17 de July de 2011 00:02

La familia Serrano se siente desprotegida

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0

Es amante del hornado, la fritada y el locro. Nelson Iván Serrano Sáenz nació en Quito hace 73 años, pero antes de cumplir los 19 viajó a Argentina y allí se graduó de ingeniero agrónomo. Volvió a Ecuador cuatro años después, pero viajó otra vez. Un nuevo reto tenía trazado en EE.UU.: hallar trabajo.

Allí se casó con la quiteña María del Carmen Pólit y en ese país nacieron su tres hijos: Francisco, Cristina y Michelle. 47 años después, Serrano continúa en la Florida, pero el escenario ha cambiado. Desde el 2002 está preso en una cárcel de ese Estado.

Lo acusan supuestamente de asesinar a cuatro personas en diciembre de 1997. Y si hasta el próximo 12 de septiembre su defensa no presenta una apelación, la justicia de los Estados Unidos aplicará la pena de muerte.

Alfredo Luna se molesta cuando recuerda que el tiempo pasa y que el Gobierno “no ayuda” en la defensa. Él es sobrino de Serrano.

Sentado en una pequeña oficina en el norte de Quito, la mañana del viernes mostró una carpeta repleta de documentos. Allí están oficios, escritos de abogados y fotos históricas donde el joven Serrano lo carga en sus brazos cuando el sobrino solo tenía dos años.

Luna se queda en silencio al ver las imágenes y dice que su tío era “muy querido y preocupado por todos”. En medio de esos papeles aparece un oficio firmado por Marcia J. Silvers, la abogada estadounidense que envió al país una propuesta donde se plantea la defensa de Serrano. Luna reclama porque “la ministra (de Justicia, Johana) Pesántez dice que no ha recibido (el escrito)”.

Otra crítica viene enseguida: “Que el caso de Nelson Serrano no se utilice políticamente. Antes de la consulta (del 7 de mayo) sacaron un folleto diciendo que iban a dar todo el respaldo y nada de eso ha ocurrido. Nos reunimos con la Ministra y nos dice que está preocupada por el gasto en que se incurrirá para la defensa de mi tío, que ella debe justificar ante la Contraloría y que alguien le garantice que se ganará el juicio”.

La respuesta de Pesántez fue directa: “Es lamentable que la familia del señor Serrano diga una cosa de estas cuando se ha cancelado más de USD 250 000 para la apelación y todo lo que se refiere a traducciones que ascendería casi a USD 100 000 más”.

Y añade que la abogada (que envió la propuesta) presentó una apelación inicial y no la aceptaron. “El Ministerio ha hecho lo que tenía que hacer para ayudar en esto, cumpliendo las recomendaciones de la Comisión Interamericana de DD.HH.”.

El 24 de octubre del 2005, ese organismo internacional admitió la demanda planteada por la familia Serrano y planteó que se cumpla el derecho a la integridad y libertad personal, al debido proceso y a la protección judicial, a la nacionalidad y a la circulación.

La deportación en una jaula

Era la tarde del 31 de agosto del 2002. Nelson Serrano, su esposa y tres amigos almorzaban en un restaurante en el norte de Quito.

Luego de comer, todos salieron por un corredor y en la calle fueron interceptados por dos policías vestidos de civil con chalecos antibalas. Las calles se habían cerrado y 14 agentes más estaban armadas con ametralladoras.

El relato es de dos personas que estaban en ese almuerzo. “A Iván (Nelson Serrano) lo metieron a empujones a la camioneta”, dice una de ellas. El ecuatoriano quedó arrestado por orden del entonces intendente de Policía de Pichincha, Víctor Hugo Olmedo.

Los policías dijeron a los amigos y a la esposa de Serrano que el detenido sería llevado a la Policía y que regresaran en la noche con algo de comer o al siguiente día con el desayuno. Pero en la madrugada -cuentan testigos- lo sacaron de la Policía, lo llevaron al aeropuerto y lo metieron en una jaula en la que tenían a los perros que controlan las maletas.

La siguiente parada era Estados Unidos. En ese país lo buscaban por el supuesto crimen múltiple.

Luna recuerda que él se enteró por teléfono de lo sucedido y ahora dice que todas las presuntas pruebas presentadas en contra de su tío le parecen forzadas. El múltiple crimen se produjo en la Florida, pero ese día -dice el sobrino- el inculpado estaba en Atlanta.

Dos supuestos tiquetes de los aeropuertos de Tampa y Orlando son las pruebas para acusarlo. Estos aparecieron luego de los crímenes y se dijo que se hallaron en una misma caja de zapatos. En las investigaciones se indicó que el cartón fue el único que no se dañó tras la inundación que sufrieran las bodegas de la firma que manejaba el sistema de boletos.

“Encuentran esos tiquetes, pese a que la empresa no los guardaba, pero justo esos estaban allí. Además, dicen que en los boletos hallaron las huellas de la mano derecha, cuando los tiquetes necesariamente se toman con la izquierda”, recrimina Luna.

El regreso a Ecuador

Luego de jubilarse en Estados Unidos, en donde se dedicó a su empresa de sistema de transportación para fábricas, el ecuatoriano decidió retornar a Ecuador.

Pero en Quito apenas pudo permanecer un año y medio, pues luego de ser detenido la tarde de ese sábado los policías lo llevaron de regreso a Estados Unidos.

Cuando residía allí, Serrano acostumbraba venir a Ecuador de visita y gustaba viajar a Otavalo para degustar de sus lagos o se trasladaba a Cuenca.

Sus parientes lo recuerdan como un hombre que disfrutaba de la música nacional y del tango, pues en Argentina estudió la universidad y obtuvo su título.

Desde el arresto las cosas cambiaron para la familia. Hasta ahora calculan que en la defensa jurídica han invertido por lo menos un millón de dólares. Los Serrano Pólit vendieron un departamento en Ecuador, la casa que tenían en la Florida y cerraron la empresa que levantaron en ese Estado.

La esposa de Serrano ahora está en Quito y vive sola. Sus hijos son ciudadanos americanos. Francisco es el mayor de ellos. El jueves pasado estuvo en Quito y allí contó que a finales de abril pasado habló con el entonces ministro de Justicia, José Serrano.

Dice que el funcionario se comprometió a contratar abogados, especialistas en derechos de presos y conseguir una nueva cita con el Gobernador de Florida para conseguir la devolución del ecuatoriano. “Ninguno de estos ofrecimientos se ha cumplido”.

Este Diario intentó hablar con Serrano, quien ahora es ministro del Interior, pero sus asesores indicaron que enviarán documentación que comprueba que sí se contrató un bufete de abogados.

En los archivos de la Secretaría de Justicia aparece un documento del 18 de marzo de este año y en el último párrafo se dice que “el Gobierno ecuatoriano, en cumplimiento a una resolución de la CIDH. cubre los gastos de la defensa del hoy sentenciado”.

Y el ministro Serrano dijo que el ecuatoriano fue ‘secuestrado’.

En otro archivo difundido 11 días después se indica que “el Ministro (Serrano) aprovechará su estancia en Washington para reunirse con Marcia Silvers, abogada contratada por Ecuador, para que represente a Nelson Serrano”.

La ministra Pesántez indica que los abogados fueron contratados y que ese bufete está en EE.UU. “Estamos analizando cuál es la mejor estrategia jurídica”.

La salud deteriorada

La imagen de Nelson Serrano ha cambiado. En una foto tomada en la audiencia en EE.UU. aparece con terno y cabello.

En otra está con la cabeza rapada, la presión terminó por afectar uno de sus ojos y padece un mal que causa mareos y sordera.

Hace dos años, Alfredo Luna lo visitó en la prisión de Florida. Vio a su tío “animado, con carácter firme y confiado de su inocencia”.

Una parte de su defensa se relaciona con su nacionalidad. En una entrevista que el 17 de diciembre del 2006 dio al programa La Televisión, el ex intendente Olmedo se refirió a la deportación y dijo que el detenido “era un ciudadano estadounidense que había perdido su nacionalidad ecuatoriana, que no la recuperó porque nunca hizo un trámite en la Cancillería de Ecuador.

En la página oficial de Serrano aparecen documentos que muestran ser ciudadano ecuatoriano y se explica que el trámite lo hizo en mayo del 2000 ante el Consulado de Miami. Además -se dice- le concedieron el pasaporte previa presentación de la cédula.

Tío y sobrino hablaron en una pequeña sala de la prisión, a la cual se ingresa previa cita. Se sentaron en las sillas y Serrano le contó que estaba convencido que saldrá libre de esta acusación. Ahora esperan presentar la apelación hasta antes del 12 de septiembre.

Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si (2)
No (1)