

Desde el 2010 se  registraron 289 denuncias en la Fiscalía de trata de personas en el Ecuador. El 98% de estas quejas quedó   en la impunidad.

De enero a agosto del 2012, el 78% de las víctimas por trata  fueron mujeres, según cifras de la Policía Judicial. El Gobierno calcula  que anualmente el 66%  de las víctimas en Ecuador son mujeres y niñas.

En el 2009 y 2010, el 64%  de las víctimas que fue  atendida  en Pichincha eran   ecuatorianas, según informes   de las Naciones Unidas (ONU).   

En 11 provincias se ha  detectado la mayor incidencia en trata con fines de explotación sexual. Entre ellas constan   Sucumbíos, Pichincha, Guayas, Azuay, etc.


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