25 de May de 2011 00:02

FF.AA. respaldan el orden interno

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El jeep entró al Campo de Marte escoltado por los Granaderos de Tarqui. Era el único vehículo en este escenario de ceremonias de la Escuela Militar Eloy Alfaro. Sobre él llegó el presidente Rafael Correa.

El sol pegaba con fuerza en el patio de cemento. El Presidente se cubría los ojos con gafas oscuras. Un poco después de las 11:00, el Himno Nacional dio inicio a la ceremonia militar por los 189 años de la Batalla de Pichincha, que se recordó ayer.

El sonar de las trompetas anunciaba el primer acto: la entrega de un reconocimiento al ministro de Defensa, Javier Ponce.

Los comandantes de las tres ramas de las Fuerzas Armadas entregaron la condecoración en el grado de Gran Cruz.

Con una banda roja y amarilla, cruzada desde su hombro derecho, el Ministro volvió a su puesto. Luego se levantó el jefe del Comando Conjunto de las FF.AA., general Ernesto González, para hablar de la misión del soldado.

En 22 minutos, el máximo jefe militar resaltó que los conceptos y aplicaciones de seguridad y defensa han variado por las “vigentes amenazas” internas: “Delitos transnacionales, la lucha antidrogas, el respeto a los DD.HH.”. Sin embargo, en el discurso no se refirió al operativo militar en las minas de Esmeraldas.

“A las concepciones de defensa externa deben incorporarse las de orden interno con toda su conflictividad (...) Las FF.AA. no puede abstraerse de apoyar al Estado en el control y el mantenimiento del orden interno, en el apoyo a la gestión de riesgo y a entregar nuestro aporte al desarrollo nacional”, sostuvo González.

Los militares que estaban formados en el Campo de Marte y otros que permanecían sentados en las gradas solo lo escuchaban.

González y los oficiales del Ejército lucieron nuevos uniformes. El traje de gala ya no es de color blanco. Ahora es plateado, con cuello rojo y amarillo. De los hombros cuelgan las charreteras, en donde se divisan los grados militares. En las de González lucen las cuatro estrellas que simbolizan ser general de Ejército (máximo rango de la Fuerza Terrestre).

Antes de retirase del podio, el jefe del Comando Conjunto hizo otra aseveración: “(Frente a problemas como el narcotráfico) se hace evidente mantener unas FF.AA. con capacidades conjuntas de carácter disuasivo adecuadamente equipadas, con tropas listas para el empleo”.

El discurso continuó y González dijo que la condecoración al ministro Ponce se da “porque poco a poco se ha interiorizado en el soldado de tierra, mar y aire, hasta conocer de cerca su realidad”.

El funcionario condecorado no intervino en los discursos. Permaneció sentado junto a Correa.

Pasado el mediodía, el sol aún pegaba con fuerza. De entre los asistentes apareció personal de seguridad que rodeó el podio.

Enseguida se acercó el Presidente de la República. 40 minutos frente al micrófono. Leía dos pantallas de un teleprónter.

Allí recordó episodios del 30 de septiembre, cuando se produjo la insubordinación policial. Uno a uno nombró a los uniformados que fallecieron ese día. “Mi homenaje (...) a los soldados Jacinto Cortez y Darwin Panchi caídos en el rescate al compañero Presidente. Al policía del GIR Froilán Jiménez asesinado mientras resguardaba la salida del vehículo presidencial. Y algunos todavía niegan que hubo magnicidio”.

La televisión pública transmitía en vivo el discurso del Jefe de Estado. La cámara y una torre se montaron frente al podio. Correa siguió: “Nuestro cariño a los familiares del policía Edwin Calderón muerto en un absurdo cruce de balas cerca al Regimiento Quito número 2. Hoy nadie es culpable”. Un sorbo de agua tras otro.

“¿Dónde están los que por radio daban las órdenes para matar al Presidente? ¿Dónde están los que en el propio Hospital de la Policía, disfrazados de médicos, hacían mofa del Presidente convaleciente?”, se preguntó Correa.

Los militares permanecieron en silencio. El Presidente terminó su intervención y regresó a su puesto. De pronto, un niño, con gorra y zapatillas, burló a la seguridad, cruzó frente a Correa y todos los invitados. El Jefe de Estado levantó la mano y lo saludó. El sobrevuelo de 11 helicópteros y supertucanos cerraron el evento.

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